La aceleración de la tasa de inflación en junio a 3,7% y la expectativa de otro número alto en julio, no impidieron que el Ministerio de Hacienda diera señales claras en esta semana para que se avance de modo sostenido hacia los objetivos de política económica de “acelerar la baja del déficit fiscal y también de la cuenta corriente” de la balanza de pagos, para cambiar las expectativas, reducir la suba de los precios al consumidor y cumplir con la meta de aumentar las reservas de divisas en el Banco Central.

Después de un julio donde por primera vez en mucho tiempo el tipo de cambio no sólo dejó de subir, sino que bajó luego de la brusca trepada entre el 25 de abril y el 14 de junio; desde fines de julio y primer día de agosto se dieron señales claras que parecerían ir en la dirección correcta de no buscar atajos para lograr dichos objetivos.

Hacienda dio señales claras que parecerían ir en la dirección correcta de no buscar atajos para lograr los objetivos de estabilización macroeconómica comprometidos con el FMI

En primer lugar se ratificó el rumbo de no interrumpir el sendero de reducción gradual de las retenciones a las exportaciones del complejo sojero.

Luego se anunciaron aumentos escalonados en las tarifas del transporte de servicio público de pasajeros, con un rango final de 30 a más de 60%, porque ya no hay más margen para incrementar la cuenta de los subsidios, en particular a los sectores que no requieren de una asistencia social, que siguen explicando una porción relevante del déficit de las finanzas públicas. Su impacto sobre muchos bolsillos será relevante, aunque no tanto sobre los índices de precios.

Luego se instrumentó un nuevo ajuste de las tarifas de luz en el Área Metropolitana de Buenos Aires a partir de 1 de agosto, entre 20% y 28%, con un pequeño grupo de altos consumo y bajos ingresos cubierto por la Tarifa Social que no acusarán incrementos en sus facturas que ya suman entre $1.500 y $4.500 por mes, para poder bajar la cuota de los subsidios a las empresas; al tiempo que se eliminó el beneficio del 20% que gozaban inexplicablemente grandes empresas del sector bancario, comercial, desarrollos inmobiliarios y casinos.

También se dio un paso fiscal relevante en el recorte del gasto no social del Estado nacional al disminuir el precio garantizado del gas para las empresas generadoras de energía eléctrica que forman parte del Programa Gas Plus, por el cambio del escenario internacional, el aumento de la oferta doméstica del fluida y la perspectiva de mayor competencia. Esta medida, se estimó en el Gobierno contribuirá a construir un sendero descendente de los próximos ajustes de tarifas de gas y luz domiciliario.

Y desde el inicio de agosto Hacienda anunció que comenzará a recortar la intervención vendedora en el mercado cambiario, con el doble objetivo de que sea el juego de la oferta y demanda de empresas y particulares el que determine el rumbo de la paridad entre el peso y el dólar, y que se retome la senda del crecimiento de las reservas en divisas de la autoridad monetaria.

Habría un doble objetivo: que sea el juego de la oferta y demanda de empresas y particulares el que determine el rumbo de la paridad entre el peso y el dólar, y que se retome la senda del crecimiento de las reservas en divisas

Competitividad de las exportaciones

No hay duda de que en una economía que artificialmente caminaba hacia una tasa de inflación de dos dígitos bajo, menos del 20%, y que desde la corrida cambiaria se sinceró a un rango del 30% o poco más al año, las variables nominales tienden a moverse en esa banda, porque nadie quiere perder posiciones relativas, ni los asalariados, ni los exportadores, ni tampoco la recaudación tributaria.

Sólo la preocupación de gran parte de la dirigencia política que mira el corto plazo, la próxima elección, sea legislativa o presidencial, ha llevado a que recurrentemente se apelen a atajos para “desinflacionar” la economía, principalmente a través de cepos y controles de cambio, para atrasar la paridad que incentiva la compra para consumo y desalienta la oferta por parte del sector productivo y los inversores de largo plazo; y más recientemente el remate diario de las reservas del Banco Central. Pese a que los resultados negativos no se demoran en aparecer y provocan “la tormenta” y la “corrección a las malas”.

Sólo la preocupación de gran parte de la dirigencia política que mira el corto plazo, la próxima elección, sea legislativa o presidencial, ha llevado a que recurrentemente se apelen a atajos para “desinflacionar” la economía

Composición de las tenencias de dólares del BCRA:

* Poco más de 1 de cada 5 dólares son del sector privado que están depositados en sus cuentas bancarias;

* Otro tanto son de entidades financieras locales y del Banco de China que le dieron un canje por bonos para apuntalar la hoja de balance; 1 de cada 8 los aportó el Fondo Monetario para regular el mercado de cambios (USD 7.500 millones de los USD 15.000 millones de la primera cuota).

* Tenencias del Tesoro, por las colocaciones anticipadas de deuda pública para cumplir con el Programa financiero del año, entre los que están los restantes USD 7.500 millones del Fondo;

* La porción casi “intocable” de la posición en oro, por unos USD 2.400 millones.

* Las divisas propias del BCRA, excluido el equivalente en oro, serían de apenas USD 22.000 millones.

Sin muchas opciones

De ahí que ya no hay casi margen para volver atrás.

El tipo de cambio en torno a $28 parece más cercano al adecuado que los $20 de fines de marzo para volver a recuperar el superávit de la balanza comercial, necesario para  pagar la cuenta financiera

El tipo de cambio en torno a $28 real parece más cercano al adecuado que los $20 de fines de marzo para volver a recuperar el superávit de la balanza comercial, necesario para  pagar la cuenta financiera de los servicios de la deuda externa, apuntalar de modo genuino las reservas del Banco Central, y posibilitar un flujo más equilibrado entre las salidas y entradas por parte del turismo y la formación de activos externos por parte de residentes, pero también internos de los extranjeros que ven potencialidad de crecimiento en el país.

Mientras que la inflación se mantenga en el rango de 2% a 3% por mensual no debiera inquietar que el tipo de cambio suba y baje en torno a esa banda.

Pero si una vez más el equipo económico, en particular del Banco Central, se enamora de la estabilidad cambiaria, o incluso de la apreciación del peso a través de tasas de interés que para las pymes y las familias que se financian con la tarjeta de crédito duplican a la tasa esperada de inflación, sólo cabrá esperar la llegada de nuevas tormentas: más inflación, más recesión y por tanto más pobreza, y no se le podrá echar la culpa al Fondo.

Las últimas medidas parecerían indicar que no se quiere volver por ese camino.



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