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Cada día creamos nuestra realidad mediante pensamientos, palabras y actos. La vida nos puede presentar problemas, y en esas instancias, lo único que podemos controlar es la actitud con la que los enfrentamos. Poner el foco en nosotros mismos brinda mayor control sobre el desarrollo de los acontecimientos. Pasamos de ser víctimas a ser protagonistas y así empezamos el cambio de adentro hacia afuera.

Por eso, en esta temporada de balances, que es cuando la mayoría de las personas hace listas eternas con las intenciones para el año que comienza (y sólo menos del 10 por ciento logra cumplirlas), te proponemos hacer una lista de “no intenciones”.

¿Cómo sería? Adoptar una actitud general de confianza, de que tendremos un año en el que superaremos cada uno de los desafíos y conflictos con la mayor armonía posible.

“El filósofo griego Epicteto decía que lo importante no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas ante ello. Y este pensamiento lo que muestra es la importancia de una actitud positiva en nuestras acciones cotidianas como una de las claves primordiales que nos permitirá atravesar problemas, dificultades o situaciones complejas. Porque si hay un enemigo, se encuentra en nuestra cabeza”, asegura Manuel Montaner, coach ontológico profesional y director de la carrera de Relaciones Públicas de la Universidad del Salvador.

Para el especialista, durante años hemos asimilado los juicios que los demás tienen de nosotros, pensando que eso que nos decían era la verdad, sin distinguir qué verdaderas o falsas son las afirmaciones –los hechos- que pertenecen al mundo descriptivo, es decir, lo que miramos de la realidad (como, por ejemplo: “estudio periodismo”, “tengo 35 años”, “está lloviendo”, etcétera).

En cambio, los juicios hablan de las opiniones que tenemos sobre algo o alguien (“es una inútil”, “los hombres no lloran”, “es imposible de hacer”) y dependen de los observadores que estamos siendo en ese momento.

“El tema crucial es que se han empleado estos vocablos –hechos y juicios- como sinónimos generando confusión y sufrimiento, porque muchos no conocen la diferencia y han llegado a creer que los juicios son la verdad. Error. Cuando nos damos cuenta de esto, es que podemos diseñar nuevas acciones para un futuro diferente, trascendente, poderoso”, alienta Montaner.

“Cada año me propongo tomarme las cosas con calma, no discutir y resolver siempre lo mejor posible, pero a los pocos días algo me saca de las casillas y me olvido de mis intenciones, y desde ahí ya arranco el año cruzada”, reconoce Ayelén, estudiante de Derecho.
Analía, una empleada administrativa de 40 años, jura que desde que cambió su actitud todo fue fluyendo: “No soy un remanso tampoco, pero empecé a buscarle el lado positivo a todo lo que me pasaba, sin utopías, simplemente con la intención de solucionarlo en vez de enroscarme una semana en cada asunto. Ser positiva me volvió más resolutiva, y si bien no me dejaron de pasar cosas malas, ahora cuando algo sucede, resuelvo y sigo”.

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¿Cómo lograrlo? Modificando algunos hábitos y pensamientos.

Tomá nota
No es tan simple programar la mente en positivo porque, sin dudas, surgirán conflictos, problemas y dilemas que harán peligrar esta buena intención. Pero, justamente, para atravesar los tiempos difíciles necesitamos algunas herramientas que nos ayuden a crear una estrategia que podrá acercarnos a nuestros sueños.
Estas son las recomendaciones del coach:
1- Tomar consciencia de nuestra propia responsabilidad, de que lo que estamos viviendo ahora es lo que sembramos ayer. Vivir en el presente nos empodera y nos permite enfocarnos en lo esencial.
2- Usar palabras y pensamientos positivos: para el Dalai Lama, “si la mente está ocupada con pensamientos positivos es más difícil que el cuerpo se enferme”.
3- Trabajar el perdón como ejercicio permanente: es esencialmente para nuestro bienestar y para soltar cualquier tipo de cargas negativas como el rencor o los resentimientos.
4- Aceptar e incluir: mirarnos desde la incompletud, la imperfección y el error para capitalizarlos como maestros del aprendizaje.
5- Practicar el agradecimiento: produce conexión profunda con el legítimo otro y contribuye a una mirada positiva y más apreciativa de la vida.
6- Preparar metas alcanzables en el tiempo: generan automotivación para ir por logros mayores.
7- Hacer meditación lo más frecuente posible: ayuda a serenar la mente y a abrir el corazón, predisponiendo para accionar en forma efectiva.
8- Reservar un tiempo para la lectura: permite ampliar nuestra mirada personal, profesional y espiritual.
9- Dar es darse: hacer cosas por los más necesitados, el servicio es la forma más poderosa del amor y permite la apertura y el crecimiento interior; además, es un bálsamo para los tiempos difíciles o de prueba.
10- Construir contextos positivos y rodearse de personas que tengan miradas similares que trasciendan la victimización, de superación y de posibilidad.
11- Por último, en una sociedad que transitó pendularmente desde de la culpa pasando por la narrativa del sacrificio hasta al positivismo extremo es primordial practicar el liderazgo emocional. A la mirada completa de nosotros mismos se llega reconociendo, integrando y gestionando las emociones, y no tapándolas. El liderazgo emocional nos permitirá atravesar el enojo, la tristeza, el desánimo y la baja tolerancia a la frustración que muchas veces se presentan en nuestros contextos cotidianos.
Por supuesto que esta no es una lista inmodificable, podemos complementar lo aquí expresado con aquello que tenga que ver más con cada uno de nosotros y se adecue a lo que queremos alcanzar. Montaner aconseja: “Háganlo en cuanto puedan, la acción genera ser. Y aunque todo pasa, tanto lo malo como lo bueno, lo único que no se repone es el tiempo”.

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