1- Mujeres y poder, de Mary Beard (Crítica)

Amé este pequeño libro, que reúne dos conferencias dictadas por la gran historiadora británica, una de las voces más autorizadas para hablar sobre la antigüedad en Occidente, y en las que se ocupa, con ejemplos claros y una prosa severa y aguda,  del modo en que la voz de la mujer fue acallada a lo largo del tiempo, en un amplio arco que va desde Homero hasta nuestros días.

Beard pasa revista al silenciamiento compulsivo de las mujeres que puede leerse ya en el primer canto de La Odisea, cuando Telémaco, al hacerse cargo del hogar ante la ausencia de Ulises, su padre, manda a su madre Penélope adentro de la casa (“Ocúpate de tus labores propias, del telar y la rueca… El relato estará al cuidado de los hombres y sobre todo al mío”) y sus estertores en la actualidad, con los despiadados ejércitos de energúmenos (y energúmenas, sí, porque aún hay mujeres que creen que solo los hombres tienen autoridad para hablar de la cosa pública) que desde las sombras de Twitter agreden, amenazan e insultan a las mujeres que se lanzan a la esfera pública, ya sea para ejercer el poder o simplemente para divulgar un discurso propio sobre la política, la economía, la sociedad o el arte.

Recomendable para todos, pero especialmente para aquellos y aquellas que todavía piensan que los reclamos de las mujeres, que este año se hicieron sentir como nunca antes en la Historia, son exagerados, improcedentes o frívolos. Hinde Pomeraniec

2. Los muchachos peronistas árabes, de Raanan Rein y Ariel Noyjovich (Sudamericana)

Los muchachos peronistas árabes completa un título anterior de este mismo autor, Los muchachos peronistas judíos. Lo elijo como mi libro del año porque, mientras los argentinos estamos concentrados en aquello que nos separa o, en una lectura binaria de la realidad, en acusar al adversario de todos nuestros males, cerrando así la puerta a cualquier diálogo, este historiador israelí, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, no sólo está rellenando huecos de nuestra historiografía con éstos y otros trabajos, sino que nos da un ejemplo al rescatar el modelo de “la Argentina multicultural y multirreligiosa” que además valora especialmente, dice, en momentos en que en el mundo resurgen la “exclusión”, la “xenofobia” y el “rechazo de inmigrantes”. Claudia Peiró

3. El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (DeBolsillo, reedición)

Acepto bajo protesto esta diabólica propuesta (¿cómo un libro nada más?). En el año maravilloso del feminismo, pienso en Joyce Carol Oates y sus mártires americanos, Claudia Piñeiro y Quién no, Kentukis de Samanta Schweblin, la republicación de cuentos de Liliana Heker y Marguerite Yourcenar (sublime). Pero me quedo con la reedición 2018 de El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Porque es irrepetible y porque con ella se explica toda esta bienvenida revolución desde casi 50 años de sabiduría. Luis Novaresio

4- El ciclo de la ilusión y el desencanto. Políticas económicas argentinas de 1880 a nuestros días, de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach (Crítica, reedición)

Publicado inicialmente en 1998, este año llegó a las librerías en una nueva edición corregida y aumentada que incluyó la ilusión y el desencanto kirchnerista. Escrito por dos protagonistas de ilusiones y desencantos pasados y actuales -Gerchunoff fue funcionario durante el gobierno de Alfonsín mientras que Llach secundó a Federico Sturzenegger en el Banco Central-, el libro es accesible a cualquier adulto no especialista y constantemente invita a perderse en su lectura: me sorprendí más de una vez volviendo la mirada a sus páginas después de haberme quedado pensando en una comparación con la actualidad o recordando episodios de nuestra historia que creía olvidados. Se trata de un manual de historia económica de una prosa lacónica, que evita las jergas, y explica de modo bastante sencillo los fenómenos, teorías y debates que durante más de un siglo parecen volver una y otra vez a oprimir como una pesadilla el cerebro de los argentinos. Juan Robledo

5- El hijo judío, de Daniel Guebel (Literatura Random House)

La obstinación de Daniel Guebel por la literatura, la droga que consume para vivir, puede resumirse en un pregunta que se hizo en El hijo judío, su última novela. “¿Estoy escribiendo literatura de denuncia por el maltrato que recibí en la niñez, o literatura de autodenuncia para demostrar lo bien que acepté las enseñanzas recibidas, al punto de que ahora solo puedo tener la peor opinión de mí mismo?”. Él no tiene la respuesta, claro, ni tampoco los lectores de sus más de 20 libros publicados entre novelas, cuentos y obras de teatro. Todos distintos, desafiantes, desbordantes de absurdos e hiperrealismos, que bailan entre lecturas de Lenin y Roberto Arlt, Franz Kafka y Héctor Libertella, sobre mitos fundantes y la vida que -simplemente, apenas- carece de sentido. Hace pocos días recibió el Premio Nacional de Novela por El Absoluto, que publicó el año pasado, después de siete años de escritura. El hijo judío, lanzada este año, es una reflexión descarnada sobre la posibilidad de los vínculos y también una autobiografía de sus recuerdos de niñez en una familia que no lo contenía pero que le dio la plataforma de su arte excepcional. Silvia Mercado

6- El niño filósofo, de Jordi Nomen (Editorial Arpa)
Jordi Nomen es un filófoso español de esos que invita con fundamento y convicción a los niños del mundo a pensar “fuera de la caja”. Le gusta repetir en sus entrevistas un latiguillo que lo define cabalmente: “Los niños deben ser críticos para que no se conformen sólo con lo que ven”. Por eso lo elijo -al autor y al libro-, porque provoca a las nuevas generaciones con inteligencia a repensarse con sentido punzante sobre una realidad veloz y efímera que los circunda.

Nomen es profesor de filosofía y Ciencias Sociales de la Escuela de Sadako en Barcelona, considerada en la actualidad como uno de los centros más innovadores de la educación mundial. Desarrolló de manera sencilla y práctica el concepto de la inteligencia filosófica, una herramienta potente para que los más pequeños tanto en casa como en la escuela aprendan a pensar por sí mismos.  Y este enfoque definitivamente será el vector fundacional de una sociedad más heterogéna, diversa, y pensante. Daniela Blanco

 

7- Cuentos, de Isaac Bashevis Singer (Lumen, reedición)

En el año 1978, la Academia Sueca tomó la audaz decisión de concederle el premio Nobel de Literatura a un hombre que escribía en una lengua que no existía o que, por lo menos, languidecía. La lengua era el yiddish, que era la que hablaban los judíos de Europa, entre ellos los abuelos de la inmensa mayoría de los judíos que viven hoy en el país. Hubo una época que en la Argentina se publicaban diarios en yiddish, y todavía existen bibliotecas con volúmenes en ese idioma. Algunas siglas, como la del teatro IFT, provienen de términos en yiddish, y algunas expresiones del lunfardo, como la palabra “tujes”, surgen de esa allí. Pero el yiddish fue muriendo. La mayoría de los judíos del mundo hablan el idioma de los países donde se integraron, no el de sus abuelos. Y en las escuelas judías de la diáspora se enseña el hebreo, que es el idioma del estado de Israel, de un sonido mucho más rústico y menos tierno.

El hombre que ganó el Nobel por escribir en un idioma languideciente se llama Isaac Bashevis Singer. Y en los últimos meses se distribuyó en Buenos Aires una edición kilométrica con sus cuentos completos. Bashevis Singer es un narrador de las últimas décadas de vida judía en Europa oriental, de la inmigración a América, del sufrimiento de los judíos que sobrevivieron al Holocausto, pero todo eso no dice nada del libro mágico que, por pura casualidad, encontré en una librería una tarde de septiembre. Porque ese libro es una inesperada aplicación del realismo mágico a la aventura judía del siglo XX: por momentos, es como si el autor se hubiera puesto a escribir lo que Marc Chagall pintaba.

En los sucesivos cuentos aparecen historias llamativas, como la del rabino que fantaseaba con que su mujer tuviera sexo con otro hombre, y lo lograba; o la de la niña que, para que le permitieran estudiar los textos sagrados, se disfrazaba de hombre y así exploraba su identidad trans, sin saber lo que era eso; o la del hombre solitario que cada noche entraba disimuladamente en la oscuridad del cuarto de su amada, y ella lo recibía sin querer conocer su nombre ni su rostro, o la conmovedora historia del zapatero al que sus hijos, también zapateros, abandonan para irse a América, donde él finalmente llega, a su pesar.

Cuando Bashevis Singer fue elegido premio Nobel fue una alegría para los judíos que amaban el yiddish. Yo traté de leerlo pero no entendí por qué era tan importante. Por suerte, algunas cosas llegan en la vida. Ernesto Tenembaum

8- 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Harari (Debate)

En la misma línea que sus anteriores best sellers, Sapiens (De animales a dioses, acá) y Homo Deus, 21 lecciones para el siglo XXI, el libro que el historiador israelí Yuval Harari publicó este año, es un viaje al futuro, pero con una mirada certera y desafiante sobre los temas de la agenda global de estos días. Desde el impacto de la tecnología y las dudas que genera en nuestras vidas (fake news, blockchain y siguen las firmas) hasta el dilema de qué es y qué no es relevante en días en tiempos en los que la inteligencia artificial nos amenaza (¿nos amenaza?). Antes, dice, nos rebelábamos contra opresión, ahora nos morimos si perdemos relevancia. “Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación”, concluye. Sólo una muestra de los desafíos que Harari plantea para inmediatamente después zambullirse a desentrañarlos. Sebastián Catalano

9- Enero y Los oficios, de Sara Gallardo (Fiordo y Editorial Excursiones, reediciones)

A 30 años de la muerte de Sara Gallardo llegaron a las librerías dos obras que muestran su versatilidad, su elegancia y la imposibilidad de ponerle cualquier tipo de rótulo a una autora esencial y a la vez misteriosa. Se trata de un merecido homenaje y una excusa ideal para entrar en contacto con una de las escritoras más importantes del siglo XX en un país que durante mucho tiempo la tuvo olvidada. Por un lado, volvió a editarse en la Argentina su primer libro, Enero (Fiordo Editorial, 2018), y, por el otro, apareció un compilado de algunos de sus textos periodísticos bajo el título de Los oficios (Editorial Excursiones, 2018). Una especie de “tapada” para muchos, Gallardo en 1958 sorprendió al mundo editorial cuando salió su primera novela, protagonizada por una adolescente llamada Nefer que vive y trabaja junto a su familia en una estancia. Como una suerte de relato de iniciación situado en el campo argentino, el texto acompaña los días de la joven, que quedó embarazada luego de una violación. Leer Enero hoy es encontrarse con un libro de una vigencia asombrosa (la violencia contra las mujeres y la posibilidad del aborto se vislumbran al recorrer las páginas), en el que Sara Gallardo retrata la angustia de Nefer, la culpa que siente y su desamparo. En Los oficios se puede ver otra faceta de la escritora, que también trabajó muchos años como periodista para Confirmado, La Nación, Claudia y Atlántida. Como había ocurrido con su anterior volumen de textos periodísticos, Macaneos. Las columnas de Confirmado 1967-1972 (Ediciones Winograd, 2016), son notables la diversidad de temas y de géneros -de la crónica a la entrevista, del perfil a la columna en primerísima persona o bajo un seudónimo- y la vitalidad de una autora que no deja de sorprender. En Los oficios hay viajes, observaciones agudas sobre cuestiones domésticas, críticas cinematográficas, elogios a algunas prendas de vestir. Por suerte, para Sara Gallardo no parece haber temas grandes o temas pequeños y sí puro pulso para escribir sin solemnidad y, sobre todo, sin perder el humor. Agustina Larrea

10- Mister Miracle, por Tom King y Mitch Gerads (DC Comics)

El comic también triunfa cuando puede hablar de lo absolutamente humano. Amaba a Mister Miracle de chico, el alter ego de Scott Free, ex miembro de la Liga de la Justicia de DC Comics y el escapista más hábil del universo. Lo leía en las viejas ediciones de Perfil de la Liga a mediados de los 90s y era pícaro, hilarante, para colmo un personaje salido de Apokalips, un planeta que es una especie de infierno wagneriano de anti-vida. Para colmo, Mister Miracle era hijo adoptivo de Darkseid, regente de Apokolips, el mal ontológico en el catálogo de DC Comics.

King y Gerads, a través de doce números en donde Mister Miracle y su pareja, Big Barda, tienen un hijo que se convierte en la ofrenda de paz para frenar una guerra cósmica cruel y cargada de tormentos, explotaron al personaje a través de su propio mito con una forma pop de narrar y desplazar el tiempo que netamente contemporánea. Hay frescura, humor, sangre, violencia, insultos, quizás el mejor sarcasmo en los últimos diez años de historieta y un sentido profundísimo de lo que es ser un hombre atravesado por la naturaleza de ser un superhéroe. No existe esa gravedad vengativa que tiene Batman, ese sentido de la alteridad que tiene Superman. Un número entero puede ser leído en minutos. Creo voy a leerlo todo de vuelta una vez más. Federico Fahsbender

11- Egotrip, de Germán Maggiori (Edhasa)

Nunca había leído ni oído nada de Germán Maggiori. Mi amigo Bruno, casi mi hermano, me regaló a comienzo de año su última novela, Egotrip. Leí sus primeras páginas y no la pude soltar hasta el final: Edgardo Caprano es un pobre tipo que desayuna cada mañana un vaso de soda, un ibupirac y un biletán forte. Sobrevive como puede su vida gris de conurbano. Tironea por la tenencia de su hija con su ex, que se ha volcado al fisicoculturismo con su nuevo novio. Sufre los viajes sudorosos, recargados de perfumes y tinturas baratos en el Roca para llegar a su trabajo en una prepaga, el infierno mismo: es el último encargado de negar los tratamientos costosos a los afiliados que reclaman. Un día, todo cambia. Pastillas, una estafa, una traición y una huida. La novela se transforma en un road trip delirante en que se mezclan alcohol, drogas, sangre, fogones, vagabundos, chamanes y una viejita nazi con Alzheimer que espera al final del camino en Bariloche. Brutal, descarnada, divertida, por momentos todo parece una película de los hermanos Coen atravesada por un cuento de Fontanarrosa.

Datos curiosos: Maggiori vive de su profesión de odontólogo y publica cada tanto sus escritos. Esta es su tercera novela. Se publicó algunos meses antes de que se conociera el detallado reporte de la corrupción kirchnerista realizada por el chofer Oscar Centeno. Maggiori cuenta en su libro -poco importa si es cierto- que la historia se la envió un día el propio Caprano, un viejo conocido que no veía desde los 90, en una caja que contenía… once cuadernos Gloria. Leonardo Mindez

12- “Los dueños de internet”, de Natalia Zuazo (Debate)

Mi libro favorito de 2018 es “Los dueños de internet” de Natalia Zuazo. En el texto la autora analiza en rol que tienen los gigantes tecnológicos en la economía, la educación y la política. Profundiza en el mercado de datos y sus consecuencias en la sociedad actual. ¿Quién controla la información? ¿Qué criterio se tiene en cuenta a la hora de distribuir contenido en la web y en las redes sociales?

Si una serie de algoritmos son los encargados de filtrar lo que vemos o deciden quién es apto para recibir un crédito o recompensa, ¿no se debería considerar la dimensión ética del asunto? ¿Quiénes son los que están detrás de esas fórmulas matemáticas? El libro hace un análisis de la situación actual y deja en evidencia que a veces esos algoritmos no son tan neutros ni precisos como se cree. Habla de la necesidad de humanizar esas fórmulas, y de “politizar” la tecnología para lograr una distribución más justa y equitativa de los beneficios que llegan de la mano de la cuarta revolución industrial. Desiree Jaimovich

13- Componer las palabras, de Pablo Gianera (El Gourmet Musical)

Un libro que invita a interpretar cómo la palabra en su materialidad puramente fonética puede ser tratada como una nota musical. Erudito pero cercano e íntimo, Gianera trabaja sobre el límite difuso que los románticos encontraban entre poesía, filosofía y música, casi como instancias parecidas en donde las tres tratan de decir algo que pertenece al orden de lo indecible. Patricio Zunini

14- Ultraluminous, de Katherine Faw (MCD)

Ultraluminous, de la escritora norteamericana Katherine Faw, fue el primer libro que leí en el 2018 (lo empecé y terminé el 1 de enero de 2018; ninguna hazaña igual, es una novela bastante breve) y sin embargo es el que más fresco tengo en mi memoria pese a los doce meses de distancia. Suerte de anti-thriller erótico, cuenta la historia (es un decir, su vigor narrativo es deliberadamente nulo) de una joven prostituta de lujo en Manhattan, sus múltiples encuentros con sus clientes, sus compras, vicios varios, todo usando el mismo lenguaje “lacónico” y “aletargado” y presentado como una serie de viñetas donde un aberrante acto sexual tiene el mismo peso dramático que una conversación al paso en la fila de un supermercado.

Las comparaciones obvias son las primeras novelas de Bret Easton Ellis (amoralidad + materialismo vacuo) pero también la ultra negra película de Paul Verhoeven Elle, donde la violencia (sexual, pero también verbal y psicólogica) era reformulada como el ultimate kink de la clase sofisticada.  ¿Otra historia sobre la “deshumanización del capitalismo” utilizando el sexo como metáfora? Tal vez, pero el mensaje (empujado por la elegancia perversa y cáustica a más no poder de Faw) no deja de tener menos resonancia por ser tan viejo como las opresivas desigualdades sistémicas que denuncia. Rodrigo Duarte

 15- En Corea del Norte. Viaje a la última dinastía comunista, de Florencia Grieco (Debate)

La fantasía de vivir una vida itinerante viene muchas veces pegada a la fantasía de conocer el mundo a través de otros ojos. El libro de Florencia Grieco cumple en hacer realidad, al menos, la segunda. Esta crónica generosamente fotografiada abre las puertas de la hermética Corea del Norte, el país cuyos líderes salidos de una mala película de acción y sus costumbres desconocidas llenaron las portadas de los diarios en los últimos años en una mezcla de fascinación y temor, y nos hace sentir que estamos ahí mismo entre las estatuas de bronce, las granjas y las calles vacías. Y por eso es mi libro del 2018. Germán Padinger

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