Aerolíneas Argentinas ha decidido suspender a 376 empleados luego de soportar que diversas decisiones gremiales afectaran a decenas de miles de pasajeros en las últimas semanas. La medida no parece contribuir a la paz de la empresa con los sindicatos, pero no quedan dudas que una parte importante de la ciudadanía, y sobre todo de los usuarios de líneas aéreas, reclaman desde hace tiempo que el Gobierno tome medidas que defiendan a los pasajeros y resguarde los recursos que el Estado destina para que la compañía de bandera siga volando.

Todo indica que estamos ante un cambio de actitud ante los reclamos sindicales y, tal vez, una revisión total de la política gubernamental respecto de la denominada “línea de bandera”.

La Administración Macri tuvo tres gestiones en Aerolíneas/Austral: la primera, a cargo de Isela Constantini, la segunda de Mario Dell´Acqua y la actual a cargo de Luis Malvido. Muy sucintamente veamos cómo fueron esos gerenciamientos. En la primera gestión, en pleno apogeo del gradualismo, Constantini comenzó con el ordenamiento de una empresa desquiciada que perdía 900 millones de dólares anuales e iba camino a los mil. La ejecutiva racionalizó gastos, eliminó excentricidades y renegoció contratos, lo que sumado al mero orden administrativo permitió llevar el rojo de las cuentas a unos 400 millones de dólares, según cifras oficiales. Esta gestión también logró la paz gremial al ceder en la práctica a las exigencias sindicales. La gestión Constantini terminó casi abruptamente. Algunos señalan que el Gobierno deseaba mayor firmeza y un ajuste más importante, y también que la ejecutiva no habría estado de acuerdo con la apertura del mercado aerocomercial.

En la era de Mario Dell’Aqua, se apuntó a transformar la empresa con una nueva estrategia comercial para reducir el rojo en alrededor de 300 millones de dólares. Se normalizaron los balances con la presentación de dos que nunca se presentaron en los últimos años kirchneristas (cuestionados por los auditores) y se regularizó la situación de la empresa conforme a la ley. Con Dell’Aqua se mantuvo conformes a los gremios. La salida del funcionario también fue sorpresiva; incluso algunos han sugerido que el ejecutivo, con décadas de experiencia en empresas de magnitud, habría considerado que la inviabilidad de la compañía era insuperable en el marco de las posibilidades del país.

Con Luis Malvido, devaluación y aumento considerable de los combustibles a nivel global por medio, la aerolínea amplió su déficit. Ya no sería posible perder menos de 100 millones de dólares como había sido el propósito gubernamental, sino que se estaría más que duplicando el déficit previsto. Pero las directivas se habrían mantenido, por lo que se busca hacer recortes y racionalizar las operaciones. En ese contexto, e ingresando en un año electoral, los gremios comenzaron a impacientarse, exigen un ajuste salarial, un cambio en la política aerocomercial y se niegan a cualquier reducción de los privilegios tanto los antiguos como los logrados durante el anterior gobierno.

Las negociaciones se encontrarían estancadas desde hace algún tiempo. El sector gremial se opone a prácticamente todo. Se resiste a cambiar hoteles en las postas, a modificar remuneraciones extraordinarias, a eliminar rutas que no reditúan, a perder los pasajes gratis para empleados y familiares, a dejar que se expandan las aerolíneas privadas, se cuestiona todo.

En medio de estas discusiones surgen raras decisiones comerciales desde los más altos niveles de la empresa. Se intenta cambiar la flota de Embraer 190, un avión que explotan muy bien compañías de todo el mundo, se lanzan promociones de pasajes a precios increíbles, se duplican las recompensas de los programas de viajero frecuente y hasta se compran 26 “escaleras sustentables” a un costo de USD 70.000 cada una y se comprarían 63 más. La operación ha dejado boquiabiertos a más de un experto en administración de líneas aéreas. Éstos son sólo algunos datos que desorientan, habría más.

El choque entre los gremios y el Gobierno era de esperarse, pero no se puede discernir cuál es la política de la Administración Macri hacia Aerolíneas Argentinas y Austral (ni tampoco la mentada “Revolución de los aviones”). Tal vez estemos llegando a un punto de inflexión. Seguramente las medidas de fuerza se multiplicarán y profundizarán.

Algunos señalan que el Gobierno cuenta con encuestas que registran un aumento del fastidio público por las actitudes gremiales de los aeronáuticos (y también del sindicalismo en otros rubros). La situación es delicada, casi todas las aerolíneas están operando a pérdida en la Argentina, pero no todas tienen más de 160 empleados por avión y una situación laboral tan relajada como las de la empresa estatal. El final está abierto y ciertamente no se lo ve muy cerca. En un clima de tanto sacrificio para el contribuyente, exhibir privilegios puede ser decisivo, pero no mostrar una política consistente, también.

*Luis Alberto Franco es licenciado en Ciencias Políticas, master en Economía y Ciencias Políticas, piloto profesional y director de la revista y portal Aeromarket.



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