La carne producida de manera artificial en un laboratorio aún no está a la venta, pero se trata de un asunto que ya es tomado en cuenta por científicos y por empresas.

De acuerdo con información de la BBC,  científicos británicos de la Universidad de Bath (Inglaterra) se pusieron como misión producir carne cultivada en laboratorio, mientras que la empresa estadounidense Just aseguró que sus nuggets de pollo, elaborados a base de células extraídas de la pluma de pollo vivo, pronto estarán en los restaurantes.

¿Cómo cambiará esto la manera en que nos alimentamos? Pues ningún animal tendrá que ser sacrificado.

Por ejemplo, si se desea producir carne de cerdo, entonces se toma una muestra de tejido, se aíslan las células madre para cultivar otras nuevas y se ponen en un biorreactor. De esa manera se expanden de forma masiva, explicó Nick Shorten, estudiante de posgrado de la  Universidad de Aberystwyth, en Gales.

“Así el cerdo todavía está vivo y feliz, a la vez que puedes conseguir mucho tocino”.

La doctora Marianne Ellis, ingeniera química de la Universidad de Bath, ve a la carne de laboratorio como “fuente de proteína alternativa para alimentar al mundo”, aunque aún falta mucho para imitar el sabor y la textura de la carne.

En julio del año pasado se supo que el gigante farmacéutico alemán, Merck, y el consorcio suizo Bell Food Group invirtieron casi USD 9 millones en una compañía holandesa, Mosa Meat, que ve el futuro en la producción de carne artificial.

También las empresas estadounidenses Tyson Foods y Cargill Inc., además del cofundador de Google Sergey Brin, invierten ya en el cultivo y desarrollo de células de ganado vacuno, porcino o de otro tipo, en enormes biorreactores capaces de hacerlas crecer hasta niveles de aprovechamiento industrial.

Por ahora, los expertos de Bath hacen crecer células de roedores en estructuras de hierba a manera de andamio, precisamente para “alimentar” a las células.

Carnicería en Francia (Reuters)
Carnicería en Francia (Reuters)

La idea es que el producto final tenga tejido muscular puro y carne magra, por lo que tendrán que añadirse células de grasa y conectivas, para darle sabor.

Mientras que una carne producida en laboratorio, sin que haya animales sacrificados de por medio, puede ser atractiva para los defensores de los animales y quienes están preocupados por los problemas ambientales relacionados con la producción ganadera, falta saber si la gente querrá comerla o no.

Una encuesta en Reino Unido reveló que 40% no la comería, contra 20% que sí y el resto, indeciso. El precio, el sabor y la seguridad tendrán que llenar las expectativas de las personas para que el producto se consuma.

Además, no se espera que la carne cultivada esté en venta a gran escala en los próximos cinco años.

Aunque producir carne artificial implica el uso de menos agua y tierra, así como menores emisiones de dióxido de carbono y evitar el sufrimiento de millones de animales, quizás su principal reto sea terminar con la falacia de que las cosas naturales son buenas y todas las antinaturales son malas.



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