Hacia finales de agosto se cumplirán 400 años de la llegada de los primeros esclavos a las colonias británicas que luego formarían los Estados Unidos. El día exacto se ignora—las conmemoraciones serán el fin de semana del 23, 24 y 25—; ni siquiera se sabe la cantidad precisa de personas que fueron cambiadas por alimentos. El barco inglés White Lion, que había recogido parte de la carga humana del portugués São João Bautista en Veracruz, al defenderlo de un ataque de piratas, dejó “unos veintipico”, según los documentos de Virginia, en Point Comfort.

Si bien el comercio transatlántico de esclavos había comenzado casi un siglo antes —y la inmensa mayoría de los 12,5 millones de personas traficadas fueron a Brasil y las colonias españolas y británicas en América del Sur, Central y el Caribe— la institución económica del cautiverio ha marcado la historia de los Estados Unidos como pocas otras cosas.

En Point Comfort, Virginia, atracó el White Lion con 24 o 25 africanos para vender como esclavos. (Encyclopaedia Virginia)
En Point Comfort, Virginia, atracó el White Lion con 24 o 25 africanos para vender como esclavos. (Encyclopaedia Virginia)

“Ningún aspecto del país que se formaría aquí quedaría libre de la influencia de los años de esclavitud que siguieron”, argumentó The New York Times en su Proyecto 1619. Los medios, las escuelas y las autoridades revisan hoy aquel momento que definió una guerra civil, la Guerra de Secesión, que apenas evitó el naufragio de la unión independizada de Gran Bretaña que es hoy la principal potencia del mundo.

Del orgullo de la herencia afroamericana a la desigualdad económica y social, la tragedia de aquellas 24 o 25 personas dejó una marca definitiva en la identidad nacional.

Reproducción de la estructura de un barco esclavista ( Ken Lu/Wikimedia Commons)
Reproducción de la estructura de un barco esclavista ( Ken Lu/Wikimedia Commons)

La riqueza del sur rural permitió la riqueza del norte industrial: uno brindaba las materias primas y el otro realizaba los productos. La fantasía sobre la existencia de razas dio lugar a fenómenos aún presentes, como el temor al diferente que llena desproporcionadamente las cárceles de afroamericanos y latinos, o la violencia del nacionalismo blanco. Los años de la segregación, según la doctrina de la Corte Suprema de 1896: “Separados pero iguales”. La lucha por los derechos civiles con otro hito legal, el fin de la separación de niños en las escuelas en 1954, y el asesinato de Martin Luther King Jr. en 1968. El primer presidente afroamericano, Barack Obama, en 2008.

Una familia de esclavos en Georgia, hacia 1850. (New York Historical Society/Wikimedia)
Una familia de esclavos en Georgia, hacia 1850. (New York Historical Society/Wikimedia)

Es, también, una historia de opresión y de supervivencia muy cercana en el tiempo: de esos 400 años que se conmemoran, la institución de la esclavitud duró 246. La libertad igualitaria formal sólo lleva 154 años.

Hace menos de un siglo, por ejemplo, había ex esclavos vivos.

Harriett Hill, de Georgia, tenía 84 años en 1930 cuando contó en una entrevista: “Que yo sepa me vendieron dos veces en la vida. Me vendieron de los brazos de mi mamá querida cuando tenía tres años, y puedo recordarlo. ¡Lo recuerdo! Fue como vender a un becerro de una vaca. Pero somos humanos y tendríamos que hacer algo mejor que eso“.

Era demasiado pequeña para recordar el precio. La segunda vez —“tenía nueve o 10 años”, estimó— la vendieron por USD 1.400.

La transcripción de la entrevista a la ex esclava Harriett Hill, en 1930. (Library of Congress)
La transcripción de la entrevista a la ex esclava Harriett Hill, en 1930. (Library of Congress)

De prisioneros de guerra a esclavos

Desde 1512 varias potencias europeas en África usaban las guerras entre grupos étnicos para hacerse de los prisioneros para venderlos como esclavos, a la vez que mantenían una buena relación con los vencedores. En 1618 los portugueses en lo que hoy es Angola pagaron a los Imbangala para que invadieran el reino de Ndongo. En Kabasa, la capital, capturaron a miles de personas.

Entre ellos se contaban los 350 que se embarcarían por la fuerza a bordo del São João Bautista, en Luanda, según la base de datos sobre el comercio transatlántico de esclavos que armaron los historiadores David Eltis y David Richardson.

Mujeres y niños en un campo de algodón, alrededor de 1860. (Smithsonian National Museum of African American History and Culture)
Mujeres y niños en un campo de algodón, alrededor de 1860. (Smithsonian National Museum of African American History and Culture)

El capitán Manoel Mendes da Cunha los llevó en lo que se llamaría luego el Paso del Medio, el segundo tramo de la ruta triangular de los barcos que salían de Europa, descargaban mercancías en África y completaban las bodegas con seres humanos, que se venderían junto con las manufacturas en América, de donde a su vez partirían con dinero y con materia prima de regreso a Europa.

Era también un tramo aterrador: hacinamiento, violencia física y sexual, hambre y sed, intentos de fuga, homicidios, enfermedades, naufragios. No se sabe la tasa de mortalidad del viaje de los “veintipico”, pero el mismo São João Bautista había tenido un 28% en el viaje anterior y un 58% en otra ocasión.

Un mapa de los estados del sur con su población de esclavos en 1860.
Un mapa de los estados del sur con su población de esclavos en 1860.

Se estima que entre dos y cuatro millones murieron los 36.000 barcos que cruzaron el Atlántico a lo largo de 350 años en la migración forzada más grande de la historia.

De los sobrevivientes, 388.000 quedarían en lo que hoy es Estados Unidos y llegarían a conformar una población de casi 4 millones de esclavos.

Un segundo secuestro en alta mar

A finales de julio o comienzos de agosto de 1619 Mendes da Cunha se acercaba al Yucatán cuando lo atacó un grupo de piratas. John Colyn Jope, en el White Lion, y Daniel Elfrith, en el Treasurer, tuvieron un enfrentamiento en el que los tres barcos quedaron dañados. Los asaltantes se llevaron, entre otras cosas, a 50 angoleños.

Ficha del barco Sao Joan Bautista que en 1619 llevó hasta Virginia a los primeros esclavos africanos.
Ficha del barco Sao Joan Bautista que en 1619 llevó hasta Virginia a los primeros esclavos africanos.

Se sabe que 147 esclavos del São João Bautista fueron vendidos en Veracruz. Jope llegó a Point Comfort, con 24 o 25 en el White Lion, a finales de agosto.

Los documentos de Virginia registran un aumento de esclavos en 1620, a 32: 15 varones y 17 mujeres. “El primer afroamericano probablemente haya nacido en la plantación Flowerdew Hundred o en Kicotan, dos asentamientos próximos sobre el río James”, según National Geographic. Pero en 1624 eran sólo 21, se estima que por enfermedades, por el conflicto entre los colonos y los nativos Powhatan o porque los volvieron a vender.

Gordon, un esclavo que escapó de Mississippi. (McPherson y Oliver/Library of Congress)
Gordon, un esclavo que escapó de Mississippi. (McPherson y Oliver/Library of Congress)

“Los censos tempranos de Virginia muestran que muchos africanos nunca fueron registrados por sus nombres”, agregó la publicación. En cambio, describían sus apariencias como “pronunciadamente diferente” de las de los colonos. “Esta distinción marcó el comienzo de una casta racial, formalizada en la legislación de Virginia a comienzos de la década de 1650″.

Esa normativa también marcó una característica de la esclavitud en los Estados Unidos: a diferencia de lo que había sucedido en otras sociedades que redujeron a otras personas a servidumbre o trabajo cautivo, en las colonias norteamericanas fue una condición permanente y hereditaria. En los siglos XVII y XVIII se sucedieron “una serie de leyes, llamados códigos sobre esclavos, cada una cimentando el racismo firmemente en el ADN de los Estados Unidos“, agregó NatGeo.

Las leyes sobre esclavitud cimentaron el racismo en el ADN del país: imagen de un linchamiento rn Duluth, Minnesota, en 1920. (Wikipedia)
Las leyes sobre esclavitud cimentaron el racismo en el ADN del país: imagen de un linchamiento rn Duluth, Minnesota, en 1920. (Wikipedia)

Así vivían los africanos en el Nuevo Mundo

Se perdía la libertad en un secuestro en África, donde uno era separado de su familia y llegaba, tras viajes aterradores por tierra, a Cabo Corso, el centro de comercio de personas más grande de la costa atlántica, a unos 120 kilómetros de donde hoy está Accra, la capital de Ghana. Allí uno terminaba en las mazmorras de uno de los 40 castillos de esclavos.

Los hombres y mujeres apiñados pasaban días sin ventilación ni sanidad, hasta que los hacían atravesar la llamada puerta de no retorno, un portal que daba hacia los botes en los cuales se los cargaba en los barcos.

O se nacía, ya en el Nuevo Mundo, de un vientre esclavo.

Descendiendes de esclavos en la plantación de Pettway, Alabama, en 1937. (Library of Congress)
Descendiendes de esclavos en la plantación de Pettway, Alabama, en 1937. (Library of Congress)

No tenían otro nombre que el del barco que los había transportado o el establecimiento donde trabajaban o la familia que los había comprado. Eran propiedad, como un inmueble o un caballo, de otro, que se podía comprar, vender, hipotecar, regalar, alquilar, dar en garantía o destruir. Aunque no se los consideraba personas, podían cometer delitos y ser castigadas por ello.

No se podían casar, no podían aprender a leer y escribir, no podían decidir la vida de sus niños. No podían reclamar derechos vulnerados ante la justicia, por ejemplo por violación, tortura u homicidio, o si los sometían a dolorosos experimentos médicos, como el fue el caso de John Brown, prestado al médico Thomas Hamilton, en Georgia, en la década de 1820. No podían obtener propiedad ni heredar. No tenían tumba.

Inventario de esclavos en una plantación de Pleasant Hill, Mississippi. (Louisiana State University Libraries)
Inventario de esclavos en una plantación de Pleasant Hill, Mississippi. (Louisiana State University Libraries)

En 1857 la Corte Suprema formalizó que los descendientes de africanos, fueran esclavos o libres, no serían ciudadanos de los Estados Unidos, según la Constitución, ya que eran “una clase diferente de personas” históricamente vista como “seres de un orden inferior, del todo inadecuados para asociarse con la raza blanca en relaciones sociales y políticas, y tan inferiores que no tenían derechos que el hombre blanco debiera respetar”.

1619, Virginia

Cuando el São João Bautista atracó en Point Comfort faltaba más de un siglo y medio para que se formaran los Estados Unidos. En ese tiempo siguieron llegando personas esclavizadas: en 1725 se registraban unos 42.200 africanos en el sur de Virginia, y 50 años más tarde eran 127.200.

(Encyclopaedia Virginia)
(Encyclopaedia Virginia)

En 1776, cuando el país se independizó y la declaración incluyó la frase “todos los hombres son creados iguales”, esta desigualdad ostensible se mantuvo invisible, al punto que Thomas Jefferson, autor de esas palabras, era un residente de Virginia con esclavos entre sus bienes. No fue hasta el fin de la Guerra de Secesión, bajo el mandato de Abraham Lincoln, que en 1864 el Congreso aprobó la XIII Enmienda de la constitución:

Ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.

Esclavos escapados en los años de la Guerra de Secesión. (Mathew Brady/Wikipedia)
Esclavos escapados en los años de la Guerra de Secesión. (Mathew Brady/Wikipedia)

Casi todos los estados la refrendaron en 1865; entre los que no lo hicieron, el asunto quedó olvidado en Mississippi, hasta que en 2013, con casi un siglo y medio de retraso, se advirtió el hecho y se abolió la esclavitud tardía y formalmente.

El último barco que llevó esclavos a los Estados Unidos, el Clotilde, llegó a Alabama en 1860, con más de 100 persons; la última esclava sobreviviente, Rodisha —Sally Smith, según el nombre que le dieron sus propietarios— murió en 1937.

En Fort Monroe, donde estaba Point Comfort, un cartel recuerda a los “veintipico”, aunque ubica su robo en un barco español en lugar de portugués. (Wikimedia Commons)
En Fort Monroe, donde estaba Point Comfort, un cartel recuerda a los “veintipico”, aunque ubica su robo en un barco español en lugar de portugués. (Wikimedia Commons)

Curiosamente Point Comfort, renombrado como Fort Monroe cuando se estableció una cabecera del norte en la Guerra de Secesión, trazó un arco entre el comienzo y el fin de la esclavitud: allí llegaban los esclavos escapados. Ahora el lugar, ubicado en Hampton, será sede del fin de semana de conmemoración de la llegada del primer barco con africanos a Virginia, “African Landing Day”.

La ciudad creó una comisión ad hoc para rendir homenaje a la fecha. Explicó Luci Cochran, del Museo Histórico de Hampton. “Es un hecho del que no mucha gente está al tanto, y queremos que se comprenda que la llegada del primer africano es un hilo que nos marcó por completo. Dio forma a nuestro país y nos sigue impactando hoy”, agregó.

Esquema de uno de los 36.000 barcos que a lo largo de 350 años llevaron 12,5 millones de esclavos de África a las Américas.
Esquema de uno de los 36.000 barcos que a lo largo de 350 años llevaron 12,5 millones de esclavos de África a las Américas.

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