Arnaldo Mamianetti y Carlos Bruzera son amigos desde que tienen 10 años. Crecieron en el pasaje China (Gustavo Gavotti)
Arnaldo Mamianetti y Carlos Bruzera son amigos desde que tienen 10 años. Crecieron en el pasaje China (Gustavo Gavotti)

La cita es a las 8 pero Arnaldo rara vez toca timbre: Carlos lo espera en la puerta a las 7.50. La pava para el mate ya está sobre el fuego.

Arnaldo Mamianetti y Carlos Bruzera tienen 83 años y son amigos desde los 10. Desde hace 20, todos los sábados, Arnaldo viaja desde Ramos Mejía hasta Villa Ortúzar para pasar las mañanas con Carlos en su casa de La Pampa y el pasaje China. Carlos corrige: “No es para estar conmigo, es para estar acá”. Y señala la calle.

Desde la ventana del living se ve China, la cortada en la que jugaban al fútbol, al patrón de la vereda y al carnaval en los años 50. También la terraza de la casa que el papá de Arnaldo, maestro mayor de obras, levantó en los años 40. Desde ahí le silbaba a su amigo para ir a jugar. Carlos sólo bajaba; jamás supo chiflar.

China, el pasaje del barrio porteño Villa Ortúzar en el que crecieron Arnaldo y Carlos
China, el pasaje del barrio porteño Villa Ortúzar en el que crecieron Arnaldo y Carlos

En esta casa todos los sábados se ordena el pasado. Los recuerdos de uno se acaballan sobre los del otro. Se corrigen fechas, nombres, hasta se editan los desenlaces. Pero el mejor momento es cuando repasan los apodos: Carlos ha bautizado a absolutamente todo el barrio.

“Ahí está: Tranco Corto. ¿Lo ves? Tiqui tiqui tiqui. Es impresionante lo cortito que camina”, dice y señala a un hombre en la vereda de enfrente.

En China vivieron Bienestar Social (trabajaba en Bienestar Social), Linda de lejos, Cogote y La novia robada. También La Potra y Vincha.

Una mañana de febrero, como todas las otras, hablaron poco y nada de actualidad. De política, nada. De religión, nada. “Él es agnóstico y yo muy creyente, entonces no se puede”, dice Carlos y Arnaldo sonríe. Pero leyeron el diario.

La noticia decía que dos meses atrás, en diciembre de 2018, la Legislatura porteña le había dado media sanción a una ley que trocará calles de Villa Ortúzar y Belgrano: China pasará a llamarse Munich y Munich será China. El proyecto, impulsado primero por la Defensoría del Pueblo y luego por los legisladores Yuan Jian Ping y José Luis Acevedo, busca darle un guiño a la colectividad china llevándole la calle a su barrio. Ocupará el lugar de Munich, que es un pasaje de una cuadra, entre las calles 11 de septiembre y Arribeños.

Desde la Defensoría sostienen que es un cambio lógico (“Parque Chas tiene calles de ciudades europeas como Berlín, Londres”) y no sería de gran impacto: en total en ambos pasajes viven 60 familias y se encargarán de facilitarles todo el papelerío (documentos de identidad, licencias de conducir, etc).

Para cuando un vecino de Munich llamó al único número telefónico de línea que encontró de un domicilio de China, Arnaldo ya había alertado a la cuadra. A regañadientes, porque la cree una batalla perdida, Carlos aceptó: repartió puerta por puerta la carta que su amigo había escrito. A Tranco Corto, a la nueva dueña de la casa de Linda de lejos, la puerta de Cogote, La Potra, todos.

La carta de Carlos a los vecinos del pasaje
La carta de Carlos a los vecinos del pasaje

La carta decía: “La conservación de la nomenclatura urbana es un componente básico de la identidad histórica y cultural de un barrio. Los argentinos no debemos vivir en la discontinuidad, el desprecio por lo realizado por otros, indiferentes al pasado, empezando siempre de nuevo como si se tratara del primer día de la creación”.

“Yo pensé que no iba a pasar, pero dos chicas que se engancharon: Angie y Leslie. Y un chico, Martín. Piensan lo mismo que nosotros: ‘Esta es mi cuadra’. Leslie que es psicóloga está embaladísima. Leslie es brava”– dice y ríe Carlos-. Pero no creo que logremos nada”.

Arnaldo lo escucha con un fastidio triste al tiempo que estira su brazo para acariciarle la espalda. Tac, tac, tac. Tres suaves golpecitos y devuelve la mano, lentamente, a la mesa. La misma sobre la que armaban el metegol casero hace 70 años. A las figuritas de entonces le pegaban unos corchitos detrás; así quedaban erguidos. Con paciencia, amasaban una miga de pan hasta lograr una pelotita bien redonda y compacta. Seis contra seis. Partidazos.

Desde hace 20, todos los sábados, Arnaldo viaja desde Ramos Mejía hasta Villa Ortúzar para pasar las mañanas con Carlos en su casa de La Pampa y el pasaje China
Desde hace 20, todos los sábados, Arnaldo viaja desde Ramos Mejía hasta Villa Ortúzar para pasar las mañanas con Carlos en su casa de La Pampa y el pasaje China

Desde hace unas semanas los vecinos de China y Munich comparten un grupo de WhatsApp. No quieren que su cuadra cambie de nombre. No se trata de un incordio burocrático, se trata de pelear por su identidad. Y de una bronca de mapa que los tiene volando de enojo: China no forma parte de Parque Chas. Está muy cerca, pero fuera. “Es una trampita lo de las calles europeas, no va”, dicen, enojados.

El proyecto, al que las comunas de ambos barrios dieron el visto bueno, sigue su marcha al menos hasta el 19 de marzo. Ese día se hará la audiencia pública en la Legislatura. Irán todo Munich y China.

Infobae consultó a los comuneros de ambos barrios, Ortúzar y Belgrano. La respuesta fue la misma: es un cambio menor, es poca gente y los ayudarán con los papeles.

Las puertas de las casas del pasaje Munich
Las puertas de las casas del pasaje Munich

Mientras caminamos por el pasaje, Arnaldo pregunta cómo es eso de juntar firmas para lograr cosas. Carlos se distrae con una tapa en la pared. Es de hierro pero la han pintado de blanco.

—¡El farolero!- exclama, y Arnaldo se lleva la mano a la frente-. Cuando jugábamos a la pelota en invierno a las 5 ya era de noche. Entonces teníamos que suspender el partido. Pero no nos íbamos porque sabíamos que iba a venir el farolero, era un tipo que venía y abría esta cajita, hacía así y así con las llaves y prendía el farol.

China y Munich fueron nombradas de esa manera por ordenanzas municipales de 1933 y 1934, respectivamente
China y Munich fueron nombradas de esa manera por ordenanzas municipales de 1933 y 1934, respectivamente

—¿Se agarraron a piñas alguna vez en el pasaje?

—Entre nosotros no. Pero una vez te estábamos jugando los dos solos a la pelota, era una pelota de goma, rayada, blanca y roja. Y vinieron dos o tres chicos. Eran de otro barrio. Agarraron la pelota y empezaron a rajar y éste (señala a Arnaldo) los corrió. Porque éste era muy bravo, sigue siendo terco. Entró a correr y los agarró. Les sacó la pelota. Yo estaba medio cagado y me tira la pelota.

—La rescató y te la pasó.

—Claro, para que yo rajara con la pelota. ¿Sabés lo que hice yo? Se la devolví. Todavía no me explico por qué hice eso.

El 19 de marzo se hará una audiencia pública en la que se terminará de definir si se hará el cambio de nombres entre las calles China y Munich
El 19 de marzo se hará una audiencia pública en la que se terminará de definir si se hará el cambio de nombres entre las calles China y Munich

Juntos robaban leña de la otra cuadra, de Pacheco. Había una tintorería, Villa Pituco creen que se llamaba. El dueño acopiaba leña junto a la verja. Carlos y Arnaldo se agachaban y, sigilosamente, sacaban de a un leño por entre las rejas. La fogata de las fiestas de San Pedro y San Pablo en China eran solventadas por Pacheco.

Ya son las 11.30, es hora de regresar a Ramos. Arnaldo se sube a su Clio gris, apoya su cartera de cuero en el asiento del acompañante y le da marcha al motor. Desde la acera, Carlos lo mira. Arnaldo le devuelve una sonrisa y arranca. Con los brazos en alto, agita las manos hasta que el Clio se pierde por La Pampa.

—El otro día una chica nos dijo que parecíamos novios.

Fotos: Gustavo Gavotti

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