La tasa de política monetaria en torno al 60% fue determinante para frenar al dólar. (AP)
La tasa de política monetaria en torno al 60% fue determinante para frenar al dólar. (AP)

En una economía doméstica con alta inflación, la variable del tipo de cambio es un indicador que cobra importancia como referencia. Pero determinar el valor del dólar en el futuro, incluso a corto plazo, es una tarea de improbable éxito en un país tan cambiante como Argentina.

Basta recordar que en el Presupuesto 2019 se estimó un valor del dólar promedio de $40,10 para todo el año, y un dólar promedio de $44,30 para 2020. Hoy el dólar mayorista ya cotiza por encima de los 45 pesos.

La carrera electoral en el tramo final del año le agrega claramente un entorno de más volatilidad al mercado de cambios argentino. Por ello, más que prever un valor del dólar para el cierre de 2019 es más útil tener en cuenta los cinco factores principales que van a condicionar el movimiento de precios del billete. Según su incidencia, inclinarán la balanza al alza o la estabilización de las cotizaciones.

Factores de estabilidad

1 – Los dólares del FMI. Un contrapeso para un mercado voluble es la garantía de divisas del organismo, por dos vías. Una directa: el aporte de USD 60 millones diarios que se venden en el mercado mayorista a cuenta del Tesoro, hoy poco menos del 10% del volumen operado. Estas ventas se mantendrán hasta noviembre, para completar un total de USD 9.600 millones este año. Otra vía es indirecta: el organismo provee los dólares para pagar deuda externa y gracias a eso las reservas internacionales se mantienen en máximos históricos. Por encima de los USD 60.000 millones sirven para respaldar hoy a la Base Monetaria y a la deuda en Letras de Liquidez (Leliq).

Además, el Banco Central cuenta con su as en la manga: la autorización del FMI para intervenir con ventas de contado para equilibrar la oferta ante “movimientos disruptivos” del tipo de cambio. El simple anuncio de esta alternativa más la activa operatoria con contratos de futuros permitieron a la entidad que preside Guido Sandleris contener una escalada cambiaria después del récord nominal de $46,90 en el promedio al público y $45,97 mayorista del 26 de abril.

2 – Endeudamiento del Banco Central. La emisión de Leliq con altas tasas de interés que se transmiten a todo el sistema financiero es la principal “ancla” para evitar un desborde cambiario como el de 2018. Con un stock en torno a $1,3 billón, este pasivo remunerado del BCRA ya equipara al total de depósitos a plazo fijo del sector privado -los pesos que podrían “escaparse” al dólar- y a la Base Monetaria -circulante más cheques cancelatorios y depósitos de entidades en el BCRA-, con un límite de $1.343.200 millones ($1,34 billón), dentro del compromiso asumido con el FMI de un crecimiento “nulo” de la cantidad de dinero con el que se maneja la economía.

Mantener los pesos dentro de los bancos y no en la calle, donde pueden presionar a la demanda de bienes y servicios -mayor inflación- o volcarse al dólar -más devaluación- tiene el altísimo costo reflejado en la tasa de referencia, que hace casi un año se sostiene por encima del promedio del 60% anual, lapso en el que no consiguió frenar la inflación de manera perceptible, aunque sí limitó una trepada del dólar.

Qué puede alterar al mercado

3 – Factor político. Una elección presidencial con resultado ajustado entre propuestas económicas muy distantes entre sí impide anticipar cuál será la estrategia que se adoptará después del 10 de diciembre. Hasta que no se conozca la fórmula ganadora -el 27 de octubre o en el ballottage del 24 de noviembre-, las fuerzas de oferta y demanda protagonizarán una pulseada con sobresaltos para la cotización de la divisa.

4 – Expectativas de devaluación. La inflación se mantiene en cifras máximas en 27 años, todavía por encima del 50% anual y con la previsión de una baja acotada al 40% anual para diciembre de 2019. Con un dólar que en 2019 se mantiene rezagado en algunos puntos -la inflación acumula 25%; el dólar, 20%-, es natural que se reactive la demanda ante las dudas sobre el rumbo de la política económica posterior a diciembre. A la par las liquidaciones de los exportadores, en particular del agro, que es el principal proveedor de divisas comerciales, podrían postergarse a la espera de un tipo de cambio más alto. Con debilidad de oferta y demanda firme, el impulso al alza para el dólar es inevitable.

De todos modos, no debe hablarse de atraso cambiario: en los últimos 12 meses el dólar subió un 51,8%, desde los $29,80 mayorista del 10 de agosto de 2018 a $45,25 el viernes, una tasa que acompañó la inflación acumulada en el mismo lapso. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que calcula el BCRA está aún 12 puntos porcentuales por encima del 17 de diciembre de 2015 -cuando se levantaron los controles de cambio o “cepo”- y 38 puntos por arriba del 10 de diciembre de 2015, cuando se produjo el último recambio presidencial.

5 – Shock externo. El desempeño del mercado de cambios en la última semana estuvo sesgado por la paridad entre las monedas emergentes y la de EEUU más que por algún hecho doméstico. Es evidente que habrá impacto por un fortalecimiento global del dólar -como refugio inversor por los temores a la desaceleración económica- o una caída del billete verde frente a un recorte de las tasas en EEUU. En la misma línea, la fuerte devaluación del yuan chino por la “guerra comercial” arrastró a la caída del real y del peso argentino.

En ese aspecto una pista la da el real brasileño, pues cuando baja o sube el dólar en Brasil -principal socio comercial- el mercado doméstico copia la tendencia en la operatoria diaria en similar proporción.

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