En campaña, los políticos prometen mejorar la calidad de vida del conjunto de los habitantes, bajar la inflación e impulsar el consumo y la inversión, pero luego la realidad y muchas veces la falta de convicciones para el diseño y ejecución de políticas de consensos para que resulten sustentables determinan resultados singularmente opuestos a los deseados.

Eso es lo que reflejaron las cuentas nacionales al tercer trimestre de 2018 cuando se desató la peor devaluación del peso desde la crisis de 2002; el PBI cayó 3,5%, la inflación se aceleró a más del 40%, y el promedio de los salarios registrados subió menos de 30%, respecto de un año antes, porque la combinación de esos indicadores determinaron en la serie del Ministerio de Hacienda una caída del valor del PBI de casi USD 169.000 millones; y USD 3.934 por cada uno de los 44,6 millones de habitantes.

Y con los datos preliminares para el último cuarto del año, tanto oficiales y privados, como el Estimador Mensual de Actividad Económica del Indec, y el Índice General de Actividad de la consultora Orlando Ferreres, los economistas proyectan una disminución aún significativa en la capacidad de generación de riqueza medido en dólares de USD 245.500 millones y de unos USD 5.650 por persona, en comparación con el nivel de un año antes, a USD 9.500 per cápita, el nivel más bajo en dos años.

La falta de convicciones para el diseño y ejecución de políticas de consensos para que resulten sustentables determinan  resultados singularmente opuestos a los deseados

En el promedio del año la retracción de PBI fue notablemente menor, USD 113 mil millones en el total y USD 2.680 por habitante, porque contó con el arrastre positivo del año anterior para el primer trimestre y parte del segundo, cuando la estimación oficial en el equivalente en dólares se había sostenido por arriba de USD 600 mil millones que registró durante 15 meses, y había tocado un pico histórico de USD 15.326 per cápita entre abril y junio de un año atrás.

Claramente, el factor determinante de semejante pérdida en la generación de riqueza convertida a dólares se explica por el efecto del paso abrupto de una política de apreciación del peso, como se observó en gran parte de 2017 y primer trimestre de 2018 a otra de depreciación brusca provocada por una crisis de divisas, que había llevado a un déficit de más de 5% del PBI.

De ahí que frente a un artificial o estadística suba del PBI en dólares por habitante de 14% en 2017, cuando en valores reales en pesos el crecimiento no había llegado al 3%; se pasó en 2018 a sendas declinaciones del orden de 19% y 3%, respectivamente.

Esos episodios de subibaja del PBI en dólares a tasas de dos dígitos altos se registraron en los últimos 38 años en casi la mitad del período: 6 a la baja y 13 a la suba.

Frente a un artificial o estadística suba del PBI en dólares por habitante de 14% en 2017, cuando en valores reales en pesos el crecimiento no había llegado al 3%; se pasó en 2018 a sendas declinaciones del orden de 19% y 3%, respectivamente

En el período de 38 años, que comprende a los 35 de regreso de la democracia, se ha observado que una pérdida en la generación de riqueza de más de 18% en un año sólo se había registrado en la crisis del 2002, cuando fue de más de 60%; mientras que se aproximó a la declinación que se anotó en el año de la Guerra de Malvinas, y superó en 4 puntos porcentuales a la que tuvo lugar en la hiperinflación de 1989, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín.

Lenta recuperación al pico previo

Y cada vez que se produjeron caídas en el PBI en dólares a tasas de dos dígitos en un año, la economía necesitó entre un mínimo de 4 años que tuvo lugar entre 2013 y 2017, por efecto de la devaluación sin plan integral que provocara el ex ministro de Economía Axel Kicillof en el verano de 2014; y 9 años entre la Guerra de Malvinas (1982) y la salida de la hiperinflación, a fines de 1990.

Mientras que 6 años demoró la recuperación del ingreso medio por habitante, luego de la depresión de 2002 que provocó una megadevaluación con pesificación asimétrica y default de la deuda pública.

Cada vez que se produjeron caídas en el PBI en dólares a tasas de dos dígitos en un año, la economía necesitó entre un mínimo de 4 años y un máximo de 9 años

La medición del PBI en dólares no sólo permite despejar los efectos de la alta inflación que caracteriza a la economía argentina, aunque genera distorsiones en los repetidos períodos de atraso cambiario y menos comunes de paridad real alta, sino también posibilita hacer una comparación con el comportamiento del indicador con el resto del mundo.

En la serie de 38 años que tuvo acceso Infobae con datos del Ministerio de Hacienda y del Centro de Economía Internacional se observa que la Argentina registró un promedio de PBI por habitante en torno a la mitad a la la media de los 49 países más grandes del planeta en términos de generación de riqueza, que para este año se estima en unos 27.000 dólares.

Pero en 2018 se redujo a 43,7%, la menor relación desde 2010, cuando la economía comenzaba a recuperarse de la crisis financiera internacional provocada por las hipotecas en los EEUU y la caída de Lehman Brothers, tras haber recuperado una proporción de 55,8% en 2017 (excluido 2015 que se aproximó a 60% por efecto del severo atraso cambiario desde el cepo que se instrumentó a fines de 2011), la más alta en  casi 20 años.

Episodios con una relación del ingreso medio por habitante superior al  60% al de la media de los mayores 49 países del planeta en las últimas 4 décadas se anotaron por bienios en 3 veces; con la vuelta de la democracia en 1983 y 1984; repitió en los mejores momentos de la convertibilidad 1993 y 1994 y 1997 y 1998, cuando alcanza el máximo de 64,7 por ciento.

Como resultado de ese proceso, la Argentina fue quedando extremadamente relegada en términos de generación de ingreso por habitante respecto de paíse con características geográficas similares, como Canadá y Australia, e incluso con España.

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