(Reuters)
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En el interés de saber qué acciones se tomaron en los comandos después del anuncio de Nicolás Maduro y la orden de Alerta Naranja, me encuentro con un oficial de una unidad militar de la zona fronteriza, específicamente del 105 Grupo de Artillería de Campaña “G/J José Gregorio Monagas” en la parroquia Jesús Enrique Lossada, del Zulia, a quien no puedo identificar porque sería sancionado. Ahí, al igual que en muchísimas unidades militares, hoy no pasó nada especial. “A nosotros nos lo dijeron eso esta tarde“, es decir casi 24 horas después que se hizo el anuncio.

El 105 grupo de artillería de campaña, cuyo jefe es el Comandante artillero Juan de Jesús Jurado Cabenerio, es una unidad táctica que se encarga del apoyo de fuego a la infantería, presta apoyo a la brigada 12 de Caribes y a la 13 Brigada. Se hacen las prácticas de tiro con los obuses (piezas de artillería de gran tamaño), que son norteamericanos por cierto.

Cuando le pregunto qué acciones adelantaron, responde que hasta ahora ninguna, porque aún no les han dicho para qué es eso. “Estoy muy decepcionado de la Fuerza Armada“, es su más firme respuesta.

No es que me sorprenda la respuesta pero sí que un oficial con una carrera por delante haga esa afirmación. “Está de moda que los comandantes de unidades tienen que cambiar la comida de la tropa por otras cosas para poder sostener la unidad. Así estamos”.

Soldados venezolanos (Reuters)
Soldados venezolanos (Reuters)

Habla decepcionado de lo que llama “este desastre” del cual quiere escapar. “Me quiero ir porque de verdad no quiero seguir más órdenes de personas que todo el tiempo están fuera de la ley“.

Se atreve a decir: “Además de toda la injusticia que está viviendo el pueblo venezolano por culpa de nosotros, por no reaccionar ante esta tiranía que estamos viviendo por parte de nuestros gobernantes”.

Cuando va por las diversas unidades militares lo que se ve es a “tres pela gatos” (un número escasísimo) de militares. “En la unidad donde estoy yo van más de 50 desertores. ¿Puede imaginarse eso? Muchos se han ido huyendo a Colombia, Chile, Perú, etcétera. Casi todo el personal civil ha renunciado”.

Destaca que “el poco personal que hay monta guardia de prevención, patrulla, custodia, oficial de día. Como hay tan poco, la guardia se convierte en un toma y dame y se termina el profesional esclavizando en la unidad“.

Los militares de ese comando custodian las estaciones eléctricas de Cuatricentenario y Sibucara. “Hace poco hubo un robo en la estación eléctrica de Cuatricentenario, realizado por los mismos militares con la gente de Corpoelec que cortaron los cables y se llevaron al rededor de 60 metros de cable”.

Las cajas CLAP, símbolo del control social del régimen chavista (Reuters)
Las cajas CLAP, símbolo del control social del régimen chavista (Reuters)

Piden CLAP

Dice este joven oficial que siente mucha tristeza cuando ve a sus compañeros del Ejército preguntar por la caja de alimentos CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción). Le digo que se ha convertido en el único alimento que algunos pueden llevar a sus hogares. “Pero ya ni siquiera es regular, no le llega a todos y no todo el tiempo. Hace dos o tres años era otra cosa. A todo eso contribuye que el personal está desmotivado”.

Narra que un coronel del Ejército, director de una escuela de formación en Caracas, le dijo que ya no le están dando apoyo del Ministerio con los alimentos y que las cajas CLAP ya no llegan con frecuencia. “Si eso está ocurriendo en la capital, puede imaginarse cómo es en el Zulia”.

“Ese coronel dice que su Escuela no tiene comedor ni maneja rancho. Lo que le llega son las cajas CLAP para el personal profesional, y antes llegaban regularmente, ahorita está muy restringido. El apoyo que tenía en el Ministerio de Alimentación, pero está paralizado”.

Cajas CLAP
Cajas CLAP

Siete meses sin salir

Sobre el comandante Juan de Jesús Jurado Cabanerio dice que no es visto bien por el personal militar “porque no concede los permisos, ni siquiera a aquellos profesionales que tienen meses sin ver a su familia porque no pueden salir de la unidad“.

Explica que al déficit de personal se le suma la presión que hay sobre quienes quedan. “Hace poco ese comandante metió preso al Sargento Segundo Jiménez porque salió de la unidad sin su autorización. Lo mandó a buscar con la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y ahora el joven está, desde hace más de 45 días, en un calabozo en la prevención del cuartel Bermúdez. Lo involucran en la supuesta sustracción de un cargador, pero fue simplemente porque salió de su unidad luego de siete meses que no le daban permiso. Ahora lo tiene preso. A Jiménez el tribunal militar décimo de control dirigido por el juez capitán Fuenmayor, le dictó privativa de libertad, cumpliendo la orden del comandante de meter preso al sargento cuando no hay ningún delito cometido”.

Relata otro caso, el del SM3 Barrera, quien le cayó a golpes al capitán Espinoza “porque el capitán lo venía vejando y humillando, por lo que al sargento se le olvidó la jerarquía y le cayó a golpes“.

Dice que cada 15 días hacen cultos cristianos en el comando porque el sacerdote de la parroquia no quiere saber nada del Gobierno y por ello no asiste a dar la misa. Alguien que tiene presencia en este comando zuliano es un civil llamado Jhon, quien se encarga de cambiar la comida de la Unidad por las cosas que el comandante necesite. “Los comandantes deben pedirle permiso a los de las bombas de gasolina para poder llenar un vehículo militar, cuando en sus narices los mafiosos cargan el gasoil y la gasolina por cantidad”.

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