El domingo tendrá lugar el primero de los dos debates presidenciales previos a las elecciones generales del 27 de octubre. A la hora de analizar su rol en la vida pública, suele surgir la pregunta acerca de la magnitud de su incidencia. Y el consenso es que la respuesta debe contemplar dos aspectos diferentes: el valor institucional por un lado, y el peso que tienen en la opinión pública por el otro. Para el primero, esta es un “sí” rotundo. Y para el segundo un “no realmente”. Y no solo en Argentina, sino también en el resto del mundo.

Su valor institucional

Julia Pomares, directora ejecutiva de CIPPEC, sintetizó el concepto: “Constituyen un marco democrático para proveer información a los electores y mostrar las diferencias políticas entre los candidatos. En muchos países, se convirtieron en un rito de la democracia”.

Y agregó: “Son importantes porque los candidatos dejan ver características generales de su personalidad y su estilo de liderazgo, pero también porque sostienen posicionamientos en materia de políticas públicas particulares”.

Pomares explicó que en América Latina los primeros debates presidenciales se dieron en Venezuela y Brasil en la década del ´60″. Y que luego la práctica “fue extendiéndose a otros países de la región”.

La Argentina tuvo la primer experiencia de su historia en el último ciclo electoral, en 2015. La iniciativa fue impulsada por Argentina Debate, organización que aglutinó representantes de los principales actores del sector público y privado, y tuvo el consenso de los partidos políticos involucrados.

La única contingencia provino del entonces candidato del Frente Para la Victoria, Daniel Scioli, quien no participó de la instancia general con el argumento de que “la gente ya sabía lo que pensaba” y de que “no había una ley que le diera un marco adecuado”. No obstante, Scioli sí decidió formar parte del segundo debate y enfrentar mano a mano a su contrincante, Mauricio Macri.

La respuesta del público fue notablemente positiva en ambos casos: Hernán Charosky, coordinador de Argentina Debate en 2015, indicó que es posible que (el debate entre Macri y Scioli) haya sido el segundo programa más visto de la historia argentina. “Con 59 puntos de rating y más de 400.000 visitas en medios digitales, el debate habría sido por más de 15 millones de personas”, detalló. “Mostraron que la demanda social era insoslayable”, definió Charosky en un documento titulado “El camino a los debates presidenciales”.

Foto: NA
Foto: NA (Jose Brusco /)

Ya con Macri al frente del Poder Ejecutivo, el Congreso aprobó en noviembre de 2016 la Ley que establece la obligatoriedad de los debates (27.337) y, luego, luego de que este año circularan especulaciones acerca de la posibilidad de que Alberto Fernández no participara, el Gobierno reglamentó la norma en junio. De esta manera, Pomares explicó, Argentina se convirtió en el cuarto país latinoamericano en tener una ley de debate electoral.

Los seis candidatos presidenciales del presente ciclo electoral se darán cita por primera vez a las 21 en la Universidad Nacional del Litoral. A diferencia de lo que sucedió en 2015, habrá una segunda instancia que tendrá lugar el 20 de octubre en la Facultad de Derecho de la UBA y, en el caso de que haya balotaje, la instancia correspondiente será el 17 de noviembre, también en la Facultad de Derecho.

“La nueva instancia le agrega, desde el punto de vista de la estrategia, otros elementos. No es lo mismo dar un debate que dos. Esto da margen para corregir o reforzar puntos en los que se estuvo flojo”, analizó al respecto Lucas Romero, director de la consultora Synopsis.

El 25 de septiembre, la Cámara Nacional Electoral (CNE) estableció los temas que se tratarán en los primeros dos encuentros. En Santa Fe, los candidatos deberán hablar sobre Relaciones Internacionales, Economía y Finanzas, Educación y Salud, Derechos Humanos y Diversidad de Género.

La Universidad Nacional del Litoral, donde tendrá lugar el primer debate.
La Universidad Nacional del Litoral, donde tendrá lugar el primer debate.

Siete días más tarde, los temas serán: Seguridad, Empleo, Producción e Infraestructura, Federalismo, Calidad Institucional y Rol del Estado, Desarrollo Social, Ambiente y Vivienda.

En cuanto al formato, los candidatos tendrán el mismo tiempo de exposición y habrá un espacio de intercambio para generar un ida y vuelta. Pero, aunque podrán elegir dirigirse a otro, hacer una referencia a un contrincante, o rebatir lo que dijo alguno de los participantes, el candidato no está obligado a responder cuando le toque su tiempo.

Romero y Shila Vilker, directora de la consultora Trespuntozero, también consultada por Infobae, coincidieron que el formato no es el ideal. “En este caso, se pusieron tantas reglas y está tan pautado que desnaturaliza la idea propia del debate”, indicó Vilker. “Hay muchos candidatos. En ese sentido, la capacidad de intercambio va a estar limitada. No vamos a tener un debate fructífero pero todos van a tener que defender sus ideas y en todo caso afrontar las ideas contrapuestas de los otros candidatos”, agregó Romero.

Al respecto también se pronunció Pomares: “Cómo están formuladas las preguntas (si son muy generales o muy específicas) y quién las realiza (un periodista profesional o un ciudadano, por ejemplo) moldean las estrategias de los candidatos”.

Para fundamentar el concepto, hizo referencia al reciente debate entre candidatos a gobernador de la provincia de Mendoza: ” incluyó un bloque de preguntas semicerradas (para responder con “sí” o “no”, con 15 segundos para fundamentar) acerca de distintos temas. Esto obligó a los candidatos a manifestar posiciones explícitas sobre políticas concretas, como el tamaño relativo del Estado, su apoyo o no a reformar la Constitución o el establecimiento de reglas fiscales y de inversión“.

Incidencia en la opinión pública

A la hora de analizar el impacto de los debates en sí, ambos analistas coincidieron con el consenso histórico: a nivel mundial, y salvo en excepciones donde la competencia es particularmente reñida, no tienen mayor capacidad de mover el amperímetro electoral. Y la razón principal tiene que ver con el concepto de “sesgo de confirmación” (confirmation bias, en inglés).

Prestan atención de manera selectiva a lo que confirma su pensamiento e ignoran lo que lo confronta”, sintetizó Romero. “El hecho de sentarse a ver con inclinaciones, prejuicios, valoraciones y expectativas, de alguna manera incide en el modo en que se mira el debate. Y quienes lo hacen, más que espectadores son electores. Llegan con el voto en las primarias hecho, con su entorno, su contexto”, agregó Vilker.

Hay otros dos factores que atentan contra la posibilidad de una mayor incidencia: la polarización reinante y la amplia ventaja obtenida por Alberto Fernández en las PASO. Respecto de la primera, Vilker dijo: “Hoy tenés una situación donde la dinámica polarizadora está cerca del 85%. Además está la dureza de las posiciones”.

Sobre la segunda se expresó el director de Synopsis: “Es un desincentivo para un escenario que para muchos está resuelto. ¿Puede haber un escenario donde Macri gana porque lo pone en una situación de contradicción a Alberto Fernández? Incluso así dudaría que pudiera cambiar la tendencia que estamos viendo”.

La historia en países con una mayor tradición de debates confirma la premisa. En comunicación con Infobae, Chris Hopkins, líder de investigaciones de la encuestadora británica ComRes, citó como excepción la marcada suba en las encuestas que tuvo el candidato del partido Liberal Demócrata en 2010, Nick Clegg, pero explicó que en las elecciones siguientes el impacto fue menor.

En tanto, distintos estudios sobre las elecciones estadounidenses indican que las únicas excepciones a la regla tuvieron lugar en 1960 y 2000, cuando John Fitzgerald Kennedy se impuso ante Richard Nixon y George W. Bush a Al Gore, respectivamente.

No obstante, un estudio posterior de la encuestadora Gallup consideró que en este último caso la interpretación mediática -favorable a Bush- fue hasta más relevante que los debates en sí. A pesar de que una mayor cantidad de votantes consultados inmediatamente después del debate consideraron que fue Gore quien se impuso, la tendencia se revirtió con los días.

Este criterio también aplica a las elecciones contemporáneas, y se encuentra exacerbado por la existencia y el alcance de las redes sociales. “Tan importante como el debate es como se termina de cubrir, que se vuelve relevante. Muy probablemente entre el 13 y el 20 (de octubre) se hable bastante del debate y de algunas cuestiones específicas que hayan pasado. Ahí se empezarán a reedificar las frases salientes”, analizó Vilker.

Para fundamentar el concepto, ejemplificó: “La frase ‘en qué han convertido, Daniel’ que pronunció Macri es recordada por muchos electores. Sirvió para memes y chistes. Quedan como sedimentos culturales y ese es uno de los dos desafíos de campaña. No solo como pasar el debate con éxito, sino también como trabajar en los días y horas posteriores”.

(NA)
(NA) (Jose Brusco/)

“Los debates tienen un componente más performativo. Ahí se irá el post debate. Tenemos candidatos con experiencia en debates como Macri y Del Caño, que podrían sacar una ventaja de eso a la hora de manejar el escenario. Después Lavagna, creo, enfrenta una mayor dificultad en ese aspecto. Tiene un perfil más técnico, nunca fue muy suelto para el desempeño de ese rol. Habrá que ver si le saca el jugo a algún recurso. Alberto Fernández, si bien no tiene experiencia, es un dirigente preparado para debatir. Es claramente un ‘speaker’, un debatidor que puede confrontar frente a cámara y está preparado para eso”, explicó Romero.

No habrá que esperar mucho para confirmar si los debates efectivamente terminarán engrosando las estadísticas históricas y comprobar que frases tienen el potencial de comenzar a formar parte del diccionario cultural. El análisis previo al primer evento terminará el domingo a las 21, y el posterior comenzará dos horas después.

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