Por Esteban Castromán / Iñaki Echeverría

LOUTA // “Los jóvenes son el presente en busca de una nueva era de paz”

Con la acumulación de experiencia sospechamos que cualquier discurso pesimista tal vez sea un efecto de conservadurismo provocado por el inevitable miedo a la muerte. Como si aferrarse a lo reconocible cercano fuera el impulso más natural, obvio y necesario de todos los posibles.

Con la acumulación de experiencia entendemos que el pesimismo conservador es puro ruido mental y funciona como una pistola rota disparando débiles rayos láser sin onda ni propósitos transformadores.

Sería difícil pensar en el hoy, en cómo llegamos hasta acá, sin aquella sucesión de instancias transformadoras que preceden a esta idea de mundo que ahora mismo percibimos a nuestro alrededor.

Por eso el conservadurismo pesimista es un capricho rancio, en la superficie, y maligno, en sus capas más profundas, propio de los holgazanes como especie.

Aunque suene absurdo, pensé todo esto mientras subía los setenta y cuatro escalones desde la planta baja hasta el primer piso, incluso durante los pocos metros antes de llegar a una puerta de madera, gruesa cuando se abrió, con varias capas de materiales equis, cuyo fin, claro, era sostener el equilibrio acústico del salón.

Apenas entramos al salón con Iñaki nos recibió un latigazo eléctrico. Me pareció extravagante, medio fantástico, toparme con una escena de resonancia diametralmente opuesta al mini boceto mental de pesimismo conservador que pensé en la escalera.

Dos chicas y tres chicos practicaban una coreografía en el centro, frente a un espejo para monitorear la sincronización de sus movimientos. Más atrás, sobre el escenario al fondo, dos percusionistas agregaban vigor tracción a sangre sobre una pista electro.

No sé si fue ver el despliegue de aquella potencia invertebrada, no sé si fue la imposibilidad para decodificar al toque el signo de su propuesta, no sé si fue esa especie de mareo placentero y ansioso, lo que me conmovió.

Una lágrima. Dos. Tres. Más. Con una absurda sensación culposa especulé: “en los ensayos no se llora, se ensaya, mejor guardate la emoción para el show”. Entonces, con disimulo, me sequé la cara.

El histriónico chico alto del medio de repente quedó solo. Micrófono en mano susurraba/hablaba/cantaba, contorsionaba su cuerpo y los brazos eran metáforas de rap, enfrentando a su imagen en el espejo, como si la desafiara por algún motivo secreto.

El histriónico chico alto del medio se llama Jaime James, aunque irrumpió en la escena cultural tras un artificio, una marca: LOUTA.

Tiene 24 años.

Acaba de sacar un discazo llamado Enchastre y lo presenta esta noche en Teatro Vorterix.

Es hijo de Ana Frenkel (bailarina, coreógrafa y fundadora de El Descueve) y Diqui James (ex La Organización Negra y creador de las compañías De La Guarda y Fuerza Bruta).

Sus shows son hermosas experiencias mutantes de cultura pop. Canciones con estribillos inolvidables, espíritu performático, ristras de spoken word, puestas en escena con ADN teatral, ensalada de géneros musicales enlazadas perfectamente en el todo, letras que comparten una intuición de época aun con su diversidad de registros y estilos.

Sus shows son plataformas de experimentación donde, además de la música, los objetos, las acciones y los cuerpos buscan un modo de relación diferente con el sentido.

LOUTA encarna la esencia de un nuevo signo.

LOUTA condensa aquellas instancias transformadoras que están impactando en la sensibilidad cultural del presente.

LOUTA en vivo forma parte de aquella singular especie integrada por los shows imperdibles.

LOUTA, por LOUTA

“Antes que nada yo soy músico, digamos, el proyecto tiene como estructura y como columna vertebral un disco, canciones, por ahí empieza todo. A partir de ahí existe la posibilidad de abrazar todas las ramas artísticas para apoyar eso. Yo creo que Louta abarca todos los espectros y ramas artísticas, pero parte de una banda o un proyecto que hace canciones. Creo que está bueno elegir el lugar por dónde empezar, y después aprovechar todos los recursos. Me parece que está bueno entender uno desde dónde parte, desde qué formato.

A mí me gusta mucho el concepto publicitario, la posibilidad de conceptualizar algo en la repetición, de adueñarse de una estética y la posibilidad de que te identifiquen. Con solo ver una parte de una chomba celeste, es Louta. Es la posibilidad de que una parte identifique un todo. Es un mecanismo que se usa mucho con las marcas, pero me gusta usarlo para el arte. Me parece que eso fue lo divertido que hizo Andy Warhol, dijo “Bueno, este mecanismo lo usan las marcas, yo lo uso adentro de un museo”.

“El rol de los jóvenes no tiene que ver con que ellos son el futuro, sino que los jóvenes son el presente, y a partir de asumir la responsabilidad en estas circunstancias tan nefastas en que se encuentra la humanidad, sin mirar para otro lado, yendo hacia adelante y con coraje, tienen la posibilidad de crear una nueva era”.

*LOUTA
Presentación del disco “Enchastre”
Viernes 21 de diciembre a las 19h
Teatro Vorterix
Av. Federico Lacroze 3455, Colegiales

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