(Julieta Ferrario)
(Julieta Ferrario)

El destino estaba sellado para Martín Ocampo. Era cuestión de dilucidar si Horacio Rodríguez Larreta esperaría a que pasara la cumbre del G20 para promover la salida del ahora ex ministro de Seguridad.

Al final, el jefe de Gobierno porteño decidió correr a Ocampo en la tarde de este lunes, 48 horas después de los vergonzosos disturbios del sábado en torno a la final de la Copa Libertadores, azuzados en buena medida por el deficiente operativo de seguridad a cargo de la administración local.

Con la salida de Ocampo, cuya gestión pendía de un hilo desde hacía tiempo, Rodríguez Larreta ensayó un movimiento de piezas interno que mantendrá aún no se sabe por cuánto tiempo. Diego Santilli, el vicejefe de Gobierno que en estos meses deberá definir si acepta o no acompañar de nuevo al jefe porteño en las próximas elecciones, quedará a cargo del área de Seguridad. No hace falta que renuncie a la vicejefatura.

Marcelo D’Alessandro, secretario de Seguridad seguirá en su puesto. La relación entre D’Alessandro y Ocampo se había resquebrajado desde hacía tiempo. El secretario había oficiado de vocero en los últimos meses, incluso por encima del ministro.

Hace casi un mes, Felipe Miguel, el jefe de Gabinete, había intervenido con más dedicación en el área. Y la cúpula del Gobierno había ubicado full time a Fernando “Bana” Banegas, secretario de Planeamiento y Control de Gestión, como una virtual intervención del ministerio.

Ocampo fue el gran ausente en la improvisada conferencia de prensa del domingo al mediodía en Uspallata, minutos después de que la Conmebol oficializara la suspensión del clásico. Rodríguez Larreta estuvo acompañado por Santilli y por Miguel.

La entrada de Santilli al frente de la cartera, aunque sin papeles, abre un interrogante sobre su futuro rol durante la campaña electoral, más allá de si acepta o no revalidar su cargo de vicejefe. Es que, según confiaron desde la Ciudad, la seguridad va a ser uno de los principales ejes de la campaña 2019.

Santilli es uno de los dirigentes más relevantes de la cúpula del PRO. Integró la mesa del partido que, hasta hace algunos meses, se juntaba con asiduidad y a la que se sentaban Marcos Peña, María Eugenia Vidal, Federico Salvai, Fernando de Andreis y Rodríguez Larreta.

(Prensa Presidencia)
(Prensa Presidencia)

El jefe de Gobierno porteño convocó de urgencia a su gabinete y a sus principales espadas de la Legislatura para unificar discurso y dar detalles de los cambios.

Ocampo, en tanto, volvería a la Fiscalía General de la Ciudad, a la que había pedido licencia para asumir como ministro de Justicia y Seguridad. Su llegada a esa oficina había sido por el espaldarazo de Daniel Angelici, presidente de Boca y operador judicial, de históricos lazos con la Justicia porteña. Paradójico: Angelici, una veintena de dirigentes xeneizes y el plantel profesional de fútbol que el sábado se dirigía al estadio Monumental sufrieron en carne propia las deficiencias del operativo de seguridad a cargo de Ocampo.

Esta mañana, tanto Peña como la ministra Patricia Bullrich intentaron ahuyentar rumores sobre los cada vez más evidentes chispazos entre Nación y Ciudad. “La responsabilidad del operativo es de la Ciudad, pero somos parte del mismo equipo”, dijo el jefe de Gabinete.

A esa altura, los cortocircuitos entre Bullrich y Ocampo eran cada vez más evidentes. En medio de una brutal interna entre las fuerzas policiales que se desató desde el traspaso de la Federal a la Ciudad, un proceso originado en enero del 2015. La cúpula del Ministerio de Seguridad porteño nunca pudo controlar el traslado de las 54 comisarías y los pases de facturas policíacos.



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