(Augusto Fornaciari) Los fanáticos pusieron el color de la noche
(Augusto Fornaciari) Los fanáticos pusieron el color de la noche

A base de aplausos y gritos, el público argentino le dio la bienvenida a UFC al país. Ni bien bajaron las luces y Joe Martinez presentó la primer pelea de la velada, los presentes en el Parque Roca comenzaron a rugir. En la espera por Santiago Ponzinibbio, los peleadores sudamericanos fueron los elegidos por la afición para darle su apoyo por sobre el resto de los luchadores de distintos continentes.

“¡Dale Brasil!”. “¡Rompelo!”. Los gritos no se hicieron esperar para Anderson Dos Santos. Cada golpe, cada jab fue festejado por los fanáticos, que finalmente vieron como su elegido caía por decisión ante el inglés Nad Namiri.

Sólo había pasado un combate y la afición ya se había adueñado del Estadio Mary Terán de Weiss. “¡Perú, perú, Perú!”. “¡Matalo!”; Un nuevo sudamericano subió al octágono para la segunda presentación y el público volvió a elegir. Esta vez, el peruano Jesús Pinedo se ganó la ovación por sobre el estadounidense Devin Powell. “¡Pegale con el empeine!”. “¡Dormilo!”. “¡Arrancale la cabeza!”: Los fanáticos ya comenzaban a sentir la adrenalina presente en el octágono y pudieron festejar en una lluvia de aplausos tras la victoria por decisión del limeño.

(Augusto Fornaciari)
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Todos de pie. El himno nacional acompañó la llegada al ring del primer argentino. Laureano Staropoli se hizo presente en el recinto y las tribunas estallaron. El mexicano Héctor Aldana peleaba no solo con el oriundo de La Plata sino también con los miles de seguidores presentes. “¡Argentina… Argentina… !”.

“¡…Soy argentino, no puedo parar!”, el estadio se volvió un hervidero llegado el tercer asalto y con todas las de ganar para el representante nacional. La cara magullada y ensangrentada del mexicano animaba al público a seguir alentando. Staropoli cumplió con la gente y se llevó el combate por decisión unánime. El llanto del argentino, y su discurso de agradecimiento posterior, elevó la temperatura en los seguidores, que ya deseaban ver a Santiago Ponzinibbio en acción.

Pasaron cinco peleas y ya se empezaban a sentir las consecuencias en las gargantas de los aficionados, ásperas y carrasposas. Las primeras sumisiones de la noche llegaron de la mano de los brasileños Alexandre Pantoja y Michel Prazeres, las cuales reavivaron la fiebre de los espectadores.

(Augusto Fornaciari)
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Se apagaron las luces y el bullicio comenzó a hacerse presente. El ecuatoriano Marlon Vera saltaba al escenario para enfrentar al segundo argentino de la velada: Guido Cannetti. Los silbidos y los insultos tomaron el protagonismo y se volvieron ensordecedores: “¡Muerto!. “¡Burro!”. “Hoy caes”. Sin embargo, el ambiente cambió rotundamente cuando empezó a sonar “Damas Gratis” con la entrada del hombre de San Antonio de Padua al recinto.

“¡Dale Ninja!”, “¡Rompelo todo!”. La tensión y la adrenalina se apoderaron del Parque Roca. Con su aliento, los fanáticos impulsaron una pelea llena de pasión y no hubo un segundo de silencio durante los cinco minutos que duró el primer asalto.

“¡Soltalo!” se escuchó al comienzo del segundo round. Desde la tribuna intentaron defender como pudieron a su luchador. Sin embargo, no consiguieron evitar una nueva sumisión, esta vez del chonense que silenció por un instante al Estadio. “Yo nunca pedí pelear con Guido Cannetti, somos grandes amigos y esto es un negocio. Perdón y gracias argentinos”, fueron las palabras con las que Vera se ganó los aplausos de un público dolido por la derrota.

(Augusto Fornaciari)
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Ante la ausencia de golpes claves los fanáticos comenzaron a irritarse. “¡Aburrido!”, “¡Pegale!”, “¡Dejen de caminar!”. Comentarios y silbidos fueron de menor a mayor, en un público que quería ver sangre en una noche que hasta el momento no había sido testigo de ningún nocaut. Un impacto certero que llegó recién en el décimo combate, con la victoria de Johnny Walker sobre Khalil Rountree Jr por un codazo en la cien.

Si en cada pelea que salió un argentino, el Estadio Mary Terán de Weiss se revolucionó, la presentación de Santiago Ponzinibbio a las 2:30 de la mañana hizo que el recinto temblara. Las banderas ablicelestes se desplegaron en las gradas y los flashes de los celulares iluminaron el camino del platense hasta el octágono, al cual entró bajo una tormenta de aplausos.

No fue el mismo escenario para el estadounidense Neil Magny, que sintió desde el inicio su condición de visitante.

(Augusto Fornaciari)
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Los golpes de Ponzinibbio se hicieron cada vez más potentes con los gritos de la afición. Un derechazo al último segundo del primer round hizo rugir a los fanáticos, que en ningún momento pararon de alentar y apoyar a “Gente Boa”.

Cada impacto del estadounidense sobre el cuerpo del “Rasta” también alcanzaba al público, que sufría e intentaba buscar una venganza bajo el puño del argentino.

El de Illinois sintió cada golpe con la potencia de los miles de fanáticos que alentaban a Santiago, que en el cuarto asalto ganó por nocaut. Neil Magny no estaba peleando solo con Ponzinibbio; adentro del octágono también estaban los miles de argentinos. “Ustedes se merecen esta victoria. Gracias por haber venido a darme su apoyo”, concluyó al término de su presentación.

 

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