La iniciativa del Gobierno supone un crecimiento del 10% anual acumulativo en un ciclo ininterrumpido de 12 años (Adrián Escandar)
La iniciativa del Gobierno supone un crecimiento del 10% anual acumulativo en un ciclo ininterrumpido de 12 años (Adrián Escandar)

Aspirar a un crecimiento de las exportaciones a un ritmo de 10% acumulativo anual durante más de 10 años parece exagerado para un país que está en recesión, que permanecerá así por varios meses más, que tiene una tasa de inversión bajísima y en retroceso, que no cuenta con una clase capitalista propensa a salir a competir al mundo, y que desde 2011 ha venido reduciendo sus ventas al exterior casi ininterrumpidamente, bajando desde 83.000 a 58.000 millones de dólares en 2017.

Sin embargo, en el pasado reciente la Argentina ha triplicado varias veces sus exportaciones en un plazo de 12 años o incluso menos. Lo hizo entre 1965 y 1977, entre 1972 y 1978, entre 1987 y 1995 y entre 2001 y 2011.

Pero para que esos saltos se repitan no alcanza con la fijación de un objetivo. Para eso se requiere de políticas adecuadas y sostenidas en el tiempo. Sobre lo primero, este gobierno no dado muestras hasta el momento de estar a la altura de las circunstancias. Sobre la constancia habrá que dejar que hable el futuro.

La Argentina ha triplicado varias veces sus exportaciones en un plazo de 12 años o incluso menos. Lo hizo entre 1965 y 1977, entre 1972 y 1978, entre 1987 y 1995 y entre 2001 y 2011

Un proyecto aún en estudio

Lo presentado ayer tiene más de voluntarismo y generalidades que de un plan elaborado y provocador de entusiasmo. Se anunció la conformación de mesas de trabajo para definir cursos de acción, y se rellenó la presentación con algunas medidas de fomento crediticio. Calculan que el plan podría quedar definido hacia fin de año.

Recién entonces habría elementos como para evaluar si la metas de elevar las exportaciones de bienes y servicios de USD 72.000 millones en 2017 (USD 58.000 millones en bienes y USD 14.000 millones en servicios) a USD 100.000 millones en 2023 (75% y 25%, en cada caso), y a USD 200.000 millones en 2030 (70% y 30%, respectivamente), tiene alguna razonabilidad o son nada más que números tirados al voleo.

Por el momento, lo que prevalece es el voluntarismo, el revoleo de cifras, y la necesidad de anuncios impactantes. Lo deja en evidencia la secuencia con la que el Gobierno actúa. Lo lógico hubiera sido que en base a las condiciones existentes locales e internacionales, las mesas de trabajo analizarán el potencial existente, evaluaran las distintas estrategias posibles, saldaran los inevitables conflictos de intereses que irán surgiendo, y en caso de llegar a acuerdos, se definieran los instrumentos y se cuantificaran los resultados posibles de alcanzar.

La iniciativa apunta a exportar en 12 años por unos USD 200.000 millones, 70% de bienes y 30% de servicios

Empresas de clase mundial

Pero se lo está haciendo al revés. Se fijaron como metas triplicar las exportaciones en doce años y cuadruplicar la cantidad de empresas que exportan de las menos de 6.000 actuales a 40.000 en 2030, y recién a partir de ahora se verá como se hace para cumplirlas.

¿Por qué triplicar y no cuadruplicar, o quintuplicar? ¿Por qué triplicar en doce años y no en ocho o en quince? Voluntarismo e improvisación. Y, además, inconsistencia.

En el anuncio de Argentina Exporta Mauricio Macri dijo que “las Pymes son el corazón de la Argentina” y que él está comprometido a ayudarlas a crecer y a exportar, porque son muy generadoras de empleo. Eso contrasta con el hecho de que la línea de préstamos blandos a una tasa del 29% anual que el Gobierno lanzó para amortiguar la actual crisis otorgó 20.000 mil créditos, beneficiando a apenas el 3% de las Pymes existentes.

Mauricio Macri dijo que “las Pymes son el corazón de la Argentina” y que él está comprometido a ayudarlas a crecer y a exportar

No es mucho lo que el Gobierno tiene para mostrar acerca de su gestión en materia exportadora. En términos macroeconómicos y partiendo de niveles bajos, el monto de ventas al exterior subió un 1,7% en 2016, se atenuó a 0,9% el año pasado y en los primeros ocho meses de este año repuntó 4,1 por ciento.

Los resultados son mejores en términos de industria: las manufacturas de origen industrial registran un aumento anual promedio del 11 por ciento entre 2016 y ahora.

Las exportaciones de la Argentina apenas representan el 0,38% del total mundial (Adrián Escandar)
Las exportaciones de la Argentina apenas representan el 0,38% del total mundial (Adrián Escandar)

La escasa eficacia exportadora del país, responsabilidad compartida entre gobierno y empresarios, se verifica especialmente en la relación con China, la economía que más crece en el mundo y que cuenta con un mercado de clase media, media alta y alta de más de 500 millones de personas. Las ventas totales a ese país han caído 13,5% en 2016, otro 1,6% en 2017 y acumulan un retroceso de 23,2% en los primeros meses de este año.

El desaprovechamiento de la oportunidad China fue resaltada con resignación por el mismísimo embajador en Beijing, Diego Guelar. Contó que realizó un relevamiento en el que identificó 390 productos que se fabrican aquí y que bien podrían competir en el gigante asiático, de los cuales apenas cinco se encuentran en góndolas de aquel país.

Diego Guelar afirma que ese trabajo fue ampliamente difundido en el mundo empresarial, pero que casi no recibió ninguna consulta o interés en el tema. Entre otras cosas señala “es inconcebible que los chinos puedan comprar lácteos de la uruguaya Conaprole por Internet y nada de lácteos argentinos”, o que “los chilenos exporten 800 millones de dólares anuales de cerezas y casi no haya ninguna fruta argentina”.

Diego Guelar: “es inconcebible que los chinos puedan comprar lácteos de la uruguaya Conaprole por Internet y nada de lácteos argentinos”, o que “los chilenos exporten 800 millones de dólares anuales de cerezas y casi no haya ninguna fruta argentina”

Guelar atribuye el fracaso a asuntos de política económica que dificultan la competitividad, a deficiencias de infraestructura y logística, y también al escaso espíritu emprendedor de los capitalistas argentinos para realizar las inversiones necesarias para alcanzar la escala que requieren el mercado chino.

Una parte considerable de las recurrentes crisis externas que vive el país se debe a su debilidad exportadora. Si la Argentina lograra triplicar lo que vende en doce años, la mejora sería sustancial. Pero para lograr esa meta o, como le gusta decir a Macri, para que la Argentina se convierta en el supermercado del mundo, se necesita de más políticas serias y menos anuncios vacíos.

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