Santiago Maldonado tenía 28 años
Santiago Maldonado tenía 28 años

Santiago Maldonado se murió sin saber que su rostro se impregnaría-para honrarlo o para humillarlo- en la memoria de un país. No habrá imaginado ni una escena de todo lo que pasaría, mientras, con esa mirada clara que lo eternizó, observaba el paisaje patagónico de invierno por la ventana del auto que lo llevaba de El Bolsón hasta la Pu Lof en Resistencia de Cushamen. Eran sus últimas 24 horas.

No habrá pensado “Lechu” o “El Brujo”, como le decían sus amigos, que ese sería el último de sus tantos viajes, que no llegaría a su 25 de Mayo natal, donde lo esperaban su mamá y su abuela para saludarlo por su cumpleaños 28, ni que pocas horas después de pisar tierra mapuche iba a tener que salir corriendo entre balas de Gendarmería, piedras de todos lados y gritos de mujeres y niños hasta un río del que, según la historia oficial, salió 78 días después sin vida.

¿Qué joven puede imaginar que, como consecuencia de su decisión de apoyar el reclamo de un pequeño grupo de mapuches, terminará regresando a su pueblo metido en un cajón?

Santiago Maldonado fue visto vivo por última vez el 1º de agosto de 2017. Se desconoce quién fue la última persona en mirarlo de frente a ojos inmortalizados: ¿fue alguien de la comunidad originaria, cuando decidieron correr hacia el río tras la invasión de la Gendarmería dentro del predio mapuche? ¿O se trató de un gendarme en la orilla del Chubut?

La Justicia investigó las causas de su muerte, pero no las circunstancias. El juez Guillermo Lleral decidio archivar el expediente y ahora la causa encaró el camino de la disputa en tribunales superiores. La Cámara de Apelaciones debe decidir si archiva o si hace caso a la familia de la víctima y pide que la investigación continúe. Si la decisión es cerrar el caso, los Maldonado llevarán su reclamo hasta la Corte Suprema.

La última escena de la vida del joven tatuador es un cuadro en negro. Falta esa foto imaginaria en el expediente del caso. Lo que sí se puede reconstruir por la voz de sus familiares y sus amigos es quién era Santiago y qué hizo las últimas horas antes de morir: por qué estaba allí, en territorio mapuche “recuperado”, qué quería y qué no para su país.

Maldonado sentía empatía por los reclamos de todos los pueblos originarios y por un estilo de vida conectado a la tierra, lejos del sistema capitalista. En 2011, durante un viaje con amigos por Misiones, Santiago fue atendido por un chamán, que le curó con plantas una infección urinaria. En aquel viaje tuvo su primer impacto de cercanía con la muerte: cayó al río desde un bote, sintió el peso de la gravedad en sus borceguíes llenos de agua, y fue rescatado por sus amigos. De aquella experiencia le quedó el pavor por el agua, que probablemente habrá sentido cuando frenó la corrida y quedó entre las armas de Gendarmería y la orilla del helado río Chubut.

Donde estuviera él se acercaba a las comunidades indígenas, quería saber más sobre sus historias y siempre apoyaba los reclamos por los derechos ancestrales que estas comunidades tienen sobre sus tierras.

No se sabe cuándo decidió ir a la Pu Lof de Cushamen, pero el antecedente más directo está fijado apenas unos días antes de su llegada al territorio ocupado dentro de las tierras del magnate Luciano Benetton, el 29 de julio de 2017, cuando junto a parte de la comunidad de El Bolsón viajó hasta Esquel para marchar por la liberación del lonko Facundo Jones Huala.

El 31 de ese mes, finalmente conoció Cushamen. Viajó

 



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