El “Capitán Miranda” arribó el viernes al Apostadero Naval Buenos Aires. En la foto, las velas diseañadas por el artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró (Guillermo Llamos)
El “Capitán Miranda” arribó el viernes al Apostadero Naval Buenos Aires. En la foto, las velas diseañadas por el artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró (Guillermo Llamos)

Tras una reparación integral que demandó más de cinco años y avanzó sobre los más mínimos detalles de la nave, el velero escuela de la Armada Uruguaya “Capitán Miranda” arribó el viernes a la ciudad de Buenos Aires hacia el final de su 30° viaje formativo para los jóvenes guardamarinas.

El “Capitán Miranda” debió atravesar una potente tormenta que arrojó vientos de 80 nudos en el Río de la Plata y puso a prueba los trabajos realizados sobre el barco, que había iniciado su recorrido el 12 de octubre y alcanzó la ciudad de Belén, en Brasil, en su punto más al norte.

Miembros de la tripulación del “Capitán Miranda” montando guardia en la cubierta del velero escuela, amarrado en Buenos Aires hasta el lunes (Guillermo Llamos)
Miembros de la tripulación del “Capitán Miranda” montando guardia en la cubierta del velero escuela, amarrado en Buenos Aires hasta el lunes (Guillermo Llamos)

“El que navega en el Río de la Plata, navega en cualquier lado. La tormenta fue muy dura, típico de nuestro escenario, donde rápidamente cambian las condiciones meteorológicas, donde se navega en aguas restringidas, con muchos bajos fondos. Fue una clase típica de lo que es la navegación con mal tiempo y en las peores condiciones, por suerte el barco y la tripulación respondieron de excelente manera“, indicó el comandante del velero escuela, Capitán de Navío Henry Ogando, en diálogo con Infobae.

Ogando dijo no poder recordar intensidades de viento como las registradas el jueves durante la tormenta, que provocó inundaciones y destrozos en diferentes puntos del país y que forzó al velero a arribar a la ciudad pasado el mediodía. “Tuvimos rachas por encima de los 80 nudos, unos 160 kilómetros por hora”, ilustró.

El comandante del “Capitán Miranda”, capitán de navío Henry Ogando (Guillermo Llamos)
El comandante del “Capitán Miranda”, capitán de navío Henry Ogando (Guillermo Llamos)

La travesía fue pensada para cumplir dos misiones. En primer lugar retomar la tarea del velero como escuela para los reclutas de ambos sexos de la Armada de Uruguay, así como también continuar la tradición diplomática que estos navío desempeñan en la región, como la fragata “Libertad” de Argentina o el “Cisne Branco” de Brasil.

En total, 17 Guardia Marinas de la armada, jóvenes reclutas que han terminado sus estudios, participaron del viaje en el que completarán su formación, entre ellos cuatro mujeres. Además, otras cinco mujeres formaron parte de la tripulación de 73 marinos. Desde el 2004 el personal femenino participa en igualdad de condiciones en las actividades de la Armada y en las travesías del “Capitán Miranda”.

Marineros del “Capitán Miranda” (Guillermo Llamos)
Marineros del “Capitán Miranda” (Guillermo Llamos)
El puente de mando del velero escuela, hecho a nuevo durante los cinco años de reparación integral (Guillermo Llamos)
El puente de mando del velero escuela, hecho a nuevo durante los cinco años de reparación integral (Guillermo Llamos)

Como destacan las autoridades del barco, se trata del 23% de los Guardia Marinas y poco más del 10% del total de los tripulantes. “En los últimos años se ha incrementado la cuota de personal femenino”, afirmó el comandante Ogando, en medio de un repunte general en el reclutamiento tras un período de merma.

En segundo lugar, se buscó testear y someter a pruebas los trabajos de reparación y restauración que llevaron al desmantelamiento de grandes porciones del barco, incluyendo su puente de mando, y que incluyeron la incorporación de equipos modernos de comunicación satelital y comunicación.

Una de las cenefas diseñadas por Carlos Paéz Vilaro, en popa (Guillermo Llamos)
Una de las cenefas diseñadas por Carlos Paéz Vilaro, en popa (Guillermo Llamos)

Por esta razón, se trató de un viaje más corto, y sin incluir un cruce del Océano Atlántico, que los usualmente encarados por el “Capitán Miranda” hasta el año 2010, cuando la marina uruguaya comenzó a analizar la posibilidad de reemplazar al longevo navío o bien restaurarlo integralmente.

El velero fue construido en 1930 como barco hidrógráfico en los Astilleros Españoles de Matagorda, en Cádiz, España, por la Sociedad Española de Construcción Naval y ante un contrato de la Marina de Uruguay.

El motor del velero escuela es también nuevo (Guillermo Llamos)
El motor del velero escuela es también nuevo (Guillermo Llamos)

Fue bautizado en honor al capitán Francisco Prudencio Miranda, marino, hidrógrafo e historiador uruguayo nacido en 1869 y fallecido en 1925.

En 1976 el “Capitán Miranda” se salvó del desguace cuando el Comandante en Jefe de la Armada Uruguaya de ese entonces, Vice Almirante Hugo L. Márquez, ordenó su transformación a velero escuela.

La sala de control en el cuarto de máquinas (Guillermo Llamos)
La sala de control en el cuarto de máquinas (Guillermo Llamos)

Para eso se instalaron los tres mástiles de duraluminio que aún conserva, entre otras mejoras, y en 1978 realizó su primer viaje de instrucción. Casi diez años después, en 1987, dio su primera vuelta al mundo recorriendo 34.101 millas náuticas en 355 días.

Volvió a los astilleros españoles en 1993 para someterse a una reparación integral, y en 2013, dos décadas después, comenzó el último proceso de mantenimiento esta vez en instalaciones uruguayas.

Las literas de los Guardia Marinas (Guillermo Llamos)
Las literas de los Guardia Marinas (Guillermo Llamos)

En total, las reparaciones requirieron de 990 días en el dique seco y otros 900 días en el muelle, tiempo durante el cual los Guardia Marinas uruguayos debieron realizar sus viajes de formación en los veleros escuela de otros países de la región.

Ahora, los oficiales del “Capitán Miranda” aseguran que el velero “se comportó muy bien” durante la travesía y en medio de la tormenta, y que se logró generar nuevamente confianza en las capacidades del velero, según dijeron a Infobae. Y aunque se espera que el barco sea finalmente relevado de sus funciones para el año 2030, “podría navegar otros 88 años más” luego de los trabajos realizados, aseguraron.

Área de esparcimiento de los Guardia Marinas (Guillermo Llamos)
Área de esparcimiento de los Guardia Marinas (Guillermo Llamos)
El comedor para los jóvenes reclutas (Guillermo Llamos)
El comedor para los jóvenes reclutas (Guillermo Llamos)

“Para nosotros realmente es una gran satisfacion hoy poder decir que el velero esta operando nuevamente con todas sus capacidades, cumpliendo con su misión básica que es la formación de los Guardia Marinas, pero sin dejar de lado su rol como representante y embajador itinerante que tiene nuestro país por los mares del mundo“, señaló el comandante Ogando.

Es actualmente el buque insignia de la Armada de Uruguay y dos de sus velas con enormes soles y sus cenefas son obra del artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró, réplicas de los originales donados por el pintor aún en vida y que sufrieron el desgaste propio de la navegación de alta mar.

En la sala de máquinas, tacos de madera utilizados para tapar eventuales fisuras en el casco (Guillermo Llamos)
En la sala de máquinas, tacos de madera utilizados para tapar eventuales fisuras en el casco (Guillermo Llamos)

“Quiero puntualizar que este barco es muy particular y tiene un gran significado para nuestra instutición, por el simple hecho de que es uno de los pocos barcos que nuestro gobierno ha encargado construir, ya que generalmente nuestra armada adquiere buques de segundo orden”, señaló Ogando.

El “Capitán Miranda” arribó al Apostadero Naval Buenos Aires, en la capital argentina, el viernes por la mañana. Este sábado abrirá sus puertas a los visiantes entre las 15:00 y las 19:00 con entrada gratuita, y el lunes zarpará a primera hora para evitar una medida de fuerza preparada por los trabajadores de remolcadores en el puerto de Buenos Aires.

El elegante salón y comedor de los oficiales, que ha mantenido el lujo y el estilo original de 1930 (Guillermo Llamos)
El elegante salón y comedor de los oficiales, que ha mantenido el lujo y el estilo original de 1930 (Guillermo Llamos)
Las entrañas del barco (Guillermo Llamos)
Las entrañas del barco (Guillermo Llamos)

“El barco es una ciudad de 73 habitantes, hay que administrar servicios de todo tipo y al mismo tiempo la ciudad está permanentemente en movimiento”, describió Ogando.

Su próximo destino será Punta del Este, en Uruguay, donde la tripulación se preparará para el retorno a Montevideo el 21 de diciembre, que marcará la conclusión de este 30° viaje.

Una de las velas diseñadas por Carlos Páez Vilaró (Guillermo Llamos)
Una de las velas diseñadas por Carlos Páez Vilaró (Guillermo Llamos)

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