(Reuters)
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A partir de las 20 horas de este domingo 28 de octubre, nada más será como era entonces, en la política, la economía y las relaciones internacionales de Brasil y sobre todo en la región.

Una vez que cierren las urnas de la región noroeste de Brasil, el Tribunal Regional Electoral, comenzará a divulgar los resultados parciales de las elecciones presidenciales 2018.

Si bien todas las encuestas dan como vencedor al candidato Jair Bolsonaro, hasta no tener el escrutinio de por lo menos el 75% de las urnas electrónicas (lo que debe ser alrededor de las 21, horario de Brasilia), nadie podrá cantar victoria.

En la última semana, se observó un crecimiento en la preferencia electoral de Fernando Haddad con una caída de Jair Bolsonaro. El motivo de estos movimientos se debe a una mayor exposición de Haddad en los horarios en los que debió haber debate entre los candidatos, a la falta de esos debates y al cuerpo a cuerpo con electores de diferentes partes de Brasil, mientras que la caída de Bolsonaro se atribuye al discurso que dio desde su casa a quienes manifestaban en la Avenida Paulista en San Pablo, en que el candidato de la derecha afirmaba que exterminaría al Partido de los Trabajadores, lo que generó una sensación de amenaza hacia la teórica oposición caso gane las elecciones.

No obstante el aumento de votos potenciales en Haddad y la caída de Bolsonaro, todas las encuestas del dia de ayer, muestran porcentajes parecidos: Bolsonaro entre un 55% y 58% y Haddad entre un 45% y el 42%.

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Una información, no pasó desapercibida para los analistas: Según la encuestadora DataFolha, el voto negativo (rejeição en portugués) de Haddad podría darte tranquilidad al candidato Bolsonaro: el 52% de los votantes no votaria de ninguna manera en el candidato del Partido de los Trabajadores. Manteniendo la lógica matemática, si el 52% no votaría en Haddad, Bolsonaro tendría asegurada la victoria.

Fue también en el día de ayer, sábado, que Fernando Haddad consiguió dos apoyos tan importantes como sorprendentes.

Joaquin Barbosa, ex presidente de la Corte Suprema en el proceso conocido como Mensalon (mensalão) en que gran parte de la cúpula del PT fue sentenciado y presa por casos de corrupción, comunico públicamente que votará en el numero 13 (Haddad) y Rodrigo Janot, ex Procurador General de la Nación, quien tuvo a su cargo muchas de las acusaciones judiciales que tienen en jaque al partido del ex presidente Lula da Silva, también definió su apoyo al delfín del hoy preso, líder de la izquierda brasileña.

Un punto de inflexión

Estas elecciones trazaran un punto de inflexión en muchos sentidos y dejaran en claro los antagonismos en varios frentes. Fueron las elecciones de la izquierda más radical contra la derecha igualmente radical.

Las elecciones de la política tradicional (que sufrió la peor derrota desde el regreso de la democracia) contra un candidato que hasta marzo de este año no tenía partido para presentarse en la contienda.

Las elecciones del surgimiento de nuevos políticos que, mediante un sistema de candidatos individuales, permitieron que renovara el 52% de los 513 diputados y el 75% de las bancas a renovar en la Cámara Alta del Senado
Donde grandes partidos utilizaron importantes sumas de dinero para organizar comicios y show-micios (comicios con shows artísticos), mientras que los candidatos con menos recursos, usaron y abusaron del uso de las redes sociales, con excelentes resultados.

Se trata de una elección a presidente donde cuenta más el voto contra el otro candidato que el voto a favor de alguna de las propuestas.

Si las encuestas se confirman, puede ser el punto de inflexión respecto de la posición del Partido de los Trabajadores que tendría, según muestran todos los sondeos, el peor resultado cuando en la segunda vuelta de las elecciones de 1989 obtuvo el 46,97% de los votos validos.

Cambiará mucho en función del resultado electoral, respecto de las prioridades del electorado.

En caso de ganar Fernando Haddad, quedará claro, en función de las propuestas de gobierno de este candidato, que los brasileños priorizaron la asistencia social, más control de estado en la economía, mayor expansión del crédito con tasas de interés más bajas y ampliación del gasto público. En las relaciones internacionales, mayor importancia a los acuerdos con democracias socialistas (así lo dice textual el programa de Haddad), reforzando la UNASUR.

Es absolutamente claro para los analistas políticos locales e internacionales que en caso que el electorado afirme su preferencia por Haddad, la izquierda brasileña conquistara un voto de confianza en que los errores del pasado podrán servir como base de aprendizaje para una nueva forma de gobernar, y a los opositores, la duda si el PT no volverá a ocupar espacio en lo público con el único objetivo de mantenerse en el poder a cualquier costo y continuando con la fiesta de la corrupción como en los 14 años de gobierno desde Lula hasta Dilma.

Considerando las propuestas en el área económica, es difícil encontrar empresarios que apoyen al candidato petista, no obstante que a todos que provienen de la patria contratista, les queda la esperanza que Haddad, en caso de consagrarse victorioso, pueda hacer un gobierno a la modalidad de Lula que fue catalogado como un presidente violinista: asumió con la izquierda pero ejecutó con la derecha.

En caso de ganar Jair Bolsonaro, quedara claro en función de las propuestas de gobierno de este candidato que la población eligió desterrar partidos vinculados a la corrupción de la vida política de Brasil, que desea mano dura en la lucha contra la inseguridad y que asume el riesgo de un gobierno autoritario a cambio de mudanzas estructurales en la forma de hacer política

En lo referido a la economía, la dirección de este candidato es todo lo opuesto a Haddad.

Bolsonaro propone una visión económica de libre mercado y con conceptos absolutamente capitalistas. De hecho, en su propuesta de gobierno dice “combatir la economía socialista y comunista de Brasil”. Entusiasma mucho más a los empresarios, industriales y representantes del campo, la propuesta de un estado con menor tamaño y participación y un cuidado especial en el equilibrio fiscal.

Jair Bolsonaro (AFP)
Jair Bolsonaro (AFP)

En función de ambas propuestas, luego del resultado electoral, Brasil dará un guiño hacia la izquierda o hacia la derecha, pero no mantendrá el rumbo por el que transita en la actualidad. No obstante que los indicadores económicos de Brasil, gozan de buena salud -sobre todo si lo comparamos con otras economías de la región-, la victoria de uno u otro candidato, alterara a ecuación de los mismos en función de propuestas tan diferentes entre una y otra posición.

Se observa otro importante punto de inflexión en la participación que tendrán los militares, en caso de un eventual gobierno de Bolsonaro. Según el propio candidato, serán al menos cinco ministros que provendrán de las fuerzas armadas y por primera vez desde 1964 altos mandos militares se colocaran en lo más alto del poder político de forma democrática.

Por último, lo más importante en términos electorales se observa en que a partir de estas elecciones, queda claro para todo el sector político que el pueblo está cansado de los legisladores manchados por casos de corrupción que pensaron que podrían ampararse en sus bancas como Senadores o Diputados en búsqueda de fueros privilegiados que demoren su eventual responsabilidad penal.

La gran mayoría de los involucrados en procesos penales y cuyos nombres fueron incluidos en las investigaciones del proceso Lava Jato, han quedado fuera de la política por los próximos 4 años y a partir de enero podremos verlos desfilando por los juzgados del juez Sergio Moro en Curitiba, Ricardo Leite en Brasilia o Marcelo Bretas en Rio de Janeiro.

En el ámbito internacional, la mayor inflexión se dará en el caso que gane Bolsonaro, porque este tipo de resultados electorales no previstos (pocos o ningún analista podría, hace dos meses tras, imaginar estos guarismos en las encuestas) le dará ímpetu a nuevas fuerzas políticas que, por afuera de los partidos tradicionales pueden emular los resultados obtenidos por un candidato que, sin partido, sin estructura, sin dinero y sin aliados, puede tener la responsabilidad de cambiar no solo la forma de hacer política en Brasil, como también la formación política regional de un continente.

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