El Atacama en chile no ha registrado precipitaciones significativas en medio siglo (Foto: AP)
El Atacama en chile no ha registrado precipitaciones significativas en medio siglo (Foto: AP)

El desierto de Atacama en Chile es considerado como uno de los lugares más secos del mundo, al año tienen una precipitación promedio de 0.04 pulgadas (0.1cm) por año y una lluvia significativa suficiente para dejar lagunas poco profundas de poca duración sólo una vez por siglo en promedio.

Los registros climáticos sugieren que no se ha producido una lluvia significativa en los últimos 500 años.

Y aunque la Atacama podría haber cobrado vida, con lo que el astrobiólogo Alberto Fairén de la Universidad de Cornell llamó el surgimiento de las “flores majestuosas” en un artículo de Fairén, publicado en la revista Scientific Reports, lo que siguió fue una mucho más muerte que vida.

Estos sucesos tienen implicaciones no solo en la Tierra, sino en planetas áridos como Marte.

A pesar de que Atacama es un lugar de todo, menos estéril, hay algunos organismos que logran subsistir allí, a pesar de todo el pronóstico adverso.

Se sabe que por lo menos dieciséis especies microbianas pueblan los suelos profundos donde hay lechos lacustres largos y secos, y lo hacen utilizando nitratos, una forma de sal del ácido nítrico, como alimento.

La cantidad de humedad mínima proviene del rastro que dejó la lluvia, así como de lo que se conoce como el invierno del altiplano, que se da entre diciembre y marzo, cuando el aire húmedo de los Andes se desplaza sobre sus montañas.

Pero sólo estos microbios pueden convertir estas despiadadas condiciones en vida, “están exquisitamente adaptados a las condiciones de desecación extremas”, versa el texto científico.

Y no es sólo el hecho de que puedan sobrevivir con tan poca agua, sino que también sean altamente tolerantes a la radiación y puedan subsistir a la intensa energía ultravioleta que emana del sol baña las colinas de este desierto.

Pero cuando el Atacama fue bañado con agua real, las cosas se pusieron difíciles, no sólo no brotaron las esperadas flores, sino que las lagunas transitorias y saladas que dejaron las lluvias habían barrido con las 12 especies microbianas, es decir se habían desvanecido completamente.

“El evento de extinción fue masivo”, dijo Fairén en un comunicado que acompaña a la publicación, ya  que un 87% de toda la vida había desaparecido en algunas regiones.

La causa de la muerte  se conoce como “shock osmótico”, y esto sucede cuando los organismos unicelulares absorben demasiada agua a través de sus membranas externas y explotan.

Es como si un microbio pudiera ahogarse y eso también se traduce en una mala noticia para la potencial vida para Marte.

Para los científicos que estudian la vida hipotética en otros mundos, Atacama ha sido considerado un buen análogo para el ambiente extraterrestre.

Al igual que el Atacama, Marte fue alguna vez un lugar muy húmedo.

Y del mismo modo el planeta perdió casi toda su agua, aunque en el caso de Marte desapareció en el espacio, mientras que en el Atacama se secó debido a los cambios climáticos.

En Marte, el agua sólo duró los primeros mil millones de años de los 4.500 millones que tiene de existencia, pero eso habría sido más que suficiente para que al menos se formara vida microbiana.

E inclusive cuando el planeta se secó por completo, pudo haber sido uno de los microbios más persistentes que pudieron haber subsistido en su superficie.

Pero el secado de Marte fue completamente desigual, en algunas partes hubo inundaciones ocasionales, en otras se vaciaron los mantos acuíferos subterráneos a causa del rompimiento de las paredes de los canales.

“Los hipotéticos ecosistemas locales se habrían expuesto más tarde de forma episódica a un estrés osmóticos aún más fuerte que los vivieron  microorganismos de Atacama”, añadió el experto. Por lo que el resultado inminente fue la muerte de microbios extraterrestres.

Y entonces, los humanos que visiten Marte podrían tener un impacto similar que cualquier organismo de vida que pudiera haber estado ahí.

En 1976, los módulos de aterrizaje de Viking utilizaron soluciones acuosas para probar la vida en muestras de suelo marciano, buscando gases reveladores que señalarían procesos biológicos.

Eso pudo haber sido un grave error. Y en ese entonces, no solo no se encontró evidencia concluyente de vida, sino que el aplicar agua a ciertas  células “habría causado primero su estallido osmótico, y luego la posterior destrucción de las moléculas orgánicas”expresó Fairén.

Y aunque no hay evidencias de que eso haya ocurrido, tampoco hay pruebas de que no haya ocurrido. Esta búsqueda de vida, no sólo en Marte sino en otros planetas del sistema continuará, pero los ecosistemas funcionan como cualquier ecosistema sin importar cuál sea su planeta de origen, y la experiencia aquí en la Tierra nos ha dejado la enseñanza que los organismos pueden ser difíciles de proteger y extremadamente fáciles de destruir.

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