Un avión de Aeroméxico con 99 pasajeros y cuatro tripulantes se estrelló el 31 de julio sin dejar víctimas fatales (EFE)

Un avión de Aeroméxico con 99 pasajeros y cuatro tripulantes se estrelló el 31 de julio sin dejar víctimas fatales (EFE)

El accidente aéreo del avión Embraer 190 de Aeroméxico, del pasado 31 de julio en Durango, norte de México, donde milagrosamente no hubo muertos, se debió a una “microrráfaga” de viento durante una tormenta. Así lo afirman las primeras conclusiones de la comisión investigadora, en las cuales se acepta que había un misterioso “tercer piloto” cuya existencia no había sido confirmada por fuentes oficiales.

El primer avance de la indagatoria, a cargo de un grupo de trabajo encabezado por la Dirección General de Aeronáutica Civil del ministerio de Comunicaciones y Transportes, señaló que “no se detectaron fallas humanas ni mecánicas” como causa del percance. El accidente también es investigado por una comisión en Estados Unidos, advirtió un artículo de ANSA.

El avión de fabricación brasileña iba a unos 300 kilómetros por hora y estaba a punto de despegar en su vuelo 2431 de la ruta Durango-Ciudad de México, en medio de una tormenta, cuando de pronto derrapó hacia un terreno adyacente al aeropuerto y se partió en dos para luego incendiarse y explotar.

Sin embargo, en los pocos minutos del interregno entre el accidente y las explosiones, la tripulación logró abrir los toboganes y evacuar a los más de 103 ocupantes (99 pasajeros y 4 tripulantes), entre los cuales resultó gravemente herido el piloto y 17 pasajeros con lesiones menores.

(EFE)

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El reporte preliminar señaló que, tras analizar los reportes meteorológicos, pedir apoyo a la Comisión Nacional del Agua y observar los videos del clima de ese día, la comisión detectó que hubo una microrráfaga de viento que había desestabilizado al aparato.

“Estas microrráfagas son fenómenos meteorológicos que están típicamente asociadas con la presencia de tormentas, tal como fue este caso y del cual el piloto tenía pleno conocimiento”, afirmó.

Luis Gerardo Fonseca, director de Aeronáutica Civil, admitió lo que era un rumor que habían recogido algunos medios: la existencia de un tercer piloto, y dijo que estaba “en entrenamiento” y “sin autorización para operar”.

“Ese piloto ocupó la posición de copiloto y realizó los procedimientos iniciales de despegue, hasta que el comandante del vuelo recuperó el control de la aeronave”, afirmó el funcionario.

Los expertos ahora se preguntan si habría una responsabilidad de que ese copiloto no estaba lo suficientemente capacitado y podría haber costado la vida a más de un centenar de personas. Sin embargo, el informe previo dio a conocer que “no existe hasta el momento evidencia de algún error en el control de la aeronave y los ejercicios del simulador así lo confirman”.

De todas maneras, las autoridades aeronáuticas anunciaron el inicio de un proceso administrativo “para empezar a determinar la responsabilidad” sobre este piloto y “también en su caso, aplicar las sanciones que establece la normatividad”.

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