Ioana Menéndez: “La menopausia es libertad, es ser. Es plantarse madura frente a una misma y elegirse otra vez”.
Ioana Menéndez: “La menopausia es libertad, es ser. Es plantarse madura frente a una misma y elegirse otra vez”.

Una cámara fotográfica la acompaña desde hace más de 25 años. Sin embargo, en el viaje de su vida, donde se dedicó de lleno a la crianza de su hija y a destacarse como fotógrafa de arquitectura y decoración, siempre hubo un sueño latente, que comenzó a revelarse hace apenas cinco años. Y fue entonces cuando se hizo presente el fuego divino: la valentía de su tatarabuela, María Behety de Menéndez, pionera en la Patagonia del siglo XIX; las agallas de su tía Josefina Menéndez Behety, que a los 52 voló en parapente por primera vez, y la audacia de su mamá, Ana Bustamante, modelo exitosa en los años ’50, que fue madre a los 44 años en Nueva Zelanda. No es raro entonces que Ioana Yogi Menéndez (53) se haya animado a practicar por primera vez el arte de la arquería, deporte que la fascinaba desde siempre.

Esos ratos de práctica eran robados a la crianza de su hija, Indiana Terzolo (19), quien por esos años era alumna de danzas del American Ballet Theatre, y significaron el empujón necesario para que en 2017, cuando su hija levantó vuelo, Yogi se animara a dar el gran salto y se dedicara de lleno al arco y la flecha. Como su tatarabuela, su tía y su mamá, ella también se jugó por su sueño.

Hoy, apenas dos años después, se prueba la celeste y blanca para representar al país en el torneo mundial indoor de la IFAA (International Field Archery Association) que se realizará en abril en la ciudad de Wellington, Nueva Zelanda. “Soy la única mujer latina de habla hispana inscripta, que además es neozelandesa de origen. Estoy entrenando y buscando auspiciantes para poder lograrlo. Es una oportunidad única”, dice entusiasmada. A ese torneo Yogi irá en representación de la AATA (Asociación Argentina de Tiradores con Arco), pero no es la primera vez: ya compitió en Sudáfrica en octubre de 2018, donde ganó medalla de oro en su especialidad, Adult Female Freestyle Unlimited (Estilo libre ilimitado).

Posando en la final del torneo outdoor de diciembre de 2017, con sus premios.
Posando en la final del torneo outdoor de diciembre de 2017, con sus premios.

“No es casual que yo sea arquera”, reflexiona. “La fotografía y este deporte tienen un tempo, una respiración, un instante perfecto que los asemeja. Filosóficamente, el gesto de soltar es emocionante. Cuando soltás una flecha, tenés que estar bien anclado, abrir el pecho en estado relajado y alerta, sin perder de vista el blanco, en presente absoluto”.

-Sos fotógrafa de profesión, pero ahora te destacás como deportista. ¿Cómo fue ese devenir en tu vida?

-La primera experiencia con un arco fue en Nueva York en 2014, donde pasaba largas temporadas acompañando a mi hija a sus clases de danza, y cada vez que podía me hacía una escapada a Queens para practicar. Indi ganó una beca en 2017 en Estados Unidos y el día que partió tomé mi primera clase en Argentina.

-Hablame de tu rol como mamá. Tenés una hija que es bailarina y te dedicaste de lleno a acompañarla a cumplir su sueño. ¿Cómo fueron esos años?

-Indiana es alegría, pausa, serenidad, pasión, luz, comprensión, talento, perseverancia y tiene una generosidad que conmueve. Mi gran compañera, a los 10 años decidió que quería bailar en el Teatro Colón con una vocación tan fuerte y marcada que era imposible no escuchar. Mi función era ser la red de contención y anidar lo mejor posible a este ser pequeño metido en un mundo adulto. Fue duro y sacrificado acompañarla, pero todo está en cómo uno decide hacerlo. Y decidí transitarlo con alegría. La cantidad de tiempo que compartíamos yendo y viniendo fortalecieron nuestro vínculo aún más.

Yogi en Sudáfrica, en pleno torneo mundial
Yogi en Sudáfrica, en pleno torneo mundial

-¿Qué te pasó cuando tu hija decidió viajar al exterior por su profesión? ¿Sentiste el síndrome del nido vacío?

-Todo lo contrario, yo la eduqué para volar, no para quedarse pegada a su mamá. Sentí libertad y disponibilidad de tiempo para mí. Los 50 son como una nueva adolescencia. Toda la energía que había puesto en acompañar la enfoqué entonces en algo que anhelaba.

-Decidiste comenzar un deporte a los 50 años, cuando la mayoría de las mujeres se consideran grandes para empezar nuevos proyectos. No es gratuito llegar a los 50 años. Quiere decir que has vivido y sobrevivido repetidas veces.

-Como diría mi amiga y psicoanalista Cecilia Lavalle, es tan importante perder como haber tenido. En esa pérdida es donde se gesta la posibilidad. Vivir es experimentar un duelo tras otro. Es movimiento constante, es tiempo y finitud. Los 50 te recuerdan que los tiempos se acortan y que lo que querías hacer, deberías  hacerlo ya. No hay más tiempo para gente tóxica, y menos para desperdiciar. La edad no es un tema cronológico sino el resultado de todas las pequeñas decisiones que tomamos durante nuestra vida.

“Siento una profunda admiración por el género femenino”
“Siento una profunda admiración por el género femenino”

-Venís de una familia donde las mujeres se destacaron por su valor y su iniciativa. ¿Qué heredaste de ellas?

-Siento una profunda admiración por el género femenino. Yo veo una diosa en cada una esperando ser escuchada. Estoy convencida de que en mi familia hay algo ancestral y propio que nos caracteriza. Mi tatarabuela, pionera de la Patagonia, en 1877 huyó al monte con sus siete hijos. Durante el famoso “motín de los artilleros” (N. de la R.: un sangriento alzamiento militar ocurrido en Punta Arenas, Chile), una bala perdida la hirió en una pierna y se la tuvieron que cortar a cuchillo. Tres generaciones después, mi tía Josefina Menéndez Behety, a los 52 años voló por primera vez en parapente y dió un giro radical en su vida, mudándose a Cuchi Corral, Córdoba, donde los lugareños la llaman “La reina del cielo” y logrando el Campeonato Nacional a los 72 años.

Su tatarabuela, María Behety de Menéndez.
Su tatarabuela, María Behety de Menéndez.

Mis primas Bárbara y Bettina Menéndez ganaron el primer torneo abierto de polo femenino. En nuestra familia las mujeres son de a caballo, amantes del campo y siempre con una escopeta al hombro. Por el otro lado mi madre, Ana Bustamante, fue la mannequin mejor paga de la Argentina en los años ’50. Trabajó muchísimo en París y en Italia, fue la primera tapa de la revista Claudia, me tuvo a los 44 años en Nueva Zelanda y mi padre, con quien estuvo 18 años, era veinte años más joven que ella. Fue una mujer divina, muy inteligente y con una cabeza muy moderna para la época.

En Sudáfrica, donde ganó medalla en su especialidad, en el torneo mundial de 2018.
En Sudáfrica, donde ganó medalla en su especialidad, en el torneo mundial de 2018.

-Tenés un costado artístico también heredado de tu papá, el artista plástico José Menéndez Hume.

-Papá es un artista genial con una imaginación increíble y una paleta de color única. Él jamás se metió con las decisiones de sus hijos. Fue quien me regaló mi primera cámara de fotos cuando tenía 9 años. Más que mi vocación artística, de él heredé su amor al campo.

Junto a su hija.
Junto a su hija.

 -La menopausia tiene mala prensa, ¿qué opinás?

-Es parte de todo, es crecer, es aceptar los cambios con alegría. Por otro lado, respirás: no más embarazos, no más período… La menopausia es libertad, es ser. Es plantarse madura frente a una misma y elegirse otra vez. A mí me encanta ser grande, quiere decir que he vivido y que he aceptado la vida como escuela. Tengo el espíritu de los 20, pero la madurez de una mujer grande.

Su hija Indiana, bailarina clásica.
Su hija Indiana, bailarina clásica.

-¿Qué esperás ahora de la vida?

-Yo vivo el presente, es la gran enseñanza que te da este deporte. Me recuerda constantemente el aquí y ahora. Quiero producir para vivir, disfrutar de mi familia, ir al mundial de Nueva Zelanda. Y siempre sueño. Todo se hace realidad cuando despertás. Y los logros van de la mano del trabajo, la dedicación y el sacrificio.

 -¿Cómo te ves dentro de veinte años?

-Me veo con veinte años más de experiencias. Seré lo que tenga que ser. Espero tener bienestar económico y salud física y mental para seguir disfrutando de lo que me gusta, haciendo deporte rodeada de familia y amigos.

Textos FABIANA POLINELLI fotos GENTILEZA IOANA MENÉNDEZ/ CARLOS VILLAMAYOR

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