Cómo es la representación femenina en el mundo laboral( Shutterstock)
Cómo es la representación femenina en el mundo laboral( Shutterstock)

POR Gerardo Cadierno

Un informe de la cartera laboral -Mujeres en el mercado de trabajo argentino- revela que dos de cada tres mujeres se ocupan en puestos de baja calificación. La gran mayoría se ocupa en tareas de servicios generales, comercialización o gestión administrativa. A la vez que muestran una menor presencia en cargos de jefatura y dirección.

“Tratamos de conversar abiertamente con nuestros clientes al iniciar el proceso de búsqueda (de candidatos para un puesto de trabajo) porque las personas que participan te brindan su tiempo y vos estás generando en ellos expectativas. Si te das cuenta de que tu cliente no va a querer a una mujer, es preferible cuidar a las personas y no hacerlas participar de un proceso en el que no tienen chances. Es lamentable porque ves gente muy valiosa que queda excluida por prejuicios o preconceptos“, explica Graciela Vinocur, gerente Bayton Professional -empresa especializada en la selección de profesionales-, al ser consultada si existen casos en los que las mujeres quedan automáticamente eliminadas para acceder a algunos cargos, incluso al presentar mejores referencias y credenciales, por el solo hecho de ser mujer.

Si bien la tasa de representación femenina en el mundo laboral creció del casi 37 por ciento en 1990 a más del 48 por ciento en 2018, en el sector privado están mayoritariamente insertas en posiciones de baja calificación y en empleos culturalmente calificados como femeninos: servicios sociales y salud, enseñanza, y trabajo en casas particulares.

Por el contrario, en todos los sectores -excepto servicios sociales y personales- la Encuesta de Indicadores Laborales revela que los varones concentran los puestos directivos.

Por ejemplo, en comercio, hoteles y restaurantes los hombres ocupan el 77 por ciento de los puestos directivos y 57 por ciento de los intermedios, una proporción que en administración desciende al 44 por ciento.

Igual hay sectores donde la cosa está peor: la Comisión Nacional de Valores presentó un estudio que revela que 97 de cada cien presidentes de empresas son hombres, aunque en las vicepresidencias este porcentaje desciende al 91,5.

Si a veces percibís que en los medios de comunicación la mujer está ausente, estás en lo cierto: sólo el 12 por ciento de las periodistas ocupa un cargo de decisión y siete de cada diez tienen un jefe varón, según datos de Género en Medios Argentinos (Genma) presentados en Fopea, un foro que agrupa a periodistas profesionales. Eso sí, el 80 por ciento de las colegas se capacitó en los últimos tres años.

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Techos de cristal y pisos pegajosos
Esto lleva a la situación conocida como ‘techo de cristal’, que no es otra cosa que barreras invisibles que hacen que las mujeres no logren ascender a puestos de decisión y entre cuyas causas la distribución asimétrica del trabajo doméstico no remunerado es fundamental.

Esta problemática se complementa con la conocida como la del ‘piso pegajoso’, que es el proceso por el cual las mujeres tienden estancarse en puestos de menor calificación que pueden ser de baja calidad, part time, a menudo informales y con salarios bajos, pero que se perfilan como la única chance de armonizar el trabajo hogareño con el acceso a alguna remuneración imprescindible para la supervivencia.

“En realidad, más que realizar pedidos expresos para excluir mujeres en las búsquedas, los clientes suelen manifestar su preferencia en función de las características del equipo en el que se va a insertar la persona o porque buscan equilibrar su composición. A veces, comentan que prefieren hombres porque el entorno de trabajo es hostil o porque consideran que -dado el tipo de actividad a desarrollar- un hombre va a tener mejor desempeño o se sentirá más cómodo que una mujer. Por ejemplo, si la posición requiere viajes frecuentes, por lo general las empresas suponen que una mujer madre de niños pequeños estará menos dispuesta a ausentarse de su hogar. Esto se basa claramente en el imaginario social de los roles familiares, donde atribuimos a la mujer la mayor responsabilidad en el cuidado de los niños y el hogar”, detalla Vinocur.

“Se puede apreciar diferencias importantes entre empresas nacionales y multinacionales. En estas últimas, hay mayor apertura en cuanto al tema de género. Lo que no se puede soslayar es que en los organigramas de la mayor parte de las empresas hay una mayor prevalencia de hombres en las posiciones estratégicas y en las que se toman las decisiones más trascendentes. Eso se reproduce en diferentes ámbitos, no sólo privados sino también estatales”, precisa

¿Derechos o ventajas?
Gabriel merodea el medio siglo y es ingeniero electrónico especializado en telecomunicaciones, un coto reservado a los varones. Para muestra, el Consejo Profesional de Ingeniería de Telecomunicaciones (Copitec) es dirigido por una comisión de 17 profesionales de los cuales sólo una es mujer.

“Tuve una gerenta mujer durante seis meses y fue una relación muy difícil. Ella era muy del ‘siempre lo hicimos así’ y mis ideas caían en saco roto. Tenía un muy mal carácter y cuando la despidieron me enteré que se llevaba mal con mucha más gente, incluso con la directora de Operaciones, pese a que era la mejor persona que conocí. No se adaptó a la cultura de la empresa y quedó muy presa de su ‘cultura femenina’ de entonces.”

Gabriel aclara que esa situación se dio en una trasnacional a fines de los 90, cuya CEO y varios altos cargos también eran mujeres, toda una rareza en el panorama y que -según él- era el fruto de una cultura que premiaba el mérito más allá de los géneros, sin necesidad de implementar cuotas o cupos.

“Nunca supe de ninguna mujer que haya sido discriminada por el solo hecho de serlo”, comenta y compara con otras compañías similares del mercado en las que “no había una sola chica, salvo administrativas o limpieza, y tampoco les daban ventajas como, por ejemplo, ir a los actos escolares de los hijos.”

“Esa empresa era Disneylandia, trabajaba muy bien y hasta había grupos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), se cumplían las licencias por maternidad y se implementaban políticas de home office, que las mujeres aprovechaban para tener más tiempo con sus hijos. En los ´90 ni se concebían licencias por paternidad. Es decir que los beneficios, en cierto modo, tenían que ver con el género porque en ese entonces no se pensaba que un padre haga tareas tradicionalmente consideradas maternales ni había reclamos de padres por eso”, explica.

Entre la maternidad y la locura
Gonzalo gambetea unos 40 que se demoran en llegar y trabaja en el área de Seguridad de un organismo público donde está su jefa: la subdirectora del área, una mujer que accedió al cargo tras más tres décadas de cursus honorum.

“Hubo inconvenientes con que sea mujer. De hecho, es la primera y única mujer que tiene cargo directivo en el área. Le costó muchísimo, y pese a que por méritos le tocaba a ella ascender a directora, le dieron la categoría pero no el cargo, que fue para un hombre”, cuenta.

Pese a que admite que tiene con ella una “relación muy estrecha” y que la considera una suerte de segunda madre, admite que ella tiene “un carácter muy fuerte, casi animal” y que posee “mucha calle” y “los huevos más grandes del mundo”.

Casi con admiración precisa que “siempre fue así y su carácter la ayudó” en la tarea aunque admite que para ello “resignó cierta femineidad” porque “piensa como un tipo y es conservadora, ese lado masculino calzó para su tarea”.

Al respecto precisa: “Una cosa vino con la otra. Su lado masculino no lo exacerbó la tarea sino el tiempo en ella. A veces le gritan ‘loca’ o le escriben ‘lesbiana’ o ‘bruja’ en las puertas de un baño. Elle hace gala de eso, lo transformó en una especie de marca, y con esas cosas logró que a pesar de su fama de loca todos la respeten”.

En este sentido, Vinocur explica que “en general no se dice abiertamente que no quieren una mujer por su condición de tal, aunque por supuesto, existen excepciones” y pone de relieve que es “llamativo observar que muchas creencias y prejuicios en relación a las mujeres son reproducidas por personas del propio género”, una situación que atribuye al hecho de naturalizar el paradigma patriarcal, lo que genera que las propias mujeres funcionen, según ella, como “transmisoras de prejuicios como si fueran verdades incuestionables”.

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