Varias hileras de muros, rejas y alambres de púa entrelazados separan el mundo exterior del carcelario, en el ingreso de la U47. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Varias hileras de muros, rejas y alambres de púa entrelazados separan el mundo exterior del carcelario, en el ingreso de la U47. Foto: Fernando Calzada/DEF.

Entrar a la Unidad Penitenciaria 47 (U47) de San Isidro es como ingresar a un universo paralelo. Lo primero con lo que uno se topa es con controles, grandes muros y alambres de púa entrelazados. Torres de control con reflectores apuntando hacia distintas direcciones forman parte de un paisaje hostil. Pero la percepción cambia al entrar al pabellón, en este caso al N.º 1, junto con el equipo de la Fundación Criteria, liderados por Pedro Lorenzo, psicólogo social que, desde hace años, visita a los internos de esta unidad al menos dos veces por semana. Allí, lo primero que se puede observar es la calidez de todos estos chicos que saludan uno por uno a los que vienen del exterior, “de la calle”, como dicen.

“Llueva, truene o granice, Pedro siempre está”, nos diría más adelante Diego (19), recluso de ese pabellón que espera con ansias los días que se dictan los talleres de cine debate. Con el apoyo de la Fundación Criteria, Lorenzo dicta en la U47 un taller en el cual proyecta distintas películas y videos motivacionales para los más de 800 presos que pasan sus días de condena en esta unidad del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), distribuidos en sus diez pabellones.

Pero lo más importante viene después de la película, el espacio de debate. En esta etapa, Lorenzo, que cuenta con más de diez años desarrollando actividades en penitenciarias, escucha a los jóvenes adultos, de entre 18 y 21 años, y comparte con ellos un objetivo en común: cambiar y forjar una nueva identidad para reinsertarse en la sociedad.

Pedro Lorenzo, durante la jornada de cine-debate en la U47 de San Isidro. Foto: Fernando Calzada/DEF
Pedro Lorenzo, durante la jornada de cine-debate en la U47 de San Isidro. Foto: Fernando Calzada/DEF

Los adultos jóvenes son el 4 % de la población carcelaria total, según las estadísticas del Sistema Penitenciario Federal. Al 31 de enero último, 13.529 personas se encontraban privadas de su libertad en unidades penitenciarias federales, según estimaciones de la Procuración Penitenciaria de la Nación. De este total, 5087 tenían condena firme, mientras que 6770 estaban procesados únicamente.

Durante el tercer trimestre de 2018, un total de 37 mujeres se encontraban alojadas en unidades penitenciarias y 8 reclusas estaban embarazadas. La estadística muestra que el 92 % de la población carcelaria son hombres, mientras que el 8 % son mujeres y un 0,3 %, trans.

La vida después de la cárcel
Esta visita de DEF tuvo un condimento especial. Pedro Lorenzo, Mauricio Fernández Funes, director ejecutivo de Criteria y María José Vilella, coordinadora de proyectos de la misma fundación, no estaban solos; los acompañaban Julio Fuque y Oscar Cajal, exconvictos que hoy tienen sus emprendimientos y que, con mucho esfuerzo, dedicación y trabajo, se reinsertaron en la sociedad.

Fuque es presidente de la Cooperativa Kbrones, un emprendimiento textil ubicado en Barracas, que nació en 2009 con el objetivo de brindar una respuesta a la necesidad de inserción laboral y social de personas con antecedentes penales. Hoy, Kbrones produce unas 2500 prendas al mes y tiene como principal cliente a la Línea 29 de transportes, el programa “Ropa para todos” de la Secretaría de Comercio Interior y varios hipermercados de indumentaria.

En el caso de Cajal, su rubro es la marroquinería y la talabartería. Con Luk cueros, su empresa, vende accesorios para mascotas, como collares, correas, bozales, camas para perros y gatos, etc., y es proveedora de uno de los hipermercados de artículos para el hogar más grandes del país.

Oscar Cajal y Julio Fuque, durante la visita a la U47, en el pabellón 1. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Oscar Cajal y Julio Fuque, durante la visita a la U47, en el pabellón 1. Foto: Fernando Calzada/DEF.

Ambos, Fuque y Cajal, les dieron a los internos de los pabellones una charla motivacional, acerca de la importancia de enfocarse en salir en libertad para trabajar, y, mientras cumplen la condena, encontrar un aliado en el deporte, la familia y los buenos amigos.

En un contexto donde casi el 60 % de los presos del Sistema Penitenciario Federal se encuentra bajo prisión preventiva y solo cuatro de cada diez tiene condena firme, los jóvenes con los que DEF dialogó durante la visita, agradecen y toman como una especie de ritual las visitas “del mundo exterior”.

Juan Cruz (22) está detenido en la U47 hace dos años y un mes. “Desde muy chico estuve muy acompañado por mi familia, tuve lo que quise, pero por ser rebelde y por tener mala junta tomé un camino que no debía, y empecé a delinquir a los 16 años y, a partir de ese momento, me empezó a gustar la plata fácil”, relató a DEF.

Juan Cruz, en diálogo con DEF, en el interior del pabellón N. 7 de la U47 de San Isidro. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Juan Cruz, en diálogo con DEF, en el interior del pabellón N. 7 de la U47 de San Isidro. Foto: Fernando Calzada/DEF.

Según Lorenzo, la cuestión de la identidad juega un papel importante en la labor de reinserción social de los reclusos. “Yo trabajo dos ejes: identidad y afecto”, explicó. “En base a estas dos cosas, construimos nuestra vida, en función de la identidad, quién soy, cuánto valgo, cómo me valoran, y el afecto, el dar y el recibir afecto. Estas dos columnas con las que apoyamos nuestra vida están sustentadas en el entendimiento”.

Para Juan Cruz, entrar en el mundo del delito fue muy fácil, pero salir es algo complejo: “Entré a ese mundo por un amigo que me llevó primero a robar lo básico, un celular, que después vendimos para tener plata. Ahí ya me empezó a gustar porque en cinco minutos ya tenía plata fácil. Así, fui robando cada vez más cosas”, relató. “Cuando caí preso estaba en casa, la DDI (Dirección Distrital de Investigaciones) me estaba siguiendo hacía casi un mes y eran las doce de la noche. Me allanaron la casa, y fue un momento muy feo porque vi a mi familia verme pasar por esa situación, eso me partió el alma”.

El deporte es un aliado fundamental en la reinserción. Foto: Fernando Calzada/DEF.
El deporte es un aliado fundamental en la reinserción. Foto: Fernando Calzada/DEF.

Un denominador común en estos jóvenes adultos de la U47 y de los presos en general es el sentimiento de abandono y el rechazo a la autoridad. Según Lorenzo, “se trata de la vivencia de abandono en la niñez por la que pasan la mayoría de ellos y de conflictos no resueltos con el padre, por eso todo lo que tenga que ver con la ley está mal, ‘la gorra’ está mal, todo lo que le impongan está mal”.

Dentro del penal, Juan Cruz pudo encontrar un cable a tierra en el rugby, en el equipo “los gladiadores” donde juega. “Hoy vivo el día a día, me levanto temprano, pienso diferente, hago deporte. Juego al rugby desde hace un año, el rugby me enseñó un montón de cosas, significa todo, me está enseñando a vivir otra forma de vida y a pensar de otra manera”.

Lo primero que se observa al ingresar al Pabellón 7 de esta unidad penitenciaria son varias imágenes religiosas. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Lo primero que se observa al ingresar al Pabellón 7 de esta unidad penitenciaria son varias imágenes religiosas. Foto: Fernando Calzada/DEF.

Además del taller de cine debate, en la U47 se imparten diversos cursos. Pablo Montemurro, encargado del área de Educación y Cultura de la Unidad dio detalles: “Damos diversas capacitaciones, cursos y talleres como por ejemplo de orientación vocacional, capacitación en reanimación cardiopulmonar (RCP), taller de braille, reciclaje, presentación de orquestas, y la posibilidad de que los chicos terminen sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Primaria de Adultos N.º 721 que funciona en la Unidad 47”.

Ante la pregunta de DEF sobre cómo se ve a sí mismo dentro de unos años, cuando salga de la U47, a Juan Cruz se le llenaron los ojos de lágrimas. “Mucho mejor. Cambié completamente mi vida, mi forma de pensar. Estar acá adentro me enseñó un montón de cosas que estando afuera no me hubiera imaginado nunca aprender. Me gustaría seguir jugando al rugby y trabajar. Acá adentro aprendí mucho sobre manualidades, y me gustaría tener un emprendimiento. Aprendí a motivarme, a decirme que “sí puedo” y “sí voy a poder”. Nosotros acá aprendemos a hacer las cosas por nosotros mismos. Todo lo hacemos nosotros, desde las cortinas de las ventanas del pabellón hasta la pintura, amontonamos dos o tres sillas para pintar el techo y lo hacemos”.

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