Las zapatillas de moda, los autos que sólo se ven las vidrieras de las concesionarias más lujosas del país, perfumes importados y brillosas cadenas de oro. El marco del futbolista muchas veces parece ser una ostentación alejada de la realidad en la que vive sumergida la mayoría de la población. El caso del ex Independiente Juan Manuel Martínez Trejo llamó la atención por eso: ¿qué pasó para que un jugador surgido de las inferiores de uno de los clubes más importantes del país termine obligado a acudir a una aplicación que oscila entre la precarización y el debate por la legalidad para subsistir?

Trejo no es el protagonista de la historia en sí, es simplemente el reflejo de lo sucedido en torno a un deporte que parece tener actores desechables. Es la viralización de un ejemplo de lo que sucede cuando las luces se apagan.

El futbolista de 27 años, con pasado en el “Rojo” y en Quilmes, irrumpió en la escena durante las últimas horas cuando se conoció que está trabajando como Uber. Detrás de eso, el infortunio de las lesiones, malas decisiones, aquellos que se aprovechan de las urgencias del deportista y una pregunta: ¿alguien prepara a esos chiquitos que llegan a las inferiores llenos de sueños para que el fútbol les dé la espalda el día de mañana?

El “Tucu” pasó por los estudios de Infobae y contó su historia pero también se abrió a la reflexión. La promesa a su viejo de volver a jugar, los amigos del campeón y los esfuerzos de aquel niño que arribó solo a los 13 años desde Tucumán.

“Nosotros somos seres humanos a pesar de ser jugadores”
“Nosotros somos seres humanos a pesar de ser jugadores”

Tu historia se viralizó en las últimas horas por las redes sociales, ¿cómo te impactó lo que se generó en torno a lo que estás haciendo?
— No me imaginé que podía llegar a ser tan grande todo. Es un laburo normal. Nosotros somos seres humanos a pesar de ser jugadores. Muchas veces dicen “es jugador” y no. Hay que entender eso, que somos personas con sentimientos, con una vida por detrás. Cuando terminamos de jugar a la pelota tenemos una vida personal. Cuando pensé en hacerlo sabía que por ahí alguien me iba a conocer porque vivo en Avellaneda. Si agarraba y hacía un viaje por ahí, alguna persona conocida iba a encontrar. Fue así que saltó todo en Twitter. Gracias a Dios no tengo redes sociales porque sé que a veces son complicadas. Me sorprendió todo esto, no lo hice con esta intención.

¿Qué pasó entre la lesión en Quilmes, el regreso a Independiente y este presente de manejar un Uber?
— Pasaron muchas cosas. Cuando quedé libre de Independiente en junio (2018) le hice caso a una persona que me había prometido que me llevaría afuera, pasó el tiempo y me quedé sin jugar. Me dejó seis meses sin jugar. Fue un semestre complicado porque tuve problemas personales; cuando murió mi viejo ya fue el momento más complicado. Estuve un mes en Tucumán y me replanteé volver a jugar. Pensaba que no podía ser que no tuviera suerte para conseguir un club. Sé que en algún momento las cosas se pueden encaminar. Tengo fuerzas. Mis rodillas están bien. Sé que por ahí que por tener dos (lesiones) cruzados uno está mal o roto, pero no, entreno todos los días doble turno. Más allá de hacer esto de Uber también entreno. No es que me da igual. Sé que tengo que hacer cosas para estar bien. Fueron fatales esos seis meses sin club, pero también fueron fatales los seis meses en Independiente de comienzo de año.

Trejo sufrió dos lesiones ligamentarias: una fue en la rodilla izquierda jugando para Quilmes (FotoBaires)
Trejo sufrió dos lesiones ligamentarias: una fue en la rodilla izquierda jugando para Quilmes (FotoBaires)

¿Qué pasó con la prueba en Nueva Chicago?
— La verdad que me sorprendí porque sentí que estaba haciendo las cosas bien. Estaba entrenando y lo estaba disfrutando. Agradezco que me abrieron las puertas y a los compañeros que me trataron bien. Entrenaba con muchas más ganas, podía desplegar todo lo que podía hacer yo y teníamos un sistema muy bueno. Pero me sorprendí con la respuesta que me dio  la persona que hoy en día tiene el mando ahí.

¿Un día antes que cierre el libro de pases te quedás sin club?
— Sí, no tuve oportunidad de buscar otra opción o que alguien me llamara para ofrecerme algo. Había chances de ir afuera pero no se concretaron. A veces se te hace difícil porque dicen por qué no juega hace un año y medio. Sé que tuve una lesión, pero uno no se olvida de lo que hizo anteriormente. Es muy difícil olvidarse de jugar al fútbol. Necesito una oportunidad más. Después me voy a encargar de hacerla buena la oportunidad o mala.

¿En qué momento aparece esto de Uber en tu camino?
— Estaba por ayudar a un amigo. Iba a comprar un auto para que él trabaje. Habíamos acordado que me traiga mil pesos por día. Justo le salió un trabajo cuando ya habíamos hecho todos los trámites. Me preguntó si yo me iba a animar a hacer Uber porque era muy difícil porque la gente me podía conocer al haber jugado en Independiente. Le dije que no me importaba porque he laburado de un montón de cosas en Tucumán cuando era chico y no tenía un contrato de futbolista. No hay mucha diferencia. También soy un ser humano. Pensé que tenía que cubrir gastos, pagar la tarjeta, el departamento… Llega un proceso en el que la plata se termina y tenés que hacer que ingrese la plata y no que se vaya. Entonces me mandé. Pasó una semana y mirá todo lo que se armó.

“Pensé que tenía que cubrir los gastos, pagar la tarjeta, el departamento; llega un proceso en el que la plata se termina”
“Pensé que tenía que cubrir los gastos, pagar la tarjeta, el departamento; llega un proceso en el que la plata se termina”

¿Fue en un viaje con una fanática de Independiente que te reconoce y explota todo el tema?
— Sí, fue así. No me imaginé porque la llevé a la noche. Al otro día me levanté para entrenar, a hacer mis cosas y también a hacer un poco de Uber. Cuando volví a la noche, mis amigos me mandaron una captura de lo que habían subido. Les dije que no quería saber nada.

¿Te mandaban las críticas, los elogios o qué te contaban?
— Las dos cosas. Ayer me dio miedo por ejemplo porque me crucé en la calle por Avellaneda con dos personas que me empezaron a decir cosas, a bardearme, insultarme. “Fracasado”, todas esas cosas. Buscan la reacción de uno. ¿Entonces qué hice? No les dije nada y seguí caminando. Me gritaban y no les daba importancia para evitar problemas. Entonces la verdad que da un poco de pavor a veces salir, que se haya viralizado tanto. Tengo que estar más precavido porque siempre hay gente que te quiere hacer un poco mal y es feliz por eso.

Recién decías “somos jugadores de fúbol, pero somos personas”, ¿es tan así el ambiente del fútbol, cuesta entender que son una persona más dentro de la sociedad y no esa mega estrella que parecen ser los futbolistas?
— A veces es difícil porque el fútbol tiene cosas buenas y malas. Lamentablemente cuando vos estás bien tenés gente que te rodea y te hace sentir el mejor del mundo.

¿Te hicieron sentir eso alguna vez?
— Sí. Cuando venía jugando en Independiente tenía mucha gente alrededor mío. Mi pareja me decía “sos Roberto Carlos, tenés un millón de amigos”. Me dijo que me empiece a alejar porque el día que me pasara algo… Cuando me rompí los cruzados, me operé y cuando me levanté de la cirugía sólo vi a tres personas. Ahí me di cuenta. Pensé qué tonto que fui porque me rodeé de gente que no me tenía que rodear. Cuando sufrí la segunda lesión me empecé a alejar de todos. A veces necesitás un mensaje un día a la mañana que diga “¿cómo estás? ¿te sentís bien?”. Me tocó llorar todos los días cuando pasó lo de mi viejo; también no poder dormir por estar esperando un llamado de algún club.

¿Te pasaba eso en los últimos meses de esperar el mensaje?
— Sí…

Y no llegaba…
— No. Se tornaba cada vez más complicado. Una persona me decía que me iba a dar una mano hasta que un día le puse que si no iba a poder hacer nada prefería que me lo diga porque sino jugaba con mi cabeza. “Prefiero que me digas que sí o que no y se termina toda la historia”, le aclaré. Yo necesito una oportunidad, espero que algún club me la dé.

¿Con esta repercusión que se armó no empezaron a llegar los llamados?
— Sí, recibí llamados. Muchísimos mensajes de gente hasta de otros clubes que fueron de mucho apoyo. Me hicieron sentir bien. También tuve mensajes de algunas personas bardeándome y les contesté que si pensaban eso nos podíamos sentar a tomar un café y charlar, que no se me iban a caer los anillos.

Jesús Méndez, uno de los grandes amigos que le dejó el fútbol (Foto: NA)
Jesús Méndez, uno de los grandes amigos que le dejó el fútbol (Foto: NA)

¿Jesús Méndez (ex compañero en Independiente) fue uno de los futbolistas que te llamó?
— Sí, él e Ismael Benegas (NdR: actualmente en Guaraní de Paraguay), un ex compañero de Quilmes. Se enteró de todo esto y me dijo que no baje los brazos, que me iba a dar una mano. Me dijo que si necesitaba plata le avisara que me giraba y le dije que no, que mientras tenga salud, las piernas y los brazos la plata me la iba a ganar yo. Y con Jesús también, pasó lo mismo. Estoy agradecido porque creé una amistad muy buena con él. Me invitó a Mendoza. “Si estás solo en Buenos Aires y sin jugar, venite unos días a mi casa en Mendoza”, me dijo. Tenemos esa amistad porque compartimos siempre concentraciones en Independiente. Él estuvo cuando estaba pasando un mal momento en lo personal pero jugaba. Me aconsejaba.

¿A quién tenes que ayudar económicamente además de subsistir vos?
— A mi vieja. Cuando estaba mi viejo también porque tenía que comer bien, hacer dieta, los medicamentos… Lo ayudaba porque era una persona que no se podía mover, estaba todo el día en cama. La enfermedad cada día lo iba consumiendo más. Era doloroso verlo. Empecé a averiguar y había un tratamiento que valía mucha plata. Ahí vi también cómo se empezaba a ir más rápido la plata, pero era mi viejo y quería verlo bien. Tuve la suerte que siempre que lo iba a ver me conocía a mí. A mis hermanos no los reconocía.

Te llevo a un momento más feliz de tu carrera, con esto que se armó se trajo al recuerdo el famoso gol contra Olimpia que hiciste que le dio a Independiente la clasificación en la Copa Sudamericana, ¿qué se siente?
— Pasan un montón de cosas, todos los momentos que viviste en la pensión. Se me puso la piel de gallina. Viví mucho tiempo en el club y quería saber qué se sentía hacer un gol. Al ver toda la gente gritando, mis compañeros abrazándome, fue algo único de lo que uno no se va a olvidar nunca. Fue un sueño.

¿A qué edad llegaste a Buenos Aires?
— Me vine solo a la pensión de Lanús cuando tenía 13 años.

¿Es hostil vivir en una pensión a esa edad?
— Es complicado. Ahora muchas veces tenés los recursos, los representantes que te dan plata, te ayudan. Hoy un pibe que es chico consigue contrato con las marcas. Antes era muy difícil conseguir eso, tenías que hacer muy buenos partidos o estar en la selección. Cuando estaba en la pensión mi viejo empezó a andar mal económicamente y me mandaba $200 o $300 para sobrevivir todo el mes. Me acuerdo que en ese momento estaba la tarjeta que con $5 podías comprar el pack de mensajes y con eso sobrevivía.

Ya con 13 años tenías que decidir sobre tu economía, cómo moverte, cómo cuidar la plata…
— Sí. A los meses tomé la decisión de irme. Le dije a mi papá que me venga a buscar. No soportaba más. Más allá que tenía la comida y todo… A veces iba al colegio y me tenía que fijar si me compraba algo o no. O íbamos con los pibes del club y ver si ponía, porque quizás al otro día no tenía nada. En ese momento me vino a buscar mi papá y nos volvimos en tren a Tucumán. A los meses jugué un partido en mi provincia y me vio un tipo que manejaba el seleccionado sub 15 de Tucuman y me trajeron a Independiente. Ya en la pensión de Independiente me daba un viático y sobrevivía.

Explicame el mundo del fútbol, ¿por qué esto de salir a trabajar para sobrevivir como te está tocando a vos ahora se transforma en un caso mediático si lo hace un futbolista? ¿por qué se ve tan extraño a un futbolista?
— Se ve algo raro porque si te ponés a mirar en los clubes grandes el jugador ¿qué es lo que hace? Tiene su auto, la mejor ropa, el mejor reloj; y creo que está bien porque se rompen el lomo todos los días de su vida. Tuvieron que pasar millones de cosas para llegar a donde están. Entonces la gente ve cuando estás en la cima y no ve todo el transcurso que tuviste que hacer para llegar a ese lugar. Cuando te ven, piensan “este tiene plata, un buen auto…”. Pero para tener eso pasó un proceso muy largo. Muchas veces se sorprenden cuando pasan de un extremo a otro. A mí me preguntaron qué pasó y dije que la verdad no tuve suerte; me rompí los cruzados dos veces. Cuando se está a punto de dar todo no se da.

— Eso es una situación fortuita que puede darse o no, ¿pero el fútbol con tantos recursos que hay en el medio prepara para estar en la cima a ese pibe que a los 13 años se tuvo que venir solo de Tucumán?
— No, no se prepara eso. Porque el ambiente tiene muchas cosas malas y cosas buenas que podes disfrutar. A veces lo que te rodea te hace subir a una cima en lo que vos decís “soy yo”. Entonces empezás a hacer cosas… No es sólo en Independiente, en inferiores de todos los clubes te preparan para ser jugador de fútbol.

¿Y no los preparan para no llegar? Porque la gran mayoría no llega…
— No… Creo que cada uno va preparando su cabeza a medida que van pasando los años. Mi mentalidad era jugar los partidos y quedar para el otro año: “A mí de acá me tienen que echar”.

¿No te satura esa presión de rendir al máximo todos los días desde los 13 años para que no te echen de un club?
— A veces es complicado… Tenés personas que sí te dicen que hay otras opciones más allá del fútbol. Muchas veces no se cumplen los ciclos que se tienen que cumplir en el fútbol. Lamentablemente es así. Haces las cosas bien y estás; no las haces bien, y no estás. Hoy en día es todo tres puntos.

¿Sentís que el jugador de fútbol es descartable?
— No sé si pensarlo así… Uno cada día se levanta y piensa que puede volver a tener la oportunidad. Sé cómo me entreno. A mí me pueden reprochar que en mi vida personal me he equivocado. Sí, me he equivocado. Pero futbolísticamente, adentro de la cancha y en la forma de entrenar, no me pueden reprochar nada. Todos los días sentía que era el último día que iba a jugar al fútbol y entrenaba así. Sé que voy a seguir luchando. Le hice una promesa a mi viejo cuando lo estaban entrenado: le dije que no iba a dejar el fútbol.

¿La vas a cumplir?
— La voy a cumplir. Voy a seguir luchando hasta que no me den más las piernas. Me tengo que quedar en sillas de ruedas para no jugar más.

Fotos: Santiago Saferstein

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