El asesino, Danilo Sabbadín, y la víctima, Marcelo “Chelo” Quinteros, en una imagen de ambos de 2014
El asesino, Danilo Sabbadín, y la víctima, Marcelo “Chelo” Quinteros, en una imagen de ambos de 2014

—Dame un ‘saque’.
—No, ni en pedo.
—Ah, ¿no me vas a dar? Mirá que te voy a meter un tiro.
—Dale, metémelo en el medio de la frente…

El 24 de diciembre de 2018, Danilo Sabbadín, “El Gordo”, había decidido celebrar la Nochebuena y recibir la Navidad con su grupo de amigos de toda la vida. Arregló con “El Ojudo” y “Pelín” ir a celebrar el día todos juntos a la casa de “Apu”, en la calle Cabo de Hornos al 1500, en el barrio Villa Los Pinos, Córdoba capital.

El grupo de amigos no era muy querido en el barrio. Algunos vecinos los habían catalogado como “los desgraciados de Villa Los Pinos”. En algún momento los señalaron como responsables de robos de teléfonos celulares y era común verlos en una de las esquinas de la zona con botellas de alcohol y consumiendo cocaína.

La reunión navideña comenzó cerca de las tres de la tarde de ese sábado. Los amigos se pasaron la mayor parte del día en la terraza. El calor era abrumador. El consumo de alcohol y cocaína se inició temprano en el domicilio de “Apu”, al que también se le sumó la ingesta de pastillas de Rohypnol, una benzodiazepina particularmente potente y tóxica si se la mezcla con alcohol. 

Danilo Sabbadín está detenido desde diciembre en la cárcel de Bower
Danilo Sabbadín está detenido desde diciembre en la cárcel de Bower

Según relatarían luego los amigos en el caso que adelantó La Voz del Interior, Danilo Sabbadín llevaba a lo largo del último año una vida en la que su buen pasar laboral y económico se mantenía a la par del incremento de su supuesta adicción a las drogas.

Había conseguido un buen trabajo en la fábrica de ladrillos “Palmar”, donde cobraba un sueldo cercano a los 40 mil pesos mensuales. El dinero le sobraba para llegar a fin de mes.

Sin embargo, su hábito de consumir cocaína lo había llevado a ciertos problemas. Meses antes, la policía cordobesa le había allanado en su casa, donde se le habían secuestrado tres armas de fuego. Su padre, que no tenía nada que ver con las pistolas, se hizo cargo de su portación para “salvar” a su hijo y quedó sometido a un expediente por “tenencia ilegal de armas de fuego”.

Ya cerca de las 19:30 de ese 24 de diciembre, el grupo se quedó sin marihuana y todavía faltaban casi cinco horas para la llegada de la Navidad. Así, el “Gordo” Danilo y uno de sus amigos decidieron salir a comprar.

Danilo le pidió a un amigo que lo llevara a un kiosco en el barrio “San Jorge”. Se metió dentro y salió con su mochila negra y amarilla y en compañía de Marcelo “Chelo” Quinteros, de 23 años, uno de sus grandes amigos de la juventud.

Hacía mucho que los dos no se veían. “Chelo”, sin trabajo, peleado con su familia, había dormido durante las últimas semanas en plazas. Así, el “Gordo”, con algo de espíritu navideño, invitó a “Chelo” a recibir la Navidad junto al resto del grupo y ambos se subieron al auto para regresar a la terraza de la casa de Villa Los Pinos.

Marcelo “Chelo” Quinteros y Danilo Sabbadin, en una de sus reuniones en 2015
Marcelo “Chelo” Quinteros y Danilo Sabbadin, en una de sus reuniones en 2015

Cuando llegaron al domicilio, de techo bajo y una fachada de color rosa, había algunos del grupo que estaban en la vereda. Danilo y Chelo se dirigieron hacia una de las habitaciones. Danilo, que estaba con una remera de color gris, una bermuda de jean celeste y ojotas amarillas, abrió su mochila y sacó un arma: una Bersa Thunder 9 milímetros.

Contó que unos conocidos suyos se la habían robado a un policía y que se la habían vendido. También sacó una bolsita de plástico transparente, “como las bolsitas donde ponés las golosinas en un kiosko”, según relataría luego uno de los integrantes del grupo. Allí había al menos unos 60 cartuchos 9 milímetros. Danilo cargó cinco balas y le ofreció a su amigo “Chelo” ir a la terraza “a probarla”.

Cerca de las 20, Danilo efectuó dos disparos al aire. Ninguno de los vecinos se percató de los disparos. Todos pensaron que se trataba de fuegos artificiales que servirían de anticipo para los festejos de la medianoche.  Pero el resto del grupo sí reconoció los sonidos y decidió subir también a la terraza para saber qué sucedía allí arriba.

Una vez congregado el grupo, todos se quedaron riendo y charlando en ronda. Danilo había guardado ya la pistola en uno de sus bolsillos.

Cerca de las 20:30, Danilo vio que el “Chelo” tenía una bolsita de nylon celeste rellena con “alita de mosca”, cocaína peruana de alta calidad. El “Gordo” necesitaba otro “pase” para seguir con su fiesta. Fue entonces cuando toda la celebración se desmadró y se transformó en una desgracia.

Danilo le pidió al Chelo que le pasara la bolsa para consumir.

—Dame un ‘saque’.
—No, ni en pedo.
—Ah, ¿no me vas a dar? Mirá que te voy a meter un tiro.
—Dale, metémelo en el medio de la frente…

El “Chelo” y Danilo, en una de las salidas con su grupo de amigos
El “Chelo” y Danilo, en una de las salidas con su grupo de amigos

Danilo tardó apenas segundos en sacar la pistola de su bolsillo. Apuntó a la cabeza de su amigo, puso el arma a unos 30 centímetros de la frente y gatilló. El “Chelo” cayó fulminado al suelo, el golpe de su cuerpo con el cemento crudo de la terraza hizo el ruido similar al de la caída de una bolsa pesada. El impacto del proyectil hizo que la sangre salpicara al resto de los testigos.

Hubo unos segundos de silencio, hasta que se escuchó el primer “¡¿Qué hiciste?!”.

Danilo se arrodilló junto al cuerpo de su amigo y empezó a los gritos: “¡Chelo, nooo, despertate! Perdoname, perdoname, hermano! ¡Lo maté, me quiero mataaar!”, repitió “El Gordo” una y otra vez de manera desesperada. Según recordarían después los amigos, Danilo tenía la boca azul: era el efecto de las pastillas de Rohypnol que había tomado. 

Mientras la hermana de uno de los amigos le pidió a un vecino que llamara al 911, todos bajaron a la vereda y trataron de buscar el más mínimo sentido de cordura ante lo que sucedía. Después de unos minutos, el grupo se encontró intentando convencer a Danilo de que no se suicidara: el “Gordo” no soltaba el arma, repetía: “Me voy a matar, me voy a matar”, mientras tomaba pastillas del blíster de manera desenfrenada.

Marcelo “Chelo” Quinteros tenía 23 años
Marcelo “Chelo” Quinteros tenía 23 años

En menos de 15 minutos llegó un patrullero con dos efectivos: uno de los que integraban el grupo estaba en una esquina con un perro. Otro, en la vereda de enfrente, llorando. Todos estaban dispersos. Una vez que los policías se presentaron, Danilo se reconoció como el autor del asesinato. “Yo fui. Llévenme preso. Dejé el arma arriba del techo del baño. Al costado de la terraza”.

La Policía cordobesa encontró la pistola precisamente en ese mismo punto. Sobre el techo de lo que era el baño, debajo de una caja de cartón desarmada y una bolsa de nylon. Los efectivos arrodillaron luego a Danilo, lo esposaron y lo subieron al patrullero.

Danilo Sabbadín se someterá a juicio a partir del miércoles. Se estima una pena superior a los 10 años de prisión
Danilo Sabbadín se someterá a juicio a partir del miércoles. Se estima una pena superior a los 10 años de prisión

El próximo miércoles comenzará el juicio en la Cámara 3ª del Crimen de la provincia de Córdoba con tribunal integrado por los jueces Gustavo Ispani, María de los Ángeles Palacio y Leandro Quijada.

Se estima que el debate durará apenas dos días ya que el fiscal de la causa, Marcelo Hidalgo, llegó a un principio de acuerdo con el abogado defensor de Sabbadín, Diego Larrey, para que se dicte una condena de 10 años y 8 meses de prisión debido al delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego“, y dentro de la que también está incluida una sanción por “encubrimiento”, debido al robo del arma de fuego con la que cometió el asesinato de su amigo.

“Esta audiencia que hicimos con los familiares, el propio acusado y sus abogados sirve para brindar transparencia al juicio. Ningún abogado se podrá jactar después con frases como ‘mirá la rebaja de pena que te conseguí‘”, le aseguró el fiscal Hidalgo a Infobae.

“El imputado dijo que nunca se dio cuenta de que el arma tenía el seguro destrabado, por lo que alguno pudo haber pensado en un ‘homicidio culposo’. Pero, habiendo él mismo constatado que tenía muchas balas, que él mismo había cargado el arma y sabiendo que sólo había usado dos proyectiles de los cinco que había puesto, no veo dentro de la legislación otra sanción que homicidio agravado”, agregó.

En el debate se espera la presencia de familiares de Marcelo “Chelo” Quinteros
En el debate se espera la presencia de familiares de Marcelo “Chelo” Quinteros

Se espera que Sabbadín declare el mismo miércoles. Pese a haber aceptado el principio de acuerdo, se desconoce si la defensa del acusado intentará emplear una nueva estrategia para intentar reducir la pena. En tanto, se cree que el tribunal dictará el fallo condenatorio un día después, el jueves 26.

Si atravesás una adicción a las drogas y buscás ayuda, podés contactar a la línea 141 o al 0800-222-1133 de la SEDRONAR las 24 horas de manera gratuita. 

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