La primavera comienza a hacerse sentir en un barrio humilde del conurbano bonaerense. Allí, una camioneta blanca, pasa de acá para allá, levantando el polvo de las calles tierra.

Roberto Ramos, organizador de un grupo de entusiastas de la Toyota Hilux, deja unas horas por día el negocio familiar para ir a retirar, casa por casa, las donaciones que la gente del barrio le entrega.

Desde temprano comenzó a preparar su camioneta para una larga travesía a más de mil kilómetros de ahí: el destino final es una escuela rural de Santiago del Estero.

Roberto firme al volante, sigue buscando donaciones con “la Hilux” como la llama cariñosamente, y, en este caso, uno de los eslabones más importantes del viaje solidario que emprendió con otros seis miembros de su club para llevar ropa, juguetes y alimentos a quienes menos tienen.

Siempre que pueden, realizan este tipo de expediciones sin otro apoyo que la propia iniciativa y la voluntad y generosidad de sus vecinos, que los ayudan a reunir las provisiones necesarias.

“Lo que me motiva es ayudar a los comedores y los colegios. Uno vivió una vida muy dura de chico y eso es lo que más me motiva. Esta vez nos toca la provincia de Santiago del Estero, la escuela 141”, comenta Ramos.

“La gente que más nos ayuda es la gente más humilde. Siento mucha satisfacción cuando nos dan sus donaciones, porque quiere decir que confían en mi para que estos lleguen a destino. Con una mínima cantidad de cosas hacemos feliz a mucha gente”, aseguró antes de comenzar la primera etapa de la travesía.



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