Katherine Fleury vivió el domingo una madrugada que nunca olvidará. Fue atacada por taxistas que creían que la joven iba a viajar en Uber, la popular aplicación de transporte utilizada por millones de personas en todo el mundo.

A este grupo mafioso se los conoce como Caza-Uber: son choferes que se arrogan un poder de policía que ninguna ley les otorgó para romper autos y lastimar a trabajadores. Lo paradójico del caso es que Katherine, de 23 años, no tenía previsto trasladarse en UBER. El auto que la esperaba sobre Avenida del Libertador era el de su esposo, Fabián Medina, un hombre que nunca estuvo vinculado a la app ni trabajó en el sector del transporte.

En el video publicado por Katherine en redes sociales y difundido por Infobae, se puede ver parte de la agresión. Lo que no quedó registrado es lo que sucedió después, cuando llegó la Policía tras el llamado de la pareja.

Llegaron cinco efectivos, preguntaron qué había pasado y se fueron a hablar con las personas que nos atacaron. Después me dijeron que si no tenía marcas o lesiones no me convenía hacer la denuncia y me hicieron una recomendación: ‘Andá a disfrutar de la noche'”, relató la joven agredida en diálogo con este medio.

Matías Tarantini, uno de los agresores (@VoyEnUBER)
Matías Tarantini, uno de los agresores (@VoyEnUBER)

Desorientados por la inacción policial, la pareja se fue del lugar sin poder hacer la denuncia ni firmar ningún acta. Decidieron difundir el ataque en redes sociales y lograron una rápida reacción: uno de los atacantes los empezó a amenazar por Facebook.

“Si no sacás la publicación, mañana voy a hablar con mi abogado. Es un delito lo que hacés”. El mensaje provenía de Matías Alejandro Tarantini, el hombre de musculosa violeta con un escudo de River que quedó registrado en la filmación.

El “apriete” no hizo más que impulsar a Katherine a contar lo que había vivido en pleno barrio de Palermo. “Delito es lo que hiciste vos, hablá lo que quieras. ¿Todavía te da la cara para escribirme? Esta putita va a tomar cartas en el asunto”, contestó.

La frase fue una reacción a los insultos que había recibido horas antes. Es que cuando la joven se acercó a su marido y le dio un beso en medio de la tensión, los atacantes empezaron a agredirla verbalmente: “Mirá lo putita que sos, le das un beso para simular que es tu novio”.

La ¿intervención? policial quedó asentada en registros oficiales. A las 3:29 del domingo, un móvil llegó a la intersección de Libertador y Bullrich y dialogó con los protagonistas del incidente. Fuentes de la Policía de la Ciudad aseguraron que los oficiales iniciaron actuaciones con un acta caratulada “amenazas y lesiones” y le dieron intervención al fiscal penal contravencional y de faltas n° 4, Norberto Brotto, quien decidió no darle impulso a la investigación porque la denunciante no concurrió a la seccional.

Frente a la indignación popular que generó el caso, una funcionaria de la Secretaría de Transporte se comunicó con las víctimas del ataque. Les dijeron que iban a tomar cartas en el asunto con los taxistas que aparecen en el video. En el gobierno porteño reconocen que están trabajando en el tema para sancionar a Tarantini. El año pasado adoptaron una medida similar con un taxista que fue condenado por agredir a un conductor de Cabify, otro servicio moderno de transporte muy popular.

Tarantini es un gran deudor de la administración porteña: acumula multas impagas por mal estacionamiento, maniobras peligrosas, exceso de velocidad, evasión de peajes, y hasta por manejar hablando por celular. Un cúmulo de infracciones alarmante para un profesional del transporte.

El ataque sirvió para terminar de confirmar una sospecha. La mafia de los taxis tiene una base ilegal de inteligencia donde se asientan arbitrariamente las patentes de los autos sospechados de trabajar para Uber o Cabify. Así fue que nació la confusión con el vehículo de Fabián. Meses atrás, un taxista lo cruzó en la calle y lo confundió con un UBER porque en el asiento de atrás viajaba su pareja. Lo que no observó el agresor es que al lado de Katherine iban sus dos hijas en las butacas reglamentarias. A partir de ese primer incidente, se sucedieron otros hechos, pero ninguno como el del domingo.



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