Miembros del ejército mexicano. (Reuters)
Miembros del ejército mexicano. (Reuters)

Luego de cubrir por años el conflicto mexicano, los reporteros Daniela Rea y Pablo Ferri entendieron que para intentar comprender la compleja situación que atraviesa el país no bastaba solo con documentar el dolor de las víctimas ni las crueldades de los criminales. También hacía falta indagar sobre el papel de las fuerzas armadas en la llamada guerra contra el narco.

La tragedia que vive México no tiene precedentes en la historia reciente en la región. En tan solo 13 años, desde que en diciembre de 2006 el entonces presidente Felipe Calderón decidió cambiar la estrategia de seguridad y sacar el ejército a las calles para combatir a los narcotraficantes, han sido asesinadas 200.000 personas y 40.000 se encuentran desaparecidas.

En el cubrimiento de esa llamada guerra en la que no hay un enemigo claro, donde reina la confusión y todo es difuso, Rea y Ferri se encontraron con casos en los que militares asesinaron a civiles o a supuestos criminales que estaban desarmados y rendidos. En otras palabras, ejecuciones extrajudiciales. Escenas del crimen que eran alteradas para que todo pareciera como una muerte ocurrida durante un enfrentamiento. Estas historias impulsaron el desarrollo de una investigación que luego de varios años culminó en la publicación de La Tropa: Por qué mata un soldado.

“Queríamos conocerlos (a los soldados) para tratar de entender, primero, cómo se construye una estructura, una inercia burocrática, capaz de dañar, matar y desaparecer”, dice Rea en una conversación telefónica con Infobae en la que también participó Pablo Ferri.

El resultado es un libro, ganador del Premio de Periodismo Javier Valdez Cárdenas 2018, que confronta el relato oficial y la opinión de los soldados entrevistados con otra realidad a la que el poder prefiere ocultar debajo del tapete. También es un libro que se cuestiona a sí mismo: ¿acercarse a un soldado, ganarse su confianza, escuchar por qué mata, es una forma de justificar lo que hace?

Daniela Rea y Pablo Ferri. (Cortesía)
Daniela Rea y Pablo Ferri. (Cortesía)

Rea y Ferri indagan, entre otras cosas, sobre cuáles son los móviles, más allá de la mera obediencia a la institución militar, que llevan a un soldado a torturar, matar o desaparecer. También hacen un repaso sobre el papel de La Tropa en la historia mexicana y nos muestran el rostro humano de quienes componen ese cuerpo: de dónde vienen y en qué condiciones —pobreza y marginalidad, en muchos de los casos— ingresaron al ejército.

Ustedes deciden en este libro intentar comprender por qué mata un soldado. ¿Por qué creen que es importante responder esa pregunta? ¿Por qué irse por ese camino cuando también están los relatos de las víctimas?

Daniela Rea (DR): —En los últimos años varios compañeros nos hemos enfocado mucho en la cobertura de las víctimas de la violencia porque claramente su relato rompe el discurso del Estado y narra una parte que el poder no quiere que se cuente porque muestra el dolor, porque muestra las consecuencias a largo plazo, porque muestra cómo se rompe la vida cotidiana. Pero sobre todo porque rompe los discursos que nos dicen que la guerra contra el narco se hizo para que la droga no llegue a tus hijos. O que el Estado está rebasado y por eso tienen que haber más militares en las calles. Pero incluso haciendo entrevistas a familiares de víctimas, a sobrevivientes, a activistas que han trabajado los derechos humanos desde hace mucho tiempo, eso incluso nos resultó insuficiente para entender más cosas. O sea, yo me acuerdo mucho que Pablo y yo decíamos bueno, pero cómo es que un soldado que no estaba en riesgo su vida le da seis tiros en la cara y en el pecho a un hombre herido a menos de un metro de distancia. En esa incapacidad de creer fue como empezó a germinar esta pregunta.

Pablo Ferri (PF): —Hay un caso que a mí me afectó, me chocó profundamente, que yo lo investigué, fue una matanza de entre 8 y 15 personas en el Estado de México en 2014. Y allí el asunto era que el ejército mandó un comunicado diciendo que se había enfrentado con un grupo de agresores y que todos habían muerto. Entonces, ahí más o menos se quedó el asunto, algunos periodistas fueron a ver qué onda, y nosotros finalmente encontramos a una testigo que vio todo, porque fue a buscar a su hija por una historia paralela, se encontró con el enfrentamiento y vio cómo los soldados ejecutaban a unos cuantos de los agresores ya cuando se habían rendido, de espaldas e hincados. Entonces claro, te pones a pensar y dices: bueno, pero por qué, cómo es posible que cuando ya tienes la situación controlada, cuando ya no tienes que apelar a la adrenalina y al instinto animal caigas en comportamientos que no son dignos de la institución que representas. O sea, estás matando a alguien que está desarmado y rendido. Pues por qué.

Daniela y yo nos juntamos varias veces en 2015, una vez en Mérida por una feria del libro o una feria de periodismo, luego otra vez aquí en Ciudad de México, y pues nos caíamos bien, creo que intelectualmente teníamos cierta afinidad y pensamos, ¿y por qué no investigar a estos cabrones que la verdad se nos escapa parte de la historia si no tratamos de entender por qué hacen lo que hacen? Y pues, a partir de esa inquietud nació luego la historia.

El número de militares en las calles de México creció de 2018 a 2019 (Foto: Reuters)
El número de militares en las calles de México creció de 2018 a 2019 (Foto: Reuters)

¿Cómo fue el acercamiento a esos soldados con quienes tuvieron que compartir momentos para ganarse su confianza y lograr así que algunos de ellos hablaran de los crímenes que cometieron? ¿Pensaron en que tenía que haber cierto equilibrio entre mostrarse cercanos a ellos pero a la vez mantener distancia?

DR: —Mira, eso fue algo que no pensamos de manera consciente. Pensamos que lo difícil de entrevistar a los soldados iba a ser poder llegar a ellos.

Nosotros dijimos: ok, ya localizamos a los soldados, todo lo demás es sencillo. Porque claro, sabemos escuchar, pensamos quizás soberbiamente eso. O quizás ingenuamente. Y a la mera hora nos dimos cuenta que no. Cuando salíamos del penal, íbamos medio apasionados porque ahorita ya lo periodístico es interesante, porque habíamos logrado su confianza. Pero conforme íbamos conversando con ellos y de repente se acababa la charla, nos acordábamos de las personas que habían sido asesinadas. O sea, era así como: acuérdate que ellos están aquí porque mataron a personas, están acusados de haber matado personas.

Y esas personas y esas familias tienen que ser el faro ético y no olvidar que estamos aquí no para escribir un documental o escribir un libro grandilocuente sobre entrevistar a los malos, sino que estamos aquí porque queremos entender qué detona esta violencia. Y esa fue como una primera llamada de atención que tuvimos.

Después tuvimos otra que tenía que ver con cómo los escuchamos. O sea, ¿creemos todo lo que nos están diciendo? ¿No les creemos? ¿Los cuestionamos? En alguna conversación con John Gibler, un amigo, nos dijo: “Tienen que tener cuidado para ver en qué momento habla el soldado persona o el soldado Estado”.

Soldados mexicanos cerca al pueblo Aguililla. (AP)
Soldados mexicanos cerca al pueblo Aguililla. (AP)

¿Qué pasa en la sociedad mexicana, en la opinión pública, ante los casos de abusos cometidos por el ejército? ¿Se cuestiona su efectividad en este contexto de violencia? ¿O simplemente se cree que todos los muertos que presentan las autoridades son criminales que merecían morir?

DR: —Sí, ese no ver y preguntarse, o detenerse a mirar quiénes son las personas que están muriendo y son desaparecidas, yo creo que tiene varias causas. Una es que es una manera de sentirnos seguros. O sea, yo quiero pensar que a mí no me van a desaparecer porque yo no ando en nada malo. Entonces quiero pensar que a quien desaparecen es porque anda en algo.

Otra causa el tema de la precariedad. La gente está más preocupada por su día a día. El tema de la economía y del empleo está cada vez más precario en todos los lugares, las cosas son cada vez más caras, los traslados. La vida diaria es dura de por sí para que además tengas que generar, tener empatía. Para que además le pidamos a la gente común y corriente que tenga empatía y que tenga solidaridad.

Otra tiene que ver con que somos un país clasista y racista. Y claro, los muertos son nacos, son pobres. Y eso sí es real. Esta creo que, de las otras dos, es con la que sí me siento con más capacidad de decir: eso está cabrón, eso está jodido. No podemos abstenernos de nuestro racismo y de nuestro clasismo para seguir victimizando a las personas que han sido víctimas de muchas violencias.

Y la otra también creo que tiene que ver con nuestro trabajo, pienso en artistas, pienso en periodistas, académicos: ¿cómo seguimos hablando de esto y cómo le hacemos saber a la gente que seguir hablando de esto es importante?

Soldados patrullando las calles de Culiacán. (AP)
Soldados patrullando las calles de Culiacán. (AP)

¿Es la obediencia, el deber que tiene un soldado a cumplir órdenes, uno de los principales motivos por el cual mata?

DR: —Nosotros pensamos que en la cárcel íbamos a encontrar testimonios como “nos ordenaron salir a matar”. Como de una manera muy obvia, muy evidente. Y no fue así. Pero sí encontramos el impacto de la obediencia en sus vidas. Y eso para mí fue uno de los primeros hallazgos que me dejaron muy perpleja. Y lo resumo en uno de los relatos de los jóvenes que decía: “es que en el ejército tú no aprendes a respetar, tú aprendes a obedecer. Y cuando tú obedeces tú ya no eres una persona, tú eres manos, las manos de alguien que hace cosas”. Y para mí eso fue bien duro y fue algo que pudimos comprobar después leyendo otros libros, entrevistando a otros compañeros, a otros soldados. Y lo que entendimos fue eso, qué tiene que pasarle a una persona para que obedezca de manera así tajante. Qué se tiene que borrar, qué se tiene que matar antes en una persona para convertirla en alguien que solo obedece y que es por lo tanto las manos de alguien más.

Pero en algún momento, más avanzada la investigación, nos dimos cuenta que ya también la obediencia era la justificación para todo.

Cuando cometen estas ejecuciones es porque, paradójicamente, desconfían de esas mismas instituciones a las que representan. Como cuando hablan de “hacer justicia por mano propia”. ¿Hay dentro de la tropa una desconfianza a la Justicia o eso es simplemente una justificación para matar?

PF: —He pensado a veces qué pesaba más, si la rabia contenida o no contenida o la desconfianza hacia las instituciones, y siento que evidentemente la respuesta está en un desequilibrio entre ambas fuerzas. Quién sabe por qué. En algunos casos será desconfianza, en otros casos será la rabia. Yo siento que tiene que ser más la rabia, al final somos animales y en esos momentos en que te has visto reducido a un vivir o que te maten, aunque ya esté resuelta la situación, pues tú puedes aprovechar la adrenalina y más teniendo en cuenta la narrativa en la que estás inmerso. Es decir, nosotros somos los buenos y ellos son los malos, da igual que sean pobres, da igual que no hayan tenido oportunidades. Y claro, evidentemente en la construcción racional de por qué lo hice, que puede venir después, puede incluir el argumento de la desconfianza hacia las instituciones de procuración de justicia.

Soldados en la marcha por la independencia el pasado 16 de septiembre de 2019. (AP Photo/Marco Ugarte)
Soldados en la marcha por la independencia el pasado 16 de septiembre de 2019. (AP Photo/Marco Ugarte)

Desde que en el 2006 Felipe Calderón decidió sacar el ejército a las calles ¿se puede afirmar que hay una correlación entre “más ejército más muertes”?

DR: —Todavía no ha habido estudios académicos que permitan confirmar esta correlación. Sí fue algo que se planteó y nosotros lo citamos en algún momento.

Hubo investigaciones académicas, creo que las citamos ahí, la de Fernando Escalante, por ejemplo. Pareciera ser que esto tiene relación pero todavía faltan otro tipo de estudios para poder determinar que a mayor presencia del ejército hay un incremento de asesinatos. O sea, científicamente no está correlacionado.

Tampoco está correlacionado que ante la llegada del ejército haya menos violencia. Pero hay un estudio que sí se acerca que es interesante y que también lo citamos, que es el de Laura Tuesta, donde ella dice que si comparas las consecuencias de cuando interviene una policía municipal, una policía estatal o un soldado, el número de muertos en promedio siempre es mayor en el ejército.

¿La Guardia Nacional creada por el gobierno de López Obrador sigue siendo la tropa o es simplemente un cambio de nombre, qué es?

PF: —No, vamos a ver, ahora mismo es tal cual un cambio de nombre porque hasta que capaciten a los nuevos reclutas los integrantes de la Guardia Nacional son policías militares, policías navales, y en mucha menor parte policías federales. Entonces la mayor parte de los 55.000 elementos de la Guardia Nacional que dice el presidente que ya se han desplegado son militares, ya sea marinos o militares, es decir al final son la tropa.

Soldados que están con la Guardia Nacional en un retén en el estado de Chiapas, el 22 de junio (Luis Antonio Rojas/The New York Times)
Soldados que están con la Guardia Nacional en un retén en el estado de Chiapas, el 22 de junio (Luis Antonio Rojas/The New York Times)

¿El foco o la excusa para seguir utilizando a la tropa, o en este caso a la Guardia Nacional, sigue siendo la de la guerra contra las drogas?

PF: —Mira, yo creo que el concepto de guerra contra las drogas, si alguna vez fue correcto, en todo caso hoy es obsoleto. Porque la criminalidad no tiene como fuente de recursos principal el tráfico de drogas a gran escala. Y no sé si alguna vez lo fue, en todo caso no lo es. Esto es muy fácil de ver a partir de la estadística criminal que vive México y que se desprende de lo que ocurre hoy. Hay estados en los que ha aumentado muchísimo la tasa de homicidios, los índices de robos violentos, etcétera, pero en realidad lo más importante no es el tráfico de drogas, ni siquiera el menudeo de drogas sino el robo de combustible.

Y luego hay que tener en cuenta, y esto creo que para afuera va a resultar medio raro, pero yo la verdad tengo mis dudas de que en realidad la guerra contra el narco fuera en verdad contra el narco. O sea, al final tú te das cuenta que siempre, no digamos siempre, digamos la mayoría de las veces hay elementos que están o han estado adscritos a alguna agencia policial o militar gubernamental de los tipos que son supuestamente los malos.

Dudo que alguna vez la llamada guerra contra el narcotráfico, contra las drogas, fuera en realidad lo que sugiere el título. Por otra parte, parecía que aquí en México había un bando bueno y el otro malo, parecía que el bueno no cometía errores y el malo era mitológicamente malo.

DR: —Ha habido una desconexión entre el discurso y la realidad, así como Calderón no tuvo ningún problema en vestirse de militar e ir al lanzamiento del primer operativo militar en su estado natal, en Michoacán. En 2012, Peña Nieto ya abandona ese discurso agresivo pero, sin embargo, la táctica del gobierno fue la misma y el peso que tuvo se vio en la Secretaría de la Defensa Nacional y en la estrategia de seguridad que fue igual, sino mayor. En el caso de López Obrador creo que la desconexión es todavía más profunda porque su discurso adquiere tintes pacifistas en campaña. Es verdad que se endurece cuando gana las elecciones.

Entiendo o entendemos algunos desde aquí que él (López Obrador) ve algo, se da cuenta que la situación está más jodida de lo que en un principio pensaba y que es muy peligroso retirar al ejército ahora mismo tal cual está el país porque claro, no creo que un gobernante se atreva a, de repente, de un día para el otro, sacar a 40.000 soldados de las calles. Sería políticamente peligroso. Pero sí es verdad que si Calderón cazaba el discurso con actos, López Obrador casi que va a la contra. Lo que dice y lo que hace es totalmente distinto. Porque ahora mismo por mucho que diga que la Guardia Nacional es un cuerpo civil y así lo establece la Constitución, el hecho es que son militares en su gran mayoría, que el mando operativo es militar, que el adiestramiento lo está haciendo en cuarteles militares. Y no sabemos en realidad cómo está siendo el adiestramiento. Me refiero a qué peso está teniendo el aprendizaje en derechos humanos, en uso de la fuerza, etcétera.

Soldados de la Guardia Nacional en un retén en el sur de México (Luis Antonio Rojas/The New York Times)
Soldados de la Guardia Nacional en un retén en el sur de México (Luis Antonio Rojas/The New York Times)

Y ya por último, ¿creen que pudieron contestar en el libro la pregunta acerca de por qué mata un soldado?

DR: —Sí creo que respondimos. O sea, creo que respondimos pero no de manera totalitaria y concluyente. Creo que nos acercamos a las distintas y variadas razones por las que una persona soldado sale y le dispara a alguien. Creo que el común denominador en todas ellas, o la gran mayoría de todas ellas, es que esta persona que sale ya sufrió niveles de violencia en su propia vida. Creo que eso sí puede estar en la mayoría de las respuestas concretas de por qué un soldado mata.

Creo que al final de la investigación esta pregunta terminó siendo no tan relevante como muchas otras que encontramos en el camino. Sobre todo yo me quedé muy clavada en todo el tema de cómo escucharlos. Para mí ahí surgieron preguntas que creo que no habría llegado a ellas haciendo otro tipo de trabajos y que ahora esas preguntas me han enseñado a ser un poquito más cautelosa.

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