“Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes”.  (Walsh, R., Esa Mujer, del libro Los oficios terrestres. 1965)

El mundo en 1924: Lenin había muerto en enero, en mayo se fundó la Metro-Goldwyn-Mayer, en junio moría Franz Kafka, en septiembre nacía Truman Capote. En octubre el argentino César Onzari marcó el primer gol olímpico en la historia del fútbol y en diciembre Adolf Hitler abandonaba la prisión de Landsberg pese a que en abril había sido condenado a cinco años de cárcel por un intento de golpe de Estado. La República Argentina era presidida por el radical Marcelo Torcuato de Alvear y en la ciudad de Rosario, Santa Fe, el 25 de septiembre nació Amelia Montero, La Vieja de Newell’s.

Es el de ella un caso único en el mundo: una tribuna de un estadio, el del Coloso Marcelo Bielsa, lleva su nombre. ¿Por qué? Bastará para entenderlo leer su historia, contada en primera persona, a sus recientemente estrenados 94 años, más el aporte de Lucía La Profe Salinas, una de las personas que más la conoce, que más la quiere y admira.

Amelia, por Amelia 

“La primera vez que fui a la cancha tenía 6 años, me llevaba mi tío y en la puerta había un hombre grandote, era el alemán Celli (ndr: Adolfo Celli, uno de los primeros ídolos de Newell’s) y me dijo ‘vení, pasá negrita’ y me agarró y me llevó: nunca más falté yo al partido, nunca más”

“Antes iba poquita gente a la cancha. Mujeres… no. La única: yo (dice golpeándose el pecho). Primero íbamos a la cancha en tren, entonces los muchachos que venían conmigo se subían y no pagaban. Yo sí pagaba y les decía: ‘Esperen calladitos la boca’. Cuando venía el guarda se ponían en el fuelle del tren, se metían ahí y cuando el guarda pasaba el vagón yo (busca un pañuelo blanco entre sus ropas y lo hace flamear, como demostración del gesto que hacía). Entonces los muchachos se metían adentro, en el tren”.

Amelia es histriónica, audaz, risueña. Que lleve 88 años ininterrumpidos siguiendo a Newell’s ya la hace extraordinaria. Pero lo que la hizo leyenda fue su empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Advirtió en aquellos años que muchos hinchas de La Lepra no tenían medios para viajar. Entonces fue cuando se plantó por primera vez ante un presidente del club y le dijo que ella montaría un sistema de micros que pudiesen trasladar a cuantas personas quisieran viajar. Para eso necesitaba el otro elemento fundamental: todas las entradas que pudieran darle. Ningún dirigente se animó a decirle que no y allí comenzaron a salir los micros de Amelia. Aquellos que llegaron a transportar la pasión de tres generaciones por todo el país e incluso el continente. Y allí Amelia se volvió infinita.

“Después empecé a sacar los colectivos, yo les pedía entrada al presidente, me las regalaba. A mí me respetaron toda la vida, desde el año 62 hasta hoy. Yo tenía mi vida, una vida normal, pero quería que a Newell’s lo pudieran alentar todos. Primero mi marido me acompañaba pero después empezó a quedarse con los chicos porque ya conocía a la gente que viajaba conmigo. Sabía que me respetaban y entonces me dejaba sola, era muy buena persona”.

Amelia viste de rojo y negro, indefectiblemente. Viste un saco, un pantalón hecho a medida, zapatos de taco alto, camisa y un pañuelo al cuello. Recuerda con picardía: “Mi marido… yo te digo lo que le hacía a mi marido. Él era de Central pero nostras, las mujeres, tenemos algo que no tienen ellos: lo hice de Newell’s (exclama) y prosigue: “¿Pero a fuerza de qué?”. Con un brazo se acaricia el otro, mira con picardía y remata: “¡Viva Newell’s!”. Sí, le hacía lanzar el grito de guerra para permitirle cualquier intención de acercamiento. “Me costó, pero lo saqué hincha de Newell’s”, dice.

“Una vez que jugábamos con River llegué a tener 15 colectivos alrededor de la plaza. Me acuerdo que las mujeres no iban porque decían que era cosa de hombres. Había algunas que fumaban y me decían:

-¿Usted va a la cancha?

– Sí -les decía yo-

– Cosa de hombres -respondían-

-¿Usted fuma? -les preguntaba-

-Sí -decían y yo les devolvía:

-Ah, cosa de hombres.

“Me acuerdo que una vez fuimos con dos colectivos a San Pablo y no los dejaban entrar. Había un muchacho que me dijo: ‘Amelia, ¿te animás a desmayarte?’, y ahí nomás me desmayé. La policía empezó a pedir que abrieran porque había una persona desmayada y bueno, cuando abrieron se mandaron los colectivos y yo me fui con ellos”.

“Vieja Amelia me puso el Tata Martino. Una vez me vio por la tele y dijo ‘uy, la Vieja Amelia’, y ahí todos los chicos empezaron a llamarme así. El Tata fue el que yo más admiré porque él no le pegaba a la pelota: la acariciaba”, resalta.

(gloriosonob.com)
(gloriosonob.com)

De amores con bandera

“El técnico que yo más quise fue Juan Carlos Monte porque nos dio el campeonato en la cancha de Central, el primer campeonato. Y Marcelo Bielsa. Ellos fueron los dos mejores técnicos que tuvo Newell’s”.

Una anécdota entre miles

“Cando salimos campeones (en referencia al título de 1974) yo había ido con los muchachos. Jugábamos y destejimos el alambrado porque había uno de Central que se paseaba donde estaba la hinchada nuestra y les pegaba en la mano a los muchachos; no les dejaba agarrarse del alambrado. De a poquito lo pudieron destejer y cuando salimos campeones uno me agarró de acá (se apoya las manos en la cadera) y me metió por el agujero a la cancha. Empecé a dar vueltas. Me tiraron de todo… piedras, me puteaban, me decían de todo (se ríe). Y cuando terminó el partido me fui a la puerta y gritaba como una loca. Pasó Monte, el técnico, me vio, me levantó de la cintura y me metió adentro del auto: ‘Loca te van a matar!’, me dijo y nos fuimos de ahí.

Con plata o sin plata, yo voy a ver a Newell’s

“Hacíamos así: yo tenía la entrada en la mano, la mía, y me paraba al lado del portero y le decía: ‘Van a pasar todos ellos, vos contalos que el último te da las entradas’. Entonces pasaban todos y cuando llegaba el último entraba yo. El portero me decía: ¿Y las entradas? No las tengo, le decía yo y corría a la tribuna con los muchachos”.

Su nombre en la tribuna del Coloso

“Es un orgullo bárbaro, nunca lo soñé. Yo todo lo hice de corazón, porque era de Newell’s, porque mi sentimiento es Newell’s. Para mí, Newell’s es todo. A mí todos me dicen Vieja y yo no me ofendo, me gusta, porque me lo dicen con cariño. A todos los quiero, los quiero a todos, los tengo acá adentro”, dice, con la mano sobre el corazón.

  • <span style=”color: #ff6600;”><strong>Amelia, por Lucía Salinas: <em>La Profe</em></strong></span>

“La conozco desde hace muchos años cuando empecé a viajar con ella con mis hijos en los colectivos de Amelia, que se caracterizaban porque brindaban posibilidades de viajar a la gente joven, a las familias, a la gente sola como yo con criaturas, te garantizaban una tranquilidad. Entonces era sí o sí el modo elegido para viajar a ver a Newell’s”.

Lucía “La Profe” Salinas
Lucía “La Profe” Salinas

“Los colectivos eran famosos porque, como ella contó, allá por la década del ’60, como era una de las pocas personas que tenía teléfono, ella puso un aviso en el diario La Capital y empieza a organizar de manera efectiva y contínua esto de viajar en colectivo porque eso no se había hecho nunca, la gente hasta ese momento viajaba en tren y después ya se hizo conocido que la vieja Amelia sacaba sus colectivos y entonces vos ibas en la semana, o la llamabas por teléfono, le pedías que te reservara tantos lugares y después ibas a la casa y arreglabas con ella”.

“Después yo muchas veces cuando podía lo hacía en auto pero los colectivos de Amelia eran una forma efectiva y segura para los chicos, para los jóvenes que por ahí no tenían otra forma de llegar. Aparte los colectivos de ella se caracterizaban porque realmente eran muy cooperativos y solidarios. Si no alcanzaba la plata para pagar el pasaje se juntaban las moneditas y al final ella siempre conseguía lugar para todos, siempre llevaba mucha más cantidad de la que tenía permitido”.

“Y la historia de ella… en realidad mucha gente cree que uno habla y la destaca porque es muy grande edad, pero no es por la edad sino porque es historia pura. Es una mujer que estuvo más de 50 años sistemáticamente arriba de los colectivos en un universo exclusivamente masculino pero yo creo que  ella ni se enteró, ni se dio cuenta que ella era una mujer porque le pasaba por encima ese tema: ella es hincha de Newellis y desde ahí hizo todo. Lo que ella hacía implicaba además conseguir las entradas, marcar los caminos por dónde iban a ir los colectivos, qué lugares eran seguros, hablar con los controles policiales en cada lugar. Después cuando llega toda su gente en las canchas gestionar para que el ingreso sea ordenado. Implicaba un montón de cosas, era realmente increíble y ella viajó en los colectivos hasta último momento, ahora ya lamentablemente no se permite el público visitante y aún así ella sigue yendo y tiene el honor, la dicha de haber seguido a Newell’s por todos los países de América donde Newell’s jugó, que no es un dato menor. Testigo de todos los campeonatos, o sea que realmente es un pedazo de nuestra historia importantísimo”.

“Lo que ella hacía era ir a gestionar en su debido momento con cada uno de los presidentes que tuvo Newell’s a lo largo de su historia, entonces ella primero pedía las entradas para la gente que viajaba en sus colectivos y de esa manera ella solo tenía que conseguir el dinero para pagar el viaje, pero ya tenía garantizado desde el club la entrada. El tema es que como siempre llevaba más gente de la que podía, cuando llegaba a las canchas no le alcanzaban las entradas, entonces ahí ella desplegaba toda su picardía, todas sus estrategias para ver cómo hacía para que ingresaran todos”.

“Amelia es muy seductora, siempre lo fue, pero además es una mujer de un carácter muy fuerte, muy convincente capaz de usar cualquier estrategia, como cuando en Brasil simuló un desmayo porque no alcanzaban las entradas, ella nunca reparó en lo que tenía que hacer con tal de que los chicos entraran con ella que, además, nunca ingresó con entrada porque la de ella siempre la regalaba”.

“En las canchas la fueron conociendo y se volvió un personaje muy querido, muy conocido. Es más, yo calculo que un poco gracias a internet, yo he estado con ella en Colombia, en Venezuela y cuando ella llega, chicos de otras hinchadas de otros países vienen a sacarse fotos con ella”.

“Amelia siempre le dice a todo el mundo que tiene cuatro virtudes: que es sentimental, coqueta, de Newell’s y peronista. Esas son sus cuatro virtudes y realmente es profundamente peronista, yo muchas veces le digo Esa Mujer, su figura es Eva Perón, a la que una vez conoció en Rosario, le llevó a su hijo, que falleció, y Evita le dio un beso, fue además militante”.

“Ella en la década del ’70 fue una militante barrial muy grande dentro del peronismo, se metía en las villas y trabajaba con la gente y a Evita y a Perón los vio en ocasión de que vinieron a Rosario para el Congreso Eucarístico, y habló con Perón en otra oportunidad. Es más, el 17 de octubre último me regaló una remera que dice: Viva Perón Carajo.”

“Ella nació en Rosario, muy cerca de Pichincha y se crió con su mamá. Su papá los venía a visitar pero no vivía con ellos y tuvo un tío que se llamaba Orestes, que jugaba en la liga rosarina y es el que la llevaba de la mano a las prácticas y en una tablita le dibujaba y le enseñaba todos los esquemas del fútbol. Ella por entonces era recibida por el alemán Celli (Adolfo Celli, ídolo de Newell’s), la hacía sentar y la ubicaba junto con los hermanos Libonatti, (ndr: Julio y Humberto, emblemas de La Lepra) es algo increíble”.

“Tiene una hija y un hijo. El hijo se había ido a vivir a España y por una enfermedad falleció. Ella lo lleva en el alma y yo digo que parece ser que la vida se lo devolvió multiplicado porque ella siempre tuvo una gran predilección por todos los muchachos porque dice que las chicas en los
colectivos se portan mal y dan trabajo, no hacen caso, en cambio los chicos sí… de hecho cuando viajan a algún lugar la llevan a los boliches, a todos lados”.

“Mientras ella estuvo casada el marido ganaba muy bien. Es más, cuentan que ella le sacaba plata y la terminaba gastando en los viajes o dándole a los chicos, siempre lo dice, ella nunca ahorró un peso. Y el hijo le mandaba también y ella lo usaba para Newell’s. ¿Qué ocurrió? Después ella pasó
a alquilar cuando quedó viuda y es una historia muy conmovedora porque la casa donde ella alquilaba, el dueño era un viejito al que ella siempre cuidó; lo bañaba, le daba de comer durante décadas. Cuando el viejito falleció le inician los herederos los trámites para que se vaya de la casa. Entonces el juez la llama y le dice que era muy sencillo porque simplemente con que ella dijera que había sido la concubina nadie la podía sacar porque todo el mundo sabía que ella lo cuidó toda la vida. Y ella, que no tenía adonde ir dijo que en absoluto, que de ninguna manera ella iba a mentir porque sería una falta de respeto para sus herederos y se quedó sin donde vivir. Ella sigue
alquilando, ahora por suerte vive cerca de la casa de la hija, pero ella se quedó sin nada, ella se lo gastó todo. Amelia es una persona de principios. Muy íntegra, muy íntegra”.

“Tengo la alegría de haber estado en la gestación del proyecto que pidió porque una tribuna del Coloso llevara su nombre porque desde lo que en aquel momento se llamaba subcomisión del hincha, con todos los chicos que viajaban con ella en los colectivos se comenzó con esta idea, al ser un aniversario de un cumpleaños de ella y se juntaron firmas, se hizo un proyecto, se elevó a la comisión directiva (en 2012, entonces con Guillermo Lorente como presidente) y obviamente se aprobó. Era algo muy fuerte porque no hay tribunas de hinchas por el solo hecho de ser hinchas. Como ella dice: yo no soy famosa, soy popular como Newell’s”.

“Hay familias enteras, tres generaciones que han viajado en los colectivos de Amelia”.

“Su historia es la historia del Newell’s contemporáneo. La pienso desde el alemán Celli a contar las anécdotas de todos los campeonatos, haber pasado por todos los países donde Newell’s jugó, haber estado en todas las canchas, en todos los banderazos. Es la historia misma de Newell’s. Yo creo que ella es la historia de la pasión”.

“A ella la respetan todos en Rosario. Está la anécdota de que cuando se jugó el primer clásico sin visitantes ella se tomó un taxi, bajó sola con la hija, que generalmente no va a la cancha, y con su bastón, los controles policiales no lo podían creer: ¡¿Qué hacés acá?!, le preguntaban y ella se presentó, la ubicaron en un palco con el gobernador y se había ido sin entrada, sin nada”.

La Profe Lucía con Amelia Montero
La Profe Lucía con Amelia Montero

“Para mí”, dice La Profe y vocaliza especialmente, “le voy a robar a Rodolfo Walsh”, apunta y continúa: “Es Esa Mujer (considerado por muchos como uno de los mejores cuentos de la literatura argentina), porque es la síntesis de esa pasión, porque me toca la fibra más íntima porque el corazón, mi corazón es de Newell’s y peronista, tal cual como ella, y siempre vi en ella la imagen de lo que es la pasión: es un camino a seguir”.

¿Quién es esa mujer?

“Me la veo en la cancha formando a todos en fila y engañando a los guardias para que entren todos. Me la veo corriendo con los muchachos, sonriendo, ayudando, alentando. Esa es Amelia, la de la picardía y la que cuando se propone algo lo logra seguro”.

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