Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, Vladimir Padrino López y Tareck El Aissami. Juan Guaidó, expectante en una semana que podría ser clave
Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, Vladimir Padrino López y Tareck El Aissami. Juan Guaidó, expectante en una semana que podría ser clave

Un opositor venezolano en la mira del régimen recibe el mensaje de un contacto conocido. Así figura en la pantalla de su móvil. Es alguien de confianza. Responde y espera. Concuerdan una cita. El político llega y aguarda en el lugar indicado, pero el interlocutor nunca se presenta. En cambio, el apuntado sufre un secuestro y es trasladado a uno de los tantos “hogares” que el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) tiene por todo el país. Una vez detenido e interrogado por fuera de la ley es liberado por escasos instantes: momentos después será nuevamente apresado de forma “oficial” y llevado a una dependencia declarada.

Se pregunta si su amigo lo traicionó, pero no es así: el texto jamás había sido enviado por él. El misterio se extiende. ¿Qué fue lo que ocurrió?

La dictadura consigue engañarlos y el anzuelo pocas veces es rechazado. Estos “hogares” -un eufemismo para los centros clandestinos de interrogación- están desparramados por gran parte de Venezuela y son controladas tanto por los agentes de Nicolás Maduro como por el G2 castrista. Es lo que sufren aquellos que se oponen con decisión al régimen y que no están dispuestos a bajar sus brazos.

Por estas horas, el mundo posa su mirada en los movimientos de cada uno de los actores de la vida del país. Uno de ellos, Estados Unidos, aparece como el más decidido a sostener la transición democrática al apoyar firmemente al presidente interino Juan Guaidó, quien necesitaría de mayores muestras de solidaridad por parte de sus aliados internos.

Esta semana podrían multiplicarse las medidas desde Washington. Es posible que se den a conocer aún más sanciones económicas del Departamento del Tesoro sobre la jefatura y los allegados directos del régimen. Las mismas también podrían golpear a sus aliados, sobre todo Cuba, una de las administraciones que amparan a Caracas. ¿Presionará también sobre otras islas? Por el momento, los Estados Unidos ingresaron en etapa de negociaciones con Rusia, el principal sostén económico y militar del Palacio de Miraflores.

Mientras tanto y pese al fallido plan para expulsar a Maduro del poder, (parte de) la oposición venezolana continúa adelante con la Operación Libertad. Vladimir Padrino López, el ministro del Poder Popular para la Defensa y líder del Ejército Bolivariano -y sobre el cual todos posaban sus ojos desde el inicio de los alzamientos en la base aérea La Carlota faltó a su promesa de empujar de la sede gubernamental a Maduro. Por cobardía o por una temprana interferencia cubana y rusa, lo cierto es que quien debía unificar las fuerzas dio marcha atrás. El coraje, al parecer, vive sólo en el desarmado pueblo venezolano que se expone en las calles.

El generalísimo había acordado con John Bolton, el asesor de Asuntos de Seguridad Nacional para Donald Trump, reconocer a Guaidó como presidente encargado de Venezuela y permitir la transición democrática. El pasado viernes por la mañana el consejero de la Casa Blanca junto al secretario de Estado Mike Pompeo visitaron el Pentágono. Mantuvieron una reunión donde se discutieron posibles escenarios en la nación petrolera. Sin embargo, la opción militar es desalentada por el momento: una incursión terrestre podría demandar un alto costo humano.

Horas después ese mismo día Trump y su par ruso Vladimir Putin dialogaron por teléfono. El ex agente de la KGB destinado en Alemania del este durante los años de la Unión Soviética expuso sobre el demacrado estado latinoamericano. Afirmó que corresponde a los propios venezolanos definir el futuro de su nación. Es verdad. Pero agregó: la injerencia externa socava las posibilidades de una solución política a la crisis. Nadie sabe decir si se trató de un acto de cinismo o un error de traducción.

Desde hace meses Rusia dispone del envío de militares a Caracas quienes están dedicados a proteger sus negocios -petroleros y mineros- y al régimen al que controla junto a China, Irán y Cuba. Este viernes aterrizó el hasta ahora último contingente ruso: lo hizo a bordo de un avión Hércules c-130 en el aeropuerto de Coro. Ocurría mientras los presidentes de ambas potencias hablaban de la no intervención en territorio venezolano y de “ayuda humanitaria”, en palabras de Trump.

Algo a tener en cuenta: quizás la última ficha del dominó que podría terminar de hacer colapsar al régimen de Maduro no se encuentre en Sudamérica, sino en el norte de Europa. Más específicamente: ¿será el gasoducto Nord Stream 2 la clave?

Los vuelos a Punta Cana

En tanto, el Caribe es otro de los capítulos a tener en cuenta. Especialmente uno de sus paraísos. República Dominicana actualizó en 2015 su tratado de extradición con los Estados Unidos. Fue firmado en Santo Domingo el 12 de enero de ese año y aprobado meses después. En el nuevo acuerdo se modernizaban los puntos de aquel de 1909 agregando los delitos referidos al lavado de dinero, terrorismo y narcotráfico y prevé que la medida no podrá ser “rechazada basada en la nacionalidad de la persona buscada“. Varios de esos crímenes alcanzan a Maduro y los suyos.

El periodista Jaime Bayly confirmó que el misterioso vuelo que Infobae reveló hace unos días que había partido rumbo a esa isla en el Caribe lo hizo con la esposa del dictador Nicolás Maduro a bordo. “Cilia Flores fue a Punta Cana en el Bombardier Global Express que le mandó (Vladimir) Putin“, dijo el conductor en su programa del jueves por la noche. La aeronave llegó proveniente de Moscú el martes 30 de abril y estuvo sólo una hora en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Junto a la mujer habrían embarcado otros tres pasajeros. Lo primero es la familia.

El lujoso avión con matrícula TC-TSR pertenecería a un empresario de íntima confianza de Tareck El Aissami -ministro de Industria y Producción Nacional de Venezuela- uno de los chavistas de relaciones más aceitadas con Hezbollah y el régimen teocrático de Irán. Ese amigo de los cielos no es otro que Samark José López Bello, huésped que conoce como pocos las comodidades del Hard Rock Hotel & Casino de aquel centro turístico dominicano donde suele disfrutar de su campo de golf y restaurantes. Sobre todo Zen, de comida japonesa. El sushi es otra de sus debilidades.

Tan próximos son el aficionado golfista y su alter ego que ambos fueron acusados formalmente en marzo ante un tribunal norteamericano por sus vìnculos con el narcotráfico y por utilizar aviones privados para unir Moscú, Estambul Caracas violentando una sanción previa del Departamento del Tesoro. Hay quienes sospechan que esos vuelos podrían dejar alguna huella en la ruta del oro que se fuga desde Venezuela. La investigación está en marcha en los tribunales del Distrito Sur de Nueva York. “Tanto El Aissami como López Bello tendrán que pensárselo dos veces antes de salir de Venezuela“, advirtió el pasado 8 de marzo el agente especial Ángel M. Meléndez al dar a conocer los cargos.

En tanto, Maduro se muestra cada vez más debilitado. La revelación de que habría intentado fugarse y le fue impedido dejó en evidencia que el control que alguna vez tuvo sobre los resortes de poder se esfumaron. El Ejército responde únicamente a Padrino López; los colectivos chavistas -la fuerza parapolicial que aterroriza a los venezolanos- viven bajo el yugo de un revitalizado Diosdado Cabello quien ahora también se apropió del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) al que conduce junto a cubanos. La producción de barriles y minera está supervisada por rusos y chinos que cuidan refinerías, pozos y centrales energéticas. La economía está desbocada desde hace meses y su ministro, Simón Zerpa Delgado, parecería únicamente preocupado en cómo desviar el oro a Medio Oriente.

Aquellos países que consiguen -por ahora- comprarle petróleo eludiendo las sanciones norteamericanas lo hacen a una tercera parte de su valor. A los pocos minutos chinos y rusos lo venden a precio de mercado. A Maduro sólo lo sostienen porque no tienen con quién reemplazarlo. “Si cae él, caen todos los demás“, explica a Infobae un hombre que conoce como pocos la decadencia chavista. Ante las cámaras, el hombre que dicen que envió a su familia a Punta Cana ensaya fortaleza: “Vamos a cortarle la cabeza a quien haya que cortársela para que aprendan a respetar a nuestro pueblo“, dijo fingiendo poder.

En tanto, Guaidó debe conseguir apoyos más contundentes del resto de la oposición venezolana para mostrar una unión que todavía no se muestra fuerte. Serán semanas clave: las sanciones podrían escalar, ahorcando aún más a una cúpula dictatorial cada vez más demacrada y sin recursos.

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