El Alfa Romeo 308 con el que corrió Oscar Gálvez, exhibido en el museo de Balcarce
El Alfa Romeo 308 con el que corrió Oscar Gálvez, exhibido en el museo de Balcarce

Hubo un día que cambió para siempre la historia del automovilismo de nuestro país. El 6 de febrero de 1949, Oscar Alfredo Gálvez se convirtió en el primer piloto argentino en vencer a los europeos, quienes dominaban el deporte motor. Fue en la precuela de la Fórmula 1 y en un circuito que hoy está desafectado para competencias automovilísticas, pero que la gente puede recorrer de forma libre y gratuita.

Las carreras denominadas Grand Prix fueron las que dominaron la escena internacional desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Terminado el conflicto bélico, los motores volvieron a encenderse en el Viejo Mundo y los equipos italianos como Alfa Romeo, Maserati y la joven Scudería Ferrari (nacida en 1947), eran quienes mandaban en la categoría que fue la base de la Fórmula 1, cuyo campeonato se inició en 1950.

En la Argentina, el Turismo Carretera también había reiniciado su actividad en 1947: se había parado en 1942 ante la falta de repuestos desde los Estados Unidos, que ya estaba en guerra. Los referentes nacionales del momento eran los hermanos Oscar y Juan Gálvez, Juan Manuel Fangio y José Froilán González, por nombrar algunos. Por aquellos años el gobierno de Juan Domingo Perón aportaba presupuesto para que los volantes más importantes pudieran correr en los Grand Prix y hasta se llegó a solventar las fechas internacionales en esta tierra.

Antes de la existencia del Autódromo de Buenos Aires, inaugurado el 9 de marzo de 1952, los bosques de Palermo eran el epicentro de estos eventos con los mejores autos y pilotos extranjeros, entre quienes se destacaban los italianos Giuseppe Farina (primer campeón de F-1 en 1950), Alberto Ascari (campeón de F-1 en 1952 y 1953) y Luigi Villoresi. En un trazado que daba la vuelta al lago de regatas del Parque 3 de Febrero, hace siete décadas, el Aguilucho (como se lo conocía a Oscar Gálvez), fue el máximo protagonista de un hito del deporte nacional. Él y Fangio fueron nuestros máximos exponentes en aquella competencia que se disputó bajo una lluvia incesante.

La prueba se llamó III Gran Premio Eva Duarte de Perón. En el comienzo dominó el autor de la pole positions, Villoresi (Maserati), quien en la segunda vuelta fue superado por Ascari (Maserati). Detrás se ubicaban Fangio (Maserati), Gálvez (Alfa Romeo), Farina (Ferrari) y otro conocido del momento, el tailandés Birabongse Bhanudej, más conocido como el “Príncipe Bira” (Maserati).

En el sexto giro, Villoresi se deslizó por el piso mojado y Fangio intentó superarlo, aunque se fue a los fardos. Con estos retrasos, Gálvez ya era tercero, ya que había perdido su lugar con Farina. Los dos italianos y el porteño brindaron una ardua lucha con solo seis segundos entre el primero y el tercero. Hasta que en la ronda 15ª, Farina le pegó a un cordón y quedó afuera por la rotura en la dirección. Faltando diez vueltas, el pleito era entre Ascari y Gálvez. El Aguilucho presionó muy fuerte hasta que en el giro 26º al europeo se le soltó el caño de escape, tuvo un principio de incendio y debió abandonar.

Fueron cuatro rondas finales donde Gálvez se dedicó a asegurar su victoria, encabezando un 1-2 histórico para la Argentina, pues lo escoltó Fangio, que había remontado. Al cabo de 30 vueltas así terminaron bajo el aguacero que fortaleció un marco épico para aquella gesta, ya que para mantener un auto en pista con escasa adherencia y pocas medidas de seguridad había que tener talento y mucha valentía. El podio lo completó el uruguayo Eitel Cantoni (Maserati). Largaron 14 pilotos y el recorrido total de fue 145,9 kilómetros.

El circuito puede ser recorrido en la actualidad de forma libre y gratuita

¿Dónde está la máquina que condujo Gálvez ese día? Se trata de un Alfa Romeo 308, que hoy es el único en el mundo con motor de 3.800 cm3. Esta joya es el chasis 8C y ahora descansa en el Museo Juan Manuel Fangio de Balcarce (muy recomendable). Cuando el auto fue restaurado, se lo pintó con su color original, el rojo, que por aquella época solía identificar a los coches italianos. En la carrera de 1949, lució los colores que representaban a la Argentina, el azul y amarillo.

Pero también hoy se puede visitar el escenario de este hecho, que fue una bisagra para nuestro automovilismo. De forma libre y gratuita, la gente puede recorrer el denominado “Paseo Juan Manuel Fangio“. Es un trazado de 4.865 metros donde una parte puede transitarse en auto o moto y el resto solo se puede hacer de a pie o en bicicleta. Tiene un tramo por la Avenida Dorrego, donde se gira en U para retomar hacia la Avenida Figueroa Alcorta, donde se dobla a la derecha. Luego de cruzar el ingreso del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), se toma hacia la izquierda y se llega a un sector donde ya no se puede continuar con un vehículo motorizado. A su vez, a pocos metros del mencionado acceso de GEBA, que es la altura de la largada y llegada del circuito de 1949, se ubica dentro del club un busto en reconocimiento a Gálvez, que se colocó en 2012.

El busto que recuerda la proeza está ubicado en el circuito
El busto que recuerda la proeza está ubicado en el circuito

Luego de su proeza, el Aguilucho decidió ratificar su continuidad en el TC donde en 1947 había logrado el primero de sus cinco campeonatos, cuatro menos de los que obtuvo su hermano menor, Juan, el más laureado de la octogenaria categoría. Ambos consiguieron un global de 14 títulos (todos con Ford), en 15 temporadas entre 1947 y 1961. Solo Rodolfo De Álzaga (Ford) se entrometió con su corona de 1959.

¿Cómo nació lo de su apodo? “Me lo puso el periodista Pedro Fiore, en la Buenos Aires-Caracas (1948), cuando caí en un barranco en Ica, camino a Lima, dijo que ‘había volado como un aguilucho'”, recordó Oscar, que cada vez que contaba una anécdota solía gesticular para darle más matices a sus historias, las cuales explicaba con lujos de detalles.

Más allá de sus logros deportivos, Gálvez fue el pionero en nuestro país en usar casco y cinturón de seguridad. También fue el primero en pintar una publicidad en su auto. Se lo recuerda como un tipo con mucha pasión por el automovilismo y hasta hizo locuras como poner un auto en marcha atrás, andando hacia adelante a 120 km/h. Falleció un 16 de diciembre de 1989 a la edad de 76 años (corrió hasta los 51). Habían pasado nueve meses desde que el Autódromo de Buenos Aires fue rebautizado con su nombre. A partir de 2005 se incluyó en la denominación a su hermano Juan, quien perdió la vida en un accidente en una carrera de TC en Olavarría el 3 de marzo de 1963. Ambos quedaron en la historia porque fueron exitosos siendo pilotos y preparadores de sus autos. Oscar llegó a cambiar una caja de velocidades en 28 minutos en el Gran Premio Internacional del Norte en 1940.

Aquel 6 de febrero de 1949 no fue un día más. Resultó la jornada en la que el Aguilucho “voló” sobre los pilotos los europeos. El deporte motor internacional empezó a mirar de otra forma a los corredores albicelestes. Después llegaron los cinco títulos de F-1 de Fangio y sus hazañas que son irrefutables, es cierto, pero la primera vez que la Argentina alcanzó el escalón más alto del podio fue gracias a Oscar Alfredo Gálvez.

Así es el recorrido de 4.865 metros que antecedió al Autódromo
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Los carteles que relatan aquella recordada carrera
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El auto que corrió el “Aguilucho es el único en el mundo con motor de 3.800 cm3
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Oscar Gálvez corrió con el auto pintado de azul y amarillo, los colores que representaban a Argentina. Cuando fue restaurado, lo pintaron de rojo
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