La escritora Lorrie Moore, durante su paso por Buenos Aires (Télam)
La escritora Lorrie Moore, durante su paso por Buenos Aires (Télam)

Llenó el imponente Teatro Nacional Cervantes con una auténtica multitud de fans que celebraron cada una de sus palabras. Ella sonríe, dice que no es algo que le ocurra “muy seguido”. Dice que acaba de empezar a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo, que se trajo también algunas revistas New Yorker de su casa que le quedaron pendientes, además de material para sus clases en la universidad. Que está en medio de la escritura de una novela, que no sabe bien hacia dónde va.

Entonces vuelve a tomarse con humor eso que vivió una horas antes durante su paso por Buenos Aires como la gran invitada de la última edición del Filba. Con la misma gracia con la que escribió Cómo convertirse en escritora –un texto inolvidable, lleno de ironía y guiños sobre su oficio– donde una voz de manual de autoayuda sugiere a los que pretendan dedicarse a la escritura que intenten “ser otra cosa”. “Estrella de cine/astronauta. Estrella de cine/misionero. Estrella de cine/maestro de jardín de infantes. Presidente del Mundo”, son algunas de las opciones. Así recibe a Infobae Cultura Lorrie Moore, una de las autoras más importantes de la narrativa contemporánea el día después de su gran presentación ante el público de la Argentina.

— ¿Es difícil para los escritores lidiar con la cuestión pública que implica el oficio que tienen, mientras se dedican a escribir en solitario y alejados del mundo?

— Todo esos temas pertenecen a un costado muy distinto de la profesión. Cuando tengo que salir al público tiene más que ver con el negocio del libro pero para nada con el arte de escribir (piensa) ¡Realmente no tiene nada que ver con escribir! En mis comienzos pensaba: “Oh, esto será maravilloso”. Primero publicaba solamente con mis iniciales y me dije: “Esto será genial, no voy a necesitar ni siquiera salir de casa”. Pero de a poco, cuando empezaron a salir más libros, los editores me empezaron a pedir más y más exposición. En definitiva tampoco me molesta porque en general ¡me gusta la gente! (risas). Me gusta salir de casa. Y no es tan terrible. A la vez, no ocurre tan frecuentemente. Lo que pasó anoche en ese maravilloso teatro no ocurre muy seguido. En parte porque no tengo tantos libros, quizá eso pasa una vez cada cinco o diez años. Así que realmente no es algo con lo que tenga que lidiar a diario.

El jueves pasado, la autora de "Autoayuda", "Pájaros de América" y "Anagramas", entre otros, se presentó ante el público argentino en el Teatro Nacional Cervantes (Prensa Filba)
El jueves pasado, la autora de “Autoayuda”, “Pájaros de América” y “Anagramas”, entre otros, se presentó ante el público argentino en el Teatro Nacional Cervantes (Prensa Filba)

— Justamente en Cómo convertirse en escritora, uno de los relatos de Autoayuda hay mucho humor alrededor del oficio de escribir. ¿De alguna manera sigue sintiendo que es un desafío ponerse a trabajar en un material nuevo?

— El principal desafío hoy por hoy para escribir, para volver a escribir algo nuevo, es encontrar el tiempo y el espacio. Ideas tengo un montón, ¡todavía! Tengo menos que cuando era joven pero sigo teniendo muchísimas ideas. El problema es que ahora tengo un montón de responsabilidades, tengo que dar clases, ocuparme de mi hijo y muchas más cosas que debo mantener en mente. Yo tenía una docente que solía decir: “No podés escribir todo el tiempo”. Y yo pensaba: “La verdad es que nunca lo sabré” (risas). Nunca lo sabré porque siempre tengo responsabilidades. Así que, en todo caso, el desafío es limpiar todo eso y hacerse el espacio. Por supuesto que en algunos momentos la escritura presenta ciertas batallas. Cuando escribí Cómo convertirse en una escritora yo escribía todo el tiempo y muchísimo. Era mucho más joven y no tenía tantas responsabilidades. De alguna manera me estaba riendo de esa lucha por escribir. En realidad no era una lucha que yo experimentaba sino una lucha sobre la que quería hablar.

— Hablando de la docencia: ¿es posible enseñarle a alguien a escribir ficción?

— ¡Siempre vuelve esa pregunta! Creo que se puede ayudar a alguien. Por lo general (los estudiantes) vienen con algo de talento y saben cómo escribir. Entonces uno les puede enseñar a leer. Y especialmente se les puede enseñar cómo leer su propio trabajo. Además se puede alentar, editar y guiar. En ese sentido se puede enseñar, como se puede enseñar cualquier materia. ¿Se le puede enseñar a alguien a pintar? Sí y no. ¿Se puede enseñar matemática a alguien? Sí y no. Es algo un poco mezclado. Pero definitivamente se puede alentar a los estudiantes y además se les puede hacer ahorrar un montón de tiempo. Hay algunos proyectos en los que se quieren embarcar que están mal desde el inicio y pueden terminar en una pérdida de tiempo. Uno les puede decir: “No vayas por ahí, no lo hagas”. Pero si deciden continuar, es su decisión. Si se enfrentan a algo pese a que alguien se opuso, también se está testeando a alguien en su deseo. En definitiva hay un montón de formas de enseñar y la mayor parte del tiempo uno enseña al darles material para leer.

La autora es una de las escritoras invitadas a la última edición del Filba
La autora es una de las escritoras invitadas a la última edición del Filba

—En estos días estuvo hablando mucho de la presencia del humor en su trabajo, que muchas veces está metido en la estructura misma de las oraciones y de las palabras que usa, además de las descripciones. ¿Qué ocurre con esto cuando una obra se traduce? ¿Le afecta personalmente esta cuestión de alguna manera?

— ¡Por suerte no tengo que encargarme de eso! (risas). La verdad es que no tengo ni idea de lo que dicen mis libros cuando los traducen. Yo no hago la traducción y, por un lado me siento afortunada al ser traducida, pero por otro lado considero que los traductores reciben, de alguna manera, una maldición. Yo asumo que no debe ser fácil traducir lo que hago. Quizá en ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? la cosa funcione mejor.

— De todas maneras es difícil, por cómo construye las oraciones y su forma de utilizar el lenguaje.

—Es que soy muy cuidadosa en la manera de poner una palabra o sacarla. Y es raro: en la traducción todo eso se va. Así que no sé. Creo que hay una colaboración, pese a que quien sea que haga la traducción está escribiendo un nuevo libro basado en mi libro. Supongo que las mejores traducciones son aquellas en las que los autores pueden hablar el idioma y hacer algún tipo de supervisión. Creo que Javier Marías o Luisa Valenzuela lo hacen.

La edición local de uno de los clásicos de Lorrie Moore
La edición local de uno de los clásicos de Lorrie Moore

—En sus relatos aparecen todo tipo de mujeres, en sus distintas versiones. Cada tanto reaparecen los debates –y en la Argentina ahora mismo sucede– sobre si quien escribe se considera a sí misma feminista, si usa el término o no para definirse a sí misma o su obra. ¿Cómo lo vive usted?

— Yo soy feminista pero no es que escribo manifiestos feministas ni nada parecido. Asumo que mi trabajo será feminista porque escribo sobre mujeres y porque soy feminista. Pero no se trata en ningún caso de una cuestión didáctica o polémica. Y quizá algunas ramas del feminismo tengan una pelea con A, con B o con C, pero no es un tema para mí. Por otra parte, salvo en Autoayuda, que es el único libro donde no aparece la figura masculina, en todos los demás sí aparecen protagonistas hombres. ¡Y son divertidos de escribir! Puedo ser un hombre a lo largo de 25 páginas. Quizá no pueda ser un hombre a lo largo de toda una novela, eso sería duro. ¡Y además muy aburrido! (risas). Además, sería redundante. De algún modo empecé a escribir porque sentía que no había suficientes historias sobre mujeres contemporáneas. Había algunas, pero sentía que el mundo necesitaba más. Entonces eso se convirtió en una especie de intención para mí.

"Por momentos pienso que siempre hemos vivido momentos terribles, que no pasa desde que asumió Trump. Yo crecí en los ‘60, cuando en un mismo año mataron a Martin Luther King, la guerra de Vietnam se estaba intensificando. Vivimos en tiempos difíciles siempre, porque los Estados Unidos tienen políticas terribles", asegura la escritora (Prensa Filba)
“Por momentos pienso que siempre hemos vivido momentos terribles, que no pasa desde que asumió Trump. Yo crecí en los ‘60, cuando en un mismo año mataron a Martin Luther King, la guerra de Vietnam se estaba intensificando. Vivimos en tiempos difíciles siempre, porque los Estados Unidos tienen políticas terribles”, asegura la escritora (Prensa Filba)

—La edición argentina de ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? llega ahora, mientras en el país está en agenda el debate por el derecho al aborto. Tratándose de un libro que escribió hace unos años, ¿este contexto lo convierte en una nueva historia? ¿Cree que los lectores lo leerán de otra manera?

—Yo no me puedo meter dentro de la cabeza de un lector argentino ahora mismo. Yo no sé qué pensarán. En su momento el libro no fue publicado con esa intención. Y, nuevamente, el libro no se trata de un manifiesto político sobre el aborto sino más bien sobre la vida real de mujeres jóvenes que tienen que enfrentarse a una situación así. 1972 fue el año en el que se obtuvo la legalización del aborto. Pero en un montón de lugares y en algunos estados esto no era aplicado. Ocurría eso: el hecho de que estas dos chicas protagonistas tuvieran que cruzar el estado de Nueva York a Vermont para llevar adelante el aborto era frecuente. E increíblemente eso ahora, después de muchos años, está volviendo a pasar, algunos servicios están cerrando. Cada vez es más difícil conseguir médicos que lo practiquen. Algunos, incluso, han sido baleados por practicarlos, más de uno asesinado incluso. Tengo un vecino en Madison que hace investigaciones sobre embriones y él tiene que usar un chaleco antibalas para ir a trabajar.

–¿Esto ocurre desde la llegada de Donald Trump?

–No, incluso antes. Trump nos está llevando hacia la derecha. Por ser una persona muy conservadora. Pero esto está pasando hace años, estas personas que se oponen al aborto están desde siempre. Él es el primer presidente que de alguna manera los apoya abiertamente aunque no se sepa exactamente por qué, o aunque simplemente quiera sus votos. Los sectores conservadores están muy felices con Trump. Todo está yendo en reversa, de alguna manera.

—¿Y esto se ve todos los días?

—De alguna manera sí. Y es absurdo que estas personas digan oponerse al aborto y no tengan problema en que se dispare o se mate a un médico. Salvo que seas una persona muy irracional o extrema, en ese caso seguramente algo así te parezca que tiene sentido: tal vez crean que al matar a un médico “salvan” otro montón de vidas. Hace bastante tiempo que es así y asusta. En mi barrio, a lo largo de todo un verano, como tengo de vecino a un experto en investigación sobre obstetricia y ginecología, hubo protestas en nuestra cuadra, justo frente a mi casa. Y ocurrió que todos los chicos del barrio, mi hijo incluido, tenían miedo por estas manifestaciones con carteles. Los manifestantes caminaban de un lado a otro por nuestra calle, con esas imágenes y fotografías viles. Todo un verano así. Entonces encendimos los regadores para que se fueran. Como no querían mojarse, se fueron (risas). Al final no estaban tan comprometidos con la causa, preferían mantenerse secos (risas).

— La impresión que llega desde los Estados Unidos es la de un país que está atravesando muchas controversias desde que Trump asumió el poder. ¿Es así realmente? ¿Qué ocurre con los escritores y los intelectuales en este sentido? ¿Repercute en lo que escriben?

— Por momentos pienso que siempre hemos vivido momentos terribles, que no pasa desde que asumió Trump. Yo crecí en los ‘60, cuando en un mismo año mataron a Martin Luther King, la guerra de Vietnam se estaba intensificando. Vivimos en tiempos difíciles siempre, porque los Estados Unidos tienen políticas terribles. Creo que no es solamente Trump, es la cosa completa. Por otra parte, la política exterior de Estados Unidos es realmente desastrosa siempre. El problema con Trump es que es incompetente y no quería ser presidente. Si uno se pone a pensar, ninguno de nuestros últimos tres presidentes querían serlo. Fueron empujados a serlo; pasó con Obama y con Bush también. En el caso de Trump, él lo hizo casi por divertimento y para obtener más plata para sus hoteles. ¡Y de pronto gana la elección por este ese sistema electoral extraño que tiene Estados Unidos! Él se sorprende, su mujer Melania directamente se pone a llorar porque no quería que esto ocurriera (risas). Y los Obama también quedan impactados, porque ven que todo aquello para lo que trabajaron iba a ser desmantelado. Pero Trump, por lo pronto, no quiso desatar una enorme guerra, ¿dónde hay madera? (risas) ¡Toco madera! (risas).

— ¿Y qué ocurre con la escritura? ¿Se ven interpelados o tienen que escribir sobre lo que ocurre con Trump?

— Lo que sí veo como una preocupación es que la prensa se obsesionó tanto con Trump, que terminó ganando la elección. Soy parte de una organización de autores y hablaba con una amiga sobre esto. Lo que me decía que está pasando es que están preocupados con que los escritores no puedan dar una entrevista sin que no haya una pregunta sobre Trump o sin que el tema Trump aparezca en algún momento. Entonces algunos pueden sentir que sus libros son usados como una excusa para seguir hablando de Trump. A mí no me importa, vengo de un hogar con mucha discusión política. Pero existe la preocupación de que la discusión artística o literaria se vea invadida por Trump en cada pequeña conversación porque el tema Trump vende. Hay una obsesión nacional con él, pero creo que la gente se está cansando. Así que quizá eso se apague. No en Tennessee, ¡ahí la gente lo quiere! (risas).

—Cuando está trabajando con un material: ¿sabe de antemano si va a derivar en un cuento o en una novela? ¿Hay algo que percibe a medida que va trabajando o es previa la decisión?

—Me ocurre, por lo general, que concibo el material de un modo más pequeño o comprimido si va a ser un cuento. Por lo general lo sé. Creo que tengo un par de cuentos que pensé que iban a ser novelas pero finalmente no lo fueron. Con ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? pensé que iba a tener una novela enorme de 900 páginas (risas). En mi concepción de novela el asunto siempre es el tiempo, el paso del tiempo. Incluso puede haber dos tiempos que conversan entre sí. Alice Munro (N. de la R.: la escritora canadiense ganadora del premio Nobel) hace esto en sus cuentos, pero es la única escritora de cuentos que tiene esa capacidad. Pero de todas maneras los cuentos de Alice no son realmente tan cortos y yo siempre dije que son todos novelas frustradas (risas). Por otra parte, si el relato pide más de un punto de vista, necesitás una novela para eso.

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