De la Fuente junior ensaya un lanzamiento (Foto: Gabriel Heusi para OIS/IOC)
De la Fuente junior ensaya un lanzamiento (Foto: Gabriel Heusi para OIS/IOC)

Esteban de la Fuente jugó profesionalmente hasta el 2007. Durante su carrera representó a la Argentina en los mundiales de 1990 y 1998. También fue parte del proceso olímpico para Barcelona 1992 y Atlanta 1996. A pesar de su retiro, continúa con la indumentaria de jugador y la camiseta de la Selección le sirvió como amuleto para apoyar a su hijo en el básquet 3×3 que se disputó en Puerto Madero. “Siempre voy a ser basquetbolista. Nosotros no nos vamos a retirar nunca”, le dijo a Infobae, mientras esperaba observar la coronación de Juan Esteban, uno de los integrantes del plantel argentino que se subió a lo más alto del podio en la disciplina.

Su experiencia colaboró con la hazaña albiceleste. Su consejo fue simple y efectivo: “Le pedí que se divirtiera, que disfrute de estos Juegos al máximo. Después hay tiempo para sufrir”. La misión de descomprimir la presión de jugar de local y las exigencias del público por el oro dieron los resultados esperados.

Su estilo descontracturado no se alejó de un análisis preciso del momento que vive Juan Esteban. Según su mirada, “lo bueno que tiene esto, es que uno empieza a jugar por el amor que siente por este deporte. Pero de un día para el otro estás cobrando plata cuando no la pedís, y cuando estás por retirarte, volvés a encontrar la pasión de jugar al básquet”.

Padre e hijo en la previa del certamen
Padre e hijo en la previa del certamen

Como si se tratara de una máxima filosófica del pensador contemporáneo, Esteban de la Fuente aplica sus conceptos para apoyar a su heredero. “Cuanto más tardes en encontrar esa pasión por el profesionalismo, mejor es. Hoy él está en una etapa formativa, tiene que terminar ese proceso y está bueno que lo pueda hacer en el país. Después el tiempo dirá si está para más, como para jugar en Europa. Es una camada riquísima, porque hoy fueron cuatro los que se subieron al podio, pero son más los que tienen condiciones”, continuó en el diálogo que mantuvo con Infobae.

“Mi viejo no es insistente con el tema del básquet. Vivimos como padre e hijo y estoy feliz por el papá que me tocó”, respondió el alero de Quilmes, quien no dudó en deshacerse de elogios hacia el Cabezón: “Su carrera fue espectacular. Yo era muy chiquito y no tenía noción de lo que él hacía, pero hay mucha gente que viene a hablar de él, porque es el ídolo de muchos hinchas y eso me emociona mucho”.

Más allá de la muestra que dan públicamente, en la intimidad tienen tiempo para hablar de la disciplina que aman. Con la sinceridad que lo caracteriza, Esteban del Fuente confió que el principal objetivo es “sacarle presión, porque él es muy duro y autoexigente”. “No sé a quién sale”, agregó entre risas, sin ocultar ningún detalle: “Cuando yo le digo algunas cosas, no son cosas lindas. A veces tratamos de no hablar de básquet, aunque sabe que siempre nos enfocamos en la parte constructiva. Tiene 17 años, uno lo mide y lo trata de otra manera, pero no deja de ser un chico. Hay que ser más comprensible y respetarle los tiempos. Si quiere hablar, hablamos. Y si no quiere, hablamos de cualquier otra cosa”.

Junto a Giordano, Hierrezuelo y Ruesga dieron el golpe en el Parque Urbano (Foto: Télam)
Junto a Giordano, Hierrezuelo y Ruesga dieron el golpe en el Parque Urbano (Foto: Télam)

“La realidad es que disfrutamos de la familia. Nunca me presionó con el básquet. Sí me corrige algunos aspectos del juego, detalles que los recibo con la mejor onda porque sé que es muy productivo”, completó Juan.

La exigencia que representó el duelo ante Ucrania por las semifinales del torneo fue una muestra de la dificultad que se instaló en el camino argentino hacia la medalla dorada. El 18 a 16 marcó el paso previo a la consagración. “No nos tenían mucha fe por el grupo que nos había tocado. Sin embargo, nosotros estábamos muy tranquilos porque sabíamos quiénes somos. Todos los partidos estuvimos preparados para lo que se venía. Bajamos a potencias europeas y fue algo impresionante. Ganar la de oro, el podio y el himno es algo que ojalá lo pueda volver a repetir”, analizó el héroe, que consiguió el título junto a Marco Giordano, Fausto Ruesga y Juan Santiago Hierrezuelo.

Estonia, Rusia, Mongolia, Estados Unidos, Georgia, Ucrania y Bélgica fueron los rivales en un torneo cargado de emociones. “En ningún momento nos relajamos. La semifinal fue muy dura. Hubo mucho nervio de los dos lados y la pelota no entraba. Creo que la clave pasó por ser aguerridos en defensa para ganarlo en el complementario”, analizó De la Fuente y siguió con su explicación sobre cómo vivieron los momentos previos a la final: “Salimos a ganar. No teníamos otra opción, porque no íbamos a aceptar irnos con la cabeza baja sin haber dejado todo. Ese fue el lema del equipo: en cada partido teníamos que dejar todo, porque siempre hay tiempo para recuperarse”.

Naturalmente, en los últimos dos compromisos no hubo tiempo, ni espacios, para los lujos. Aquel caño contra los asiáticos que se viralizó en Twitter no se pudo repetir frente a los seleccionados del Viejo Continente. Uno de los impulsores fue Esteban de la Fuente, al sentirse orgulloso de su hijo: “Gracias a Dios encontré una forma para hablar más seguido con él”, deslizó con el humor que lo caracteriza.

El apoyo incondicional de los espectadores. Las canciones constantes y el festejo albiceleste ante cada punto marcaron nuevas sensaciones en el chico que dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad: “La gente está loca. Yo también un poco (risas), pero los mensajes, las fotos y los saludos por el predio fue algo inexplicable. Fue una motivación extra”. Una muestra de ello fueron los gritos de las fanáticas; en medio de la entrevista se superponían sus voces con los clamorosos deseos del joven deportista: “¡Juan te amo!”, era la frase más escuchada de las fans, y él, soltero y sin compromisos, no descartó la posibildad de encontrar el amor en el Parque Urbano: “No sé si me pondré de novio, por ahora sólo me llevo la medalla”.

La conversación relajada también acompañó a la competencia interna que hay entre ellos. Lo que el padre no logró en Barcelona y Atlanta, su hijo lo cosechó a los 17 años en Buenos Aires. “Si empezamos a discutir quién era mejor: si Maradona, Messi o Di Stéfano estamos al horno. Yo fui muy feliz hasta el momento que pude jugar”, argumentó el Cabezón dejándole servido el remate a Juan Esteban: “Se habla mucho de nuestra generación para bien y para mal. Nosotros sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Nunca nos vamos a comer una película que no somos. Eso es lo que nos permitió ser campeones, porque la humildad es fundamental”.

El básquet 3×3 abrió las puertas hacia la Nueva Generación Dorada. Fue en un juego olímpico juvenil, pero la muestra de talento y carácter permite ilusionar con las futuras ediciones. Como lo explicó Esteban de la Fuente, “en Argentina había un tema pendiente. Como la última materia para recibirte de abogado: esa que no la das nunca. Ahora, después de esto vamos a ver en las plazas a los chicos jugando al beach handball ó al 3×3. A mí me pasó en el Mundial del 90, que me sorprendía al ver a los pibes en la calle picando una pelota, cosa que en Buenos Aires no se veía”. Ambos forman parte de una historia que enaltece al básquet argentino. Si bien el padre cerró su capítulo profesional, su hijo comenzó a escribir la segunda parte de un apellido que va camino a convertirse en leyenda.

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