El Puma jugó con los dos grandes ídolos de River e Independiente: el Beto Alonso y Bochini.
El Puma jugó con los dos grandes ídolos de River e Independiente: el Beto Alonso y Bochini.

Por Eduardo Bolaños

Añoranza. De cuando los teníamos todos los domingos dejando su marca en cada cancha, ese instante en que pisaban el área y el aroma a gol se saboreaba como el más deseado manjar. A veces en los documentales se detallan las razas en extinción que hay en el planeta. Y ésta es una de ella: los goleadores.

Carlos Manuel Morete pertenece a aquella estirpe. Porque aunque se haya retirado hace más de 30 años, la llama vivirá por siempre en él, para desdecir al dramaturgo Agustín Cuzzani, cuya pieza teatral más famosa se tituló “El centrofoward murió al amanecer”.

El Puma sigue con sus convicciones firmes. Para hablar del pasado y del presente. Sin guardarse nada, como cuando enfrentaba a los arqueros. Importa su opinión en la previa de un nuevo River vs. Independiente, porque fue goleador con ambas camisetas con excelente registro, de más de una conquista cada dos partidos: en los millonarios marcó 103 en 195 por torneos de AFA mientras que en los rojos fueron 29 en 56 cotejos.

“Estando en River, siempre me fue bien contra Independiente, le hice varios goles. Los que más recuerdo son los tres del inolvidable 7 de febrero de 1972 y uno de 1975, cuando quebramos la racha de 18 años sin títulos. Era muy lindo jugar esos partidos porque tenías dos equipos que trataban bien a la pelota, con cinco o seis futbolistas destacados técnicamente en cada uno. Por eso salían clásicos con muchas chances de gol. Era difícil en aquellos años enfrentar a los defensores del rojo, porque tenían tipos duros, que cabeceaban bien, fuertes de arriba y de abajo”.

En la cadena de su extensa trayectoria los eslabones de los clásicos rivales que se enfrentan en esta fecha de la Superliga, relucen por sobre los demás: “Tuve la suerte de jugar muchos años al fútbol y salir campeón varias veces. Pero en la memoria me quedan tres equipos: El que integré en Las Palmas, River 1975 e Independiente 1982. Estos dos eran muy parecidos, porque sus técnicos eran similares (Ángel Labruna y Nito Veiga) con una misma premisa: atacábamos, atacábamos y atacábamos, creando 10 o 15 opciones de gol por partido”.

Otra similitud entre ambos equipos, era la capacidad de aquellos jugadores con quienes compartía el ataque: “Era un goleador nato, de estar atento a los rebotes en el área. Y tuve al lado compañeros de enorme jerarquía que me asistían muy bien. Punteros como Pedro González y el Mono Más en River o Gabriel Calderón y el negro Ortíz en Independiente”.

El Puma festeja con el puño cerrado frente a la hinchada de Independiente, dedicándole uno de sus tantos goles para el equipo de Avellaneda.
El Puma festeja con el puño cerrado frente a la hinchada de Independiente, dedicándole uno de sus tantos goles para el equipo de Avellaneda.

Eran los últimos destellos de los wines clásicos, que habían marcado una era, desde los inicios del fútbol. Pero también Morete disfrutó del talento de números 10 que trascendieron a su tiempo: “El Beto Alonso era un artista. Al ser zurdo, eso lo hacía más vistoso. El Bocha era más de gambeta corta y enseguida encontraba el claro para meterte la pelota. En Boca lo tuve de compañero a Diego, pero allí jugué poco y fuera de mi posición, por lo que no lo puede aprovechar mucho”.

Sin embargo, aunque pueda parecerle extraño a algún futbolero, el Puma destaca a otros dos compañeros con los que se entendió a la perfección: “Pocas veces he visto un jugador como Burruchaga. Era un verdadero fenómeno. Y Brindisi, que en la época de Boca fue mucho más que Maradona en tres cuartos de campeonato. Con Miguel habíamos sido compañeros en Las Palmas y yo pienso, sin dudas, que está entre los 15 mejores jugadores de la historia del fútbol. Tenía una claridad única”.

Nombres insignes en la historia de nuestro fútbol, pero para Carlos Manuel Morete, el más determinante de su trayectoria fue un Ángel, con mayúsculas: “Labruna fue muy importante en mi carrera, lo quería muchísimo. Me hizo debutar en primera en 1970, un torneo que se nos escapó de manera increíble, por diferencia de gol contra Independiente. Después se fue y volvió para ser campeones en 1975 e hizo algo increíble por mí: en 1981 no me había ido bien en Boca y me dieron ganas de largar. Estaba de vacaciones en Mar del Plata y él me insistía para que vaya a jugar a Talleres, donde estaba dirigiendo desde el año anterior, hasta me mandó a Rodolfo Talamonti, que era su ayudante, con el pasaje en avión. Al principio dudaba, no quería saber nada, pero le comenté a mi esposa que a Ángel no le podía decir que no. Llegué a Córdoba y me estaba esperando en el aeropuerto detrás de una columna (risas). Fuimos a la sede y arreglé enseguida. Me bancó los primeros cinco partidos donde no convertí, pero a partir del sexto no paré. Hice 20 en 20 encuentros, el mejor campeonato de mi vida en el plano estadístico”
“Por el buen rendimiento en Talleres, apareció Independiente, aunque también me quería River. Y ahí quiero dejar en claro que cuando regresé a Argentina a comienzos de 1981, llamé al presidente de River, porque mi deseo era terminar mi carrera allí, pero no me quiso. Entonces aparecieron Racing y Boca, que puso la plata al Sevilla y se hizo el pase. Cuando me vinieron a buscar a mediados del ´82, yo ya le había dado mi palabra a Pedro Iso, presidente de Independiente y fui para allá. Tuve un gran Metropolitano donde salí goleador y terminamos segundos a un punto de Estudiantes. Pocos meses después, fui parte de la primera convocatoria de Bilardo a la Selección. No tengo dudas que 1982 fue el mejor año de mi vida, porque hice 40 goles y gané el botín de oro”.

En una charla tan futbolera, no podía quedar fuera la actualidad: “El fútbol fue cambiando mucho. Ahora es otra cosa, completamente distinta a la década del ’70, donde los clubes podían aguantar más a los pibes. Yo estuve cinco años en River donde convertí 103 goles en 195 partidos con solo 23 años. Una cosa de locos. Y ni hablar de las cifras. A mí me vendieron en 400.000 dólares... En la actualidad hay buenos jugadores pero no existen los cracks en el fútbol local. El caso más claro es Pepe Sand, que con casi 40 años sigue haciendo goles. En la época mía, apenas cruzabas los 30 te querían jubilar. Quizás yo no era de los más sabían con la pelota, pero me defendía con otras cosas: picardía dentro del área, anticipo y estar atento a los rebotes. Con esto tengo una anécdota muy buena con Borghi, que recién aparecía cuando yo estaba en Argentinos Juniors. El Bichi me decía: ¿Como hacés para agarrar todos los rebotes? Yo en el entrenamiento me quedo al lado tuyo. En cada rebote que quedaba, salíamos juntos, pero la agarraba yo. Entonces le dije que él no tenía que jugar de goleador, porque era un jugador excepcional”.

“¡Que te puedo decir de River! Tiene un entrenador que admiro y con muchas cosas buenas. Gallardo ve muy bien el fútbol, le da la chance a los pibes, sabe hacer cambios (de diez veces acierta ocho). Tiene una jerarquía enorme. Da pelea en todos los frentes y lo veo bárbaro. Con respecto a Independiente, también me gusta, pero el plantel se desarma demasiado seguido. En estos momentos está lejos de River en lo que hace a los jugadores, pero tiene algunos futbolistas que en cualquier momento te pueden marcar la diferencia”.

Queda flotando la palabra diferencia. Y es la que marcaba el Puma cada vez que pisaba el área. Afiliado a esa raza, que aunque los especialistas que recorren el mundo se empeñen en no mostrar en sus documentales, está cada vez más en peligro de extinción.

Records: Carlos Morete es el único futbolista que ganó torneos de AFA con cuatro camisetas distintas: River Plate (1975), Boca Juniors (1981), Independiente (1983) y Argentinos Juniors (1984 y 1985)

Dejó una marca difícil de igualar: Marcó 160 goles en 320 partidos por torneos de AFA, con una media exacta de un tanto cada dos cotejos.

En tres ocasiones marcó 4 goles en un partido de primera: jugando para River ante Banfield (1974), con la camiseta de Talleres frente a Mariano Moreno de Junín (1982) y ese mismo año contra Argentinos Juniors vistiendo la casaca de Independiente. Y en otras nueve oportunidades convirtió tres goles en un cotejo, ocho en River y una, muy especial, en Independiente. Fue cuando el Ferro de Griguol perdió su invicto de 28 partidos en 1982 al ser goleado 5-0 en Avellaneda.



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