María Luque (Adrián Escandar)
María Luque (Adrián Escandar)

“Siempre vengo a dibujar aquí porque tiene la distancia perfecta en la relación silla-mesa”, dice María Luque, ilustradora argentina, quien llega al bar Varela Varelita de Palermo para una charla con Infobae Cultura y que, mientras se acomoda en una mesa junto a la ventana que “tiene la mejor luz de Buenos Aires”, se abanica para intentar aliviar el bochorno de un verano de temperaturas impías.

Trae consigo una cartuchera minimalista, de donde saca un par de pinturas, y una obra sin acabar. Es todo lo que necesita. Desde hace algún tiempo a esta parte, la dibujante y autora se convirtió en una suerte de ciudadana del mundo: no posee un hogar fijo y todas sus posesiones entran en una maleta mediana.

“No vivo en ningún lado, a partir de principios del 2018, no tengo casa. El año pasado estuve casi todo el año haciendo residencias por Europa y ahora me voy por seis meses, a Suiza e Italia. Después vuelvo y así”, cuenta, mientras se apantalla hasta recuperar el aliento, vaso de agua mediante. Y agrega: “Voy alquilando cosas temporarias. No pensé que podía hacerlo, pero está buenísimo. Me siento mucho más libre, regalé todo lo que tenía,  libros, ropas. Solo tengo una valija mediana, por lo que tampoco puedo comprar cosas. Y eso me hizo cambiar muchas costumbres, como leer de las bibliotecas donde voy estando. Te cambia por completo la relación con lo material, me encanta”.

“Noticia de pintores” (Sigilo), de María Luque
“Noticia de pintores” (Sigilo), de María Luque

En el medio de la moda Marie Kondo, Luque podría ufanarse de haber sido una adelantada. Pero no está allí para eso, sino para dialogar sobre su último libro Noticias de pintores (Sigilo), en el que recorre “historias bien cortas”, “detalles perdidos” en el tiempo y en los libros de alrededor de 100 grandes artistas del mundo.  

“Son historias, detalles perdidos en la vida de los pintores, cosas que no solemos escuchar o a lo mejor no nos imaginamos. La selección fue súper caprichosa, y busqué historias que en cierto sentido me generen como un escalofrío instantáneo, cosas pequeñas pero que a mi me afectaron. Leí mucho, desde correspondencia a libros. Quizá se mencionaba por ahí a un colega que no conocía y eso me motivaba para averiguar sobre esa persona. También me pasó que muchos de los artistas que yo admiro quedaron afuera porque no terminaba de encontrar el tipo de historia que buscaba y otros, que su obra no me interesa, entraron, como Dalí que tiene muchas historias”.

Dalí debe ser uno de los artistas con la mayor cantidad de historias excéntricas.

-Sí. La historia que dibujé de él es algo que escuché cuando tenía 10 años y no lo pude olvidar nunca. Es algo muy simple: él no dormía de corrido y prefería dormir siestas cortas. Entonces para despertarse de una manera natural prefería dormir con un manojo de llaves sentado en un sillón y cuando se cuerpo se relajaba las llaves se caían y ahí se despertaba. Eran siestas de dos o tres minutos y a Dalí le funcionaba descansar de esa forma para tener más energías.   

Vincent van Gogh toma clases de órganos
Vincent van Gogh toma clases de órganos

 –Esa es una historia que ya tenías incorporada a tu vida, ¿recordás alguna que hayas descubierto?

-Ahora recuerdo la del francés Fernand Léger, que una tarde estaba calentando agua para un té y se queda divagando mientras mira unas cacerolas blancas sobre una pared blanca y eso le parece hermoso. Imaginarlo en una situación tan cotidiana, maravillado con los objetos de su cocina me parece emocionante y me ayuda a imaginar otros aspectos de su vida que después me hacen ver sus obras con otro sentido.    

¿Cómo surgió el proyecto?

-Este libro comenzó como fanzine, quería hacer 16 páginas y me di cuenta que tenía que hacer más. La historia del arte es una obsesión. No lo puedo evitar, los pintores vienen a mi pensamiento. Empezó como un proyecto chiquito, pero me generaba mucha satisfacción. Fue un momento en que no pude parar y me di cuenta que estaba bueno para libro.    

Gran parte de la obras de Noticias de pintores fueron realizadas en el exterior. Luque organizó una autorresidencia en Roma, donde alquiló una habitación por tres meses y se asoció a las bibliotecas públicas. Luego, en otra residencia en San Petersburgo aprovechó para conocer las colecciones rusas, como la de “Shchukin que le hizo muchos encargos a Matisse que ahora ocupan varias salas del Hermitage”.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Son casi 100 pintores y comentaste que dejaste afuera algunos de tus preferidos, en algún punto, imagino, esa obsesión por la historia del arte se habrá convertido en un problema.

-Hay un montón de pintores que me hubiera gustado que esté. Pero llegó un momento en que me di cuenta que buscar esas historias se me volvió una especie de adicción y tenía que frenar, porque sino era eterno. Junté una buena cantidad inicial y después iba dibujando a medida que avanzaba. En un momento surgió  la inquietud de que había mayoría de hombres y quería revertir eso, entonces comencé a investigar sobre pintoras y descubrí que a muchas no las conocía, era la primera vez que veía sus obras porque, como ya todos sabemos, estuvieron invisibilizadas. Dentro de esas mujeres, hay muchas de las que nadie escribió, no hay bibliografía, entonces busqué menciones de colegas contemporáneas de ellas.

¿Qué pintora que no conocías te asombró?

-Hay varias y una de las que más me gustó fue la sueca Hilma af Klint, que tuvo su obra oculta durante mucho tiempo. Ella había pintado a principio del siglo XX y recién se descubrió en los ’70 y, al parecer, fue la primer artista que hizo abstracción, antes que Kandinsky o Mondrian. Ahora hay una recuperación, ya hubo una muestra gigante de ella en el Guggenheim y está rotando por los museos más importantes del mundo. Me asombró, ¿cómo puede ser que además de una cantidad enorme de obras y escritos haya estado escondida por tanto tiempo? Como esa hay muchas: Lee Krasner, mujer de Jackson Pollock, por ejemplo, que también quedó relegada, a la sombra de él. Durante la investigación leí el caso de las mujeres surrealistas, que en cantidad eran tantas como los hombres, pero a la historia solo pasaron ellos y ellas quedaban como las ‘musas’.

Tracey Emin
Tracey Emin

En una entrevista leí que descubriste tu feminismo a partir de tu profesión.

-Descubrí mi feminismo a medida que ciertas cosas me empezaron a hacer ruido. Por ejemplo, me acuerdo cuando empecé a dibujar e iba a festivales de historietas, las mujeres estaban agrupadas en paneles que se llamaban “Las mujeres y el cómic”. Pasaba en todos y me preguntaba por qué. Comencé a cuestionarme cosas que después se van trasladando a toda tu vida, desde la crianza, las diferencias con tus hermanos, a todo. Fui descubriendo mi feminismo a través del dibujo, porque es lo que yo hago.

Pero hoy, en el mundo de la ilustración las mujeres ganaron su lugar a fuerza de talento, eso es indiscutible.

-Sí, pero cuando yo era chica, en el mundo de la historieta tenías a Maitena o a Maitena, era la única. Y hoy en esos festivales hay una cantidad de chicas que son cada vez más, es increíble estar viviendo eso. Cuando iba creciendo no era así. Seguro ya había un montón de chicas que dibujaban, pero nadie tenía interés por leerlas. Eso cambió por completo. Me pasa de escuchar conversaciones donde se habla de las ganas de leer a las mujeres. Es un momento para compensar la cantidad de años que pasaron leyendo a autores hombres.

Había muchos prejuicios…

-Sí. Veo super sano de que se eliminen los prejuicios de “esto es arte y esto, ilustración”. Cuando estudiaba arte decir que quería ser ilustrador era un pecado mortal, era un “olvidate de pertenecer a nuestro mundo” y me parecía horrible. A mi me encanta la idea de poder transitar por todo el arte sin prejuicio y por suerte esos conceptos están cambiando.   

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

En Noticias de pintores hacen un cambio bastante rotundo con respecto a tu paleta de colores, la achicás drásticamente, ¿por qué?

-Sí, para el libro solo utilicé marcadores de una paleta limitada, azul y rojo y sus combinaciones. Tenía ganas de cambiar un poco, los había hecho con cinco materiales, muchos colores y como sabía que iba a estar viajando quería tener todo en una cartuchera bien chiquita y poder dibujar en cualquier lado. Además, me daba ganas de probar otra cosa, limitar la paleta te obliga a encontrar recursos para llenar huecos, fue un desafío.

Como ilustradora, ¿qué significó ese desafío?

-El placer de poder generar algo muy amplio, pero con poco elementos. Recuerdo en particular que en una de las historias debía pintar una habitación con muchos detalles y también varios personajes y fue experimentar mucho hasta ver cómo evitar que la superposición de la forma se vea como un bloque de color.

Noticias de pintores es el tercer libro de la rosarina Luque. Antes se publicaron La mano del pintor (Sigilo), una novela gráfica en la que la autora es una especie de host que acompaña a Cándido López, “el manco de Curupaytí”, que convirtió en belleza el horror de la guerra de la Triple Alianza contra la avanzada Paraguay de Solano López. Luego, llegó Casa Transparente (Sexto Piso), que le significó ganar la primera edición del Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas, organizado por la Feria del Libro de Guadalajara.

-¿Cuál fue le importancia del premio a Casa Transparente a tu carrera?

-Casa Transparente fue un regalo increíble. Era un libro que tenía desde hacía un tiempo y no sabía qué destino darle. Tuve mucha fortuna. Surge justo ese premio y la temática encajaba perfecto. Está bueno que el libro circuló mucho, por muchos países, y en ese sentido está bueno la visibilidad que puede darte”.  

La obra esperó su momento.

-Totalmente. Por eso para mi es importante hacer proyectos más allá de que no sean a pedido de alguien. Está esa fantasía de que uno dibuja y alguien va a llamarte y decirte “quiero que hagas esto”. Y eso, por lo general, no pasa. Muchas veces es tu propio proyecto y después se convierte en otra cosa, pero para eso hay que estar haciendo algo, siempre.

¿Recordás algunos de tus primeros contactos con el arte?

-En la casa de mis abuelos había una reproducción sobre tela de Las Meninas y por mucho tiempo pensé que era la original. Después mi abuelo me regaló un libro sobre museos y la vi en el Prado y me indigné porque el libro tenía un error. Las Meninas estaban en la casa de mi abuelo. No tenía noción del concepto de reproducción.

Varela – Varelita, su “casa” en Buenos Aires (Adrián Escandar)
Varela – Varelita, su “casa” en Buenos Aires (Adrián Escandar)

¿Y tus inicios en la producción del arte?

-Yo empecé más vinculada con el mundo de la pintura. Estudié pintura, pero nunca me recibí. Luego, cuando comencé a hacer fanzines descubrí ahí un montón de posibilidades. Una vez que hacés uno y ves que circula, que tiene su propia vida, se convierte en algo adictivo, te dan ganas de seguir. Una bola de nieve sin fin y esa sensación, que está buenísima, enriquece mucho el trabajo porque también te vas poniendo nuevos desafíos. El año pasado hice una residencia de risografía, lo que llamamos acá fotoduplicación, en una ciudad chiquita de Lituania, y estuve experimentando con eso, con pocos colores. Creo que mantener la curiosidad es lo más importante.      

¿Cómo fue el paso de la pintura a los fanzines?

-En un momento, tuve la crisis de los 30, pero adelantado, y me pasó que no sabía qué quería hacer con esos cuadros. Trabajaba en publicidad y me preguntaba de qué iba a vivir. Era difícil imaginarme cómo iba a continuar dedicándome a eso y a la vez trabajando de otra cosa. En un tiempo dejé de dibujar, dejé de hacer todo, pero volví cuando descubrí el mundo de los dibujantes, que no es el mundo del arte solemne que conocía. Ahí me sentí muchísimo más cómoda y más bienvenida. Llegué a los fanzines medio por azar. Volví a intentar dibujar, me fui conectando con gente de Rosario y comenzamos a juntarnos, a hacer grupos de una vez por semana. Empecé una proyecto que se llamó Merienda Dibujo, en el que invitaba a una persona por semana a dibujar conmigo y eso me fue contagiando y devolviendo la vitalidad, las ganas de producir otra vez. Mucha de esa gente hacía fanzines, historietas, y cuando vi que eso existía y que tenía ganas de contar historias me zambullí por completo, fue inmediato. Por suerte, no me fui más.

El Greco y Aleksandra Ekster
El Greco y Aleksandra Ekster

¿Seguís produciendo fanzines?

-Sí, me encanta. Ahí aparecen muchas ideas que después se pueden convertir en otra cosa. Es un formato que te da mucha libertad, no haya nadie atrás diciendo ‘eso no lo hagas’ o ‘no va a funcionar’. Además, creo que es una buena manera de mostrar tu trabajo.    

¿Cómo definirías tu estilo como ilustradora?

-Es una pregunta muy difícil. Escuché a Cristian Turdera en una charla en la que hablaba mucho del estilo porque es la preocupación que cualquier dibujante o aspirante tiene. Dijo algo que me encantó y adopté: “En vez de preocuparnos por la búsqueda del estilo o definirlo, es mucho mejor hablar del lenguaje, que es algo que va variando y se va enriqueciendo. Porque el estilo suele ser una palabra más estática, algo a lo que se llega una vez y se queda ahí para siempre y eso no es muy sano para alguien que quiere estar produciendo”. Esta bueno no alimentar esa ansiedad de que el estilo es algo a lo que se tiene que llegar sí o sí.

Claro, pero el estilo va en cada artista, es lo que hace que se diferencie de otros, no sé si es algo a alcanzar.

-Sí, pero hay una fantasía que noto que es muy fuerte es el “cómo hacer para llegar ahí”, como si fuera una carrera o un caramelo que te comés y listo. Y en realidad es mucho más un proceso, por eso me gusta el concepto de que es un lenguaje que va cambiando.

¿Cómo creés que fue cambiando tu lenguaje?

-Veo dibujos que hice el año pasado y ya no lo hago de la misma manera. Me parece que eso va absorbiendo como una esponja todo lo que pasa alrededor, lo que veo en otros colegas, lo que leo en un libro. También influyen los materiales, las cosas que veo desde la ventana. Se va alimentando todo el tiempo, como un kéfir.

 

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