“Feminista en Falta” de Mercedes Funes
“Feminista en Falta” de Mercedes Funes

En los últimos tiempos, el feminismo ha conquistado ciertas posiciones que ubican al movimiento como la fuerza más importante del siglo XXI. A no dudarlo: es una revolución global. Pero en ese avance, se fue dando cierto dogmatismo que, paulatinamente, se vuelve contrario a los intereses que originalmente representaba: una serie de ideas anquilosan el pensamiento y definen la manera de comportarse y llevar adelante la lucha de la mujer —y con ella la del colectivo LGBTI y la de todos aquellos que ocupan una posición de debilidad frente al patriarcado omnipresente— con una mirada rígida, moralista, demasiado intransigente.

¿Hay una única manera de ser feminista? Mejor: ¿hay una manera de ser una buena feminista? Mercedes Funes aborda esta pregunta en Feminista en falta (Galerna), un excelente ensayo que merece ser leído con lápiz en mano para subrayar —y discutir, por qué no— las ideas que la autora propone. Spoiler alert: la respuesta a la pregunta de arriba es “No”. Es más, salirse de la línea recta que imponen las “buenas feministas” es para Funes lo mejor que puede hacerse, porque desde la contradicción, la duda, la discrepancia se construye y se le da espesor a un movimiento en plena expansión.

Funes, que, además, es una de las organizadoras de la primera concentración de Ni una menos el 3 de junio de 2015, habló con Grandes Libros de Feminista en falta.

Mercedes Funes
Mercedes Funes

En el libro contás experiencias de abuso que son muy fuertes —y que yo, conociéndote desde hace años, no sabía—. ¿Qué efectos provoca que se empiecen a revelar estos hechos?

—Las cuento porque siento que no son experiencias únicas en ningún sentido. Hay un montón de violencias cotidianas que atravesamos. Ojalá que a las chicas ahora no les esté pasando lo mismo. Creo que es distinto porque pueden hablar. Una chica le puede decir al padre que necesita hacerse un aborto, por ejemplo. Hay cosas que nosotros sacamos del clóset. Hay una conciencia colectiva. Sabemos que les tenemos que creer a los chicos y a las chicas, que estas cosas ocurren, que no son casos aislados.

¿Por qué sos tan crítica con la imagen de tu madre como mujer?

—Yo no lo veo como una crítica. Es la mirada de una hija hacia una madre —ella, en un punto, es como son muchas otras madres—, pero es una mirada que perdona y agradece. Me interesa entrar en las contradicciones. Hubo mujeres que nos enseñaron a responder al patriarcado y hubo varones que nos salvaron. Es importante sacar el peso de un “Raúl” malo que decidió que íbamos a vivir en una sociedad patriarcal. Nosotras estamos en inferioridad de condiciones en un montón de sentidos, pero también encontramos un rol de poder en otros lugares. Hay una situación de desigualdad y la queremos mejorar: veamos entonces qué responsabilidad tiene cada uno.

La mala feminista es la que se permite disentir en algunas cosas sabiendo que las conquistas colectivas están a salvo

¿Por qué hay que reivindicar a la “mala” feminista?

—Antes, el machismo designaba a quiénes eran las malas mujeres. Es una vuelta bastante loca que pensemos que para ser feminista hay que cumplir con una serie de requisitos muy concretos o no vamos a entrar al club. La mala feminista es la que se permite disentir en algunas cosas sabiendo que las conquistas colectivas están a salvo. La que se permite pensar en acciones colectivas, pero con un pensamiento no necesariamente colectivo. Las mujeres y los varones tenemos derecho al pensamiento individual, a pensar cómo llevar nuestras relaciones. Nadie tiene la superioridad moral como para decirnos a mí o a vos, fuera del ámbito de los derechos, cómo hay que comportarte en la intimidad.

Marcha durante la presentación del proyecto por la legalización del aborto
Marcha durante la presentación del proyecto por la legalización del aborto

Pero hay una escala de valores que no se transan.

—Eso sí, por supuesto. Los derechos de las mujeres son innegociables. No se puede ser feminista y estar en contra del aborto legal.

No se puede ser feminista y estar en contra del aborto legal

¿Por qué?

—Porque es una cuestión de derechos. Una de las reivindicaciones básicas del feminismo es la autonomía de nuestros propios cuerpos. ¿Le vas a negar el derecho a una mujer sobre su cuerpo? Al mismo tiempo es algo que ocurre. Los que dicen “Acá todavía falta mucha educación”: ¿desde qué lugar se define que cualquier persona que no tenga recursos tiene que ir a morirse con un perejil “hasta que se eduque a la sociedad”? No hay nada bueno desde ahí. Con respeto lo digo: nos deja en una situación de mucha desigualdad. Los abortos ocurren, las chicas se mueren y el control de la natalidad sigue estando muy puesto en las mujeres.

Sin embargo, creo que Feminista en falta no es un libro verde, en el sentido que no baja línea.

—Parto de algunas condiciones dadas. Partimos de un acuerdo básico: que no nos maten, que podamos tener igual acceso a los cargos, que podamos tener autonomía sobre nuestros cuerpos. Que podamos tener los mismos derechos y obligaciones de los varones.

¿Por qué tiene que haber una manera correcta de ser feminista respecto del cuerpo?

Está esa frase que dice “Teta que no vende en el mercado la censura el patriarcado”. ¿Hasta qué punto una mujer que muestra su cuerpo es feminista? ¿Dónde está el límite?

—Es un límite que no veo. Para mí las tetas pueden estar en todas partes y ser felices; manejarse como mejor les venga en ganas. La relación de las mujeres con nuestro cuerpo es muy opresiva. Y no la hicieron solo los tipos con su mirada sobre nosotros, también hay una mirada de nosotras mismas. Lo digo desde el lugar de haber sido editora de revistas de actualidad: en general, el pozo en el culo ajeno lo estamos buscando las mujeres. De cualquier manera, nos pone en un lugar muy opresivo. Y si nos vamos a liberar de eso, ¿por qué tiene que haber una manera correcta de ser feminista respecto del cuerpo? “Ese culo no es sororo, es heteropatriarcal”. Bueno, si quiero hacer 200 horas de spinning, ¿por qué no?

Luciana Salazar y Amalia Granata
Luciana Salazar y Amalia Granata

¿Qué opinás de Luciana Salazar como operadora política?

—Sin hacer un juicio de valor sobre Luciana: está lleno de operadores varones tarados. ¿Te sirve lo que está diciendo Luciana? ¡Seguila! Es una mujer despampanante y divina que tiene información política. Me pone muy combativa esto. ¿Qué te importa si Amalia Granata empezó su carrera contando una historia sexual? Hoy no lo hace. ¿A qué varones les preguntamos cómo empezó?

No hay ninguna razón para atacar a una mujer por cómo vive su sexualidad.

¿A Granata la defendés aun cuando tenga el pañuelo celeste?

—Yo no defiendo sus ideas. Pero no hay ninguna razón para atacar a una mujer por cómo vive su sexualidad. ¡Eso es retroceder dos mil casilleros! Las mujeres nos liberamos con mucho esfuerzo de todo eso. No le voy a pegar desde un lugar que le pega al género.

Las redes sociales propagan eslóganes que nacen como una idea nueva y luego se anquilosan. ¿Cómo se hace para que romper eso, que se mantengan un estado de incertidumbre y ayuden a pensar?

—No creo que se rompan, pero hay que llenarlos de sentido y del sentido que tienen. Por ejemplo, me parece que “Mirá cómo nos ponemos” es muy fuerte en términos que le da la vuelta al agresor que te dice “Mirá cómo me ponés” y te culpabiliza a vos. Mirá cómo nos ponemos: mirá la fuerza que tenemos.

Alexandra Kohan
Alexandra Kohan

¿Entre las malas feministas está Pola Oloixarac?

—Me gusta Pola Oloixarac y me parece que se anima a pensar distinto. Y pensar distinto es un valor en una sociedad que juzga a las malas feministas, a las ovejas descarriadas, a las que se animan a no callarse. Justamente cuando nuestro mensaje era “No nos callamos más”.

¿Alexandra Kohan?

—Me parece muy interesante. Coincidimos en muchas cosas; en otras no. Está bueno que piense distinto. Me interesa la gente que me ayuda a pensar, porque declamando estamos siempre en el mismo lugar. Con respecto al feminismo, las dos estamos en posiciones para salir del dogma.

¿Cómo hacés para sostener una mirada abierta y pensar que el debate no minimiza la lucha?

—Exactamente por eso: porque el debate no minimiza la lucha. La principal razón es que estoy rodeada de un grupo de feministas espectaculares, como Florencia Etcheves, Ana Correa, Hinde Pomeraniec, Marcela Ojeda, Valeria Sampedro, Sole Vallejos, Marina Abiuso. Entré en una militancia mucho más activa que la que tenía antes, y el feminismo que comparto con ellas es el de la experiencia y la honestidad. Pensamos distinto en muchas cosas, pero hay una situación de una sororidad que no se imposta. Estamos acá y estamos juntas y juntas pudimos hacer esto. Estoy bien rodeada.

(Franco Fafasuli)
(Franco Fafasuli)

¿Y los varones? En el libro decís que sospechás del varón feminista. ¿Cuál es nuestro lugar?

—Un ejemplo muy concreto es este libro, que edité con Gonzalo Garcés. Fue una edición respetuosa, todo el tiempo me llevó a pensar un poco más. Gonzalo venía de editar a una feminista como Luciana Peker con Putita golosa, que es el mayor bestseller del género de los últimos tiempos. En muchas cosas, Luciana piensa diametralmente opuesto a lo que pienso yo y ahí se nota al editor respetuoso e interesado en el debate. El aliado es el que publica mujeres y lo hace respetuosamente. Que te pongas el pañuelo y declares que estás en la lucha conmigo no necesariamente hace que quieras ir por la vida como pares. La deconstrucción tiene que ser colectiva y no puede venir de un solo lugar.

¿La contradicción es importante?

—¡La vida es contradictoria! Nos tenemos que asumir contradictorios. Si queremos asumir y resolver algunos problemas, deberíamos mirarnos con la mayor honestidad posible. Si no, mirás un mapa que no es. Lo que me parece errado del discurso del varón malo y la mujer buena es que nos obliga a ser perfectas. Yo quiero derechos porque soy humana. Ni soy inmaculada ni lo que yo digo es la verdad revelada. Pero me merezco los mismos derechos.

Mercedes Funes presenta Feminista en falta hoy, miércoles 25 de septiembre, en la Casa de Victoria Ocampo (Rufino de Elizalde 2831), acompañada por Hinde Pomeraniec, Florencia Etcheves y Graciela Borges. 

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