Foto: (Twitter)
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Esta mañana de sábado se dio a conocer la muerte de Lourdes Ruiz, mejor conocida como La Reina del Albur del barrio bravo de Tepito, ubicado en la Ciudad de México, quien fue impulsora de la cultura del albur (juego de palabras con connotación sexual).

Alma Eunice Rendón Cárdenas, Secretaria Ejecutiva Adjunta del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, publicó en su cuenta de Twitter:

“Con profunda tristeza lamento la muerte de una GRANDE @Reinadelalbur #Cabrona quien me enseñó de todo y de la grandeza del #BarrioBravo #Tepito y de su gente. C quién vivimos muchas aventuras y proyectos a favor dl barrio y a quien siempre recordaremos por su mágica personalidad”.

Ella se dio a conocer en 1997, cuando se realizó el primer concurso de albur “Trompos contra Pirinolas”, en donde se coronó como campeona entre todas las personas de Tepito que participaron.

Lourdes dedicó su vida y carrera a la difusión de la cultura popular de Barrio Bravo de Tepito, un lugar estigmatizado y discriminado por pertenecer a la clase más baja de la capital, así como por los mitos entorno a su inseguridad y ser la meca de la piratería y el comercio ilegal.

Impartió diplomados sobre la cultura, historia y hasta psicología del albur y escribió el libro Cada vez que te veo, palpito, con esta temática.

A lo largo de su vida participó en innumerables programas de televisión y programas sociales para modificar la vida y la visión que la ciudad tiene sobre el el barrio de Tepito.

La historia de Lourdes en el mundo de los albures inició en la década de los 70 del siglo pasado. Aunque en la casa de sus padres no se hablaba de sexo, drogas, prostitución o groserías “porque te lavaban la boca con jabón”, sí había albures. Al menos, por parte de su abuelo: “Siempre le decía: ‘¿Te sirvo tu lechita?’, y él me contestaba: ‘¡No!, mejor sácame un ratito al sol'”, recordó entre risas en una entrevista para SinEmbargo.

La técnica la perfeccionó como si se tratara de un idioma extranjero: escuchar, leer, hablar y escribir. Se convirtió en pupila de unos amigos que se dedicaban a vender nieves, a partir de ese momento nunca ha dejado de reír: “Alburear me carga la pila para ocho días seguidos. Si la vida me da la espalda, ¡le agarro las nalgas para que no se ande volteando!”, y soltaba una carcajada.

En 1997, la “Verdolaga Enmascarada” –como también es conocida en el barrio bravo– fue Campeona de Albures en un torneo organizado en el Museo de la Ciudad de México, al demostrar que todas las palabras tienen un doble o triple sentido: “Una mentada de madre cualquiera la entiende, pero en el albur la única regla es no decir groserías. Hay que echar a funcionar el cerebro porque ¡existen muchísimos verbos!”, repetía en tono de oración.

Lourdes tenía una particular forma de ver la vida, una personalidad alegre y no se callaba nada a la hora de ser sincera y opinar sin tapujos de cualquier tema:

“La piratería me llevó a Europa, ganaba mucha lana vendiendo videocaseteras. Ahora conozco el mundo, pero la vida no es de a gratis. Vivo en La Fortaleza, aquella vecindad de Tepito con 180 departamentos y cuatro salidas. Ahí vivimos Las siete cabronas invisibles, las que son, las que están y las que vendrán. Cada una con su historia”.

“A mí, la broma que me jugó la vida fue enterarme a los 13 años que tenía fecha de caducidad. Mi madre me compró una urna que hoy uso de alcancía. Me entero en consulta, en quimioterapia, que la doctora decía que yo no pasaba de los 15. Vuelo, vivo con prisa y me equivoco. Esperaba la muerte y por eso la droga y el alcohol. Es terrible sentir que tienes los días contados, ir a un panteón, acostarte en el suelo y echarte tierra para no levantarte. De niña me caí en un pasamanos, me pegué en la ingle y se hizo un tumor canceroso. Guardar rencor a mi madre al enterarme que autorizó me quitaran la matriz. ¡Que chingona! A los 15 años me llevó a Europa como regalo, yo lo viví como un viaje sin retorno. Han pasado muchos años y el cáncer y yo hemos aprendido a respetarnos. No me mata, pero ahí está. La vida me jugó una broma, ahora yo me burlo de ella”, recordó el periódico Excélsior.

El cuerpo de Lourdes Ruíz será velado en funerales García, ubicado en General Prim número 57, cerca de Versalles, colonia Juárez.

Otra “cabrona” muere

Apenas el pasado 28 de marzo se dio a conocer la muerte de Doña Chelo, otra de Las 7 Cabronas (mujer fuerte, confrontativa) de Tepito, también era alburera de respuesta rápida y contundente, falleció casi a los 90 años.

Doña Chelo quedó retratada en el mural que adorna uno de los callejones de Tepito, el de Las Siete Cabronas Invisibles, las matriarcas del barrio, entre las que también se cuenta Doña Queta, la guardiana de la Santa Muerte.



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