Valeria Luiselli estuvo presente en la Fiesta del Libro y la Rosa (Foto: Fernando Guarneros)
Valeria Luiselli estuvo presente en la Fiesta del Libro y la Rosa (Foto: Fernando Guarneros)

Por Kayleigh Bistrain

En verano de 2014, cuando Barack Obama declaró la crisis migratoria, Valeria Luiselli viajaba por tierra a lo largo de Estados Unidos hasta Arizona, en la frontera con México. Mientras más al Sur estaba, más escuchaba en el radio que llegaban niños viajando y sin documentos para pedir asilo o visa a EE.UU. Eso marcó el inicio de su activismo por los migrantes.

La cifra de menores que transitan sin acompañante en el corredor que conforman Centroamérica-México-EEUU había ido en aumento desde 2011. En 2012, la patrulla fronteriza detuvo a más de 24.000 personas menores de 18 años, de acuerdo a cifras oficiales. Entre enero y junio del 2014, 46.000 niños llegaron solos al país.

Después de escuchar varios días noticias sobre la diáspora infantil y ya de regreso en Nueva York, donde la escritora vive, Luiselli decidió involucrarse en la Corte de Inmigración. Ahí entrevistaba niños que necesitaban abogados que los defendieran contra una orden de deportación.

La situación en que estaban los niños detenidos, el hecho de que no tuvieran acceso a un abogado pro bono, es decir, pagado por el Estado y que los menores contaran con un plazo de 21 días para buscar representación legal para el juicio de deportación, impulsó la coordinación entre organizaciones no lucrativas con experiencia previa en temas migratorios.

Juntas elaboraron un cuestionario similar al que les hacen a los inmigrantes en la frontera cuando solicitan asilo. Ese primer formulario oficial se llama Cuestionario de Temor Creíble, hecho para que las personas demuestren su temor por volver a sus lugares de origen y con ello se hagan acreedores de una visa.

El cuestionario de las organizaciones simula a los oficiales. Grupos de voluntarios, como Luiselli, apoyaron en la Corte entrevistando niños, o más bien, haciendo de traductores entre abogados que hablan inglés e infantes que hablan español.

Luiselli escribió sobre la diáspora infantil desde donde ella la vivió, las Cortes. En su libro “Los niños perdidos” (2016) explicó el rol de EEUU en la crisis migratoria e intentó mostrarle a los estadounidenses su política migratoria interna. Sobre este tema conversó durante la primera jornada de la Fiesta del Libro y la Rosa 2019 en la UNAM.

Uno de los puntos que mejor quedan explicados es sobre el Cuestionario de Temor Creíble. En 2014, durante su labor en la Corte de Inmigración y otras colaboraciones posteriores en las que se ha involucrado, la escritora se dio cuenta que ese formulario “fomenta una competencia siniestra” entre las personas por ver quién puede demostrar mejor su miedo para obtener asilo.

En el caso de los niños más pequeños, la situación se complica, porque estos no conocen el lenguaje necesario para contar las historias de violencia de las que huyen. Su incapacidad para narrar lo que vivieron hace que terminen deportados.

¿Por qué a Estados Unidos le conviene encarcelar inmigrantes?

Después de ese verano en 2014, la autora de “Los ingrávidos”, se interesó en un tema de fondo en el sistema de encarcelamiento masivo en EEUU: por qué al país le conviene encarcelar inmigrantes.

“Encarcelar a la gente mientras esperan su juicio de deportación le genera mucho dinero a mucha gente”, dijo Luiselli. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), es la encargada de detener personas y encarcelarlas y así generan dinero para compañías como Core Civic, dueña de buena parte de las cárceles de migración y una de las organizaciones que más recursos dona para campañas políticas.

“Un adulto detenido en una cárcel de migración les genera ganancias de USD 200, un menor de edad les da ganancias del doble”, explicó la ensayista durante la conversación. Para ella, “hasta que no se separe el sistema carcelario del tema migratorio, la privación de la libertad de los inmigrantes va a seguir escalando”.

Y es que las poblaciones de los centros de detención para migrantes han crecido de manera notoria durante el gobierno de Donald Trump, de acuerdo con un reportaje del periódico estadounidense The New York Times. Según Luiselli, en esos espacios hay 14.000 niños, pero la cifra sigue creciendo.

¿Por qué una persona no es ilegal?

Ninguna persona es ilegal. Entrar sin papeles a un país es una infracción, no un acto delictivo, por lo que ese inmigrante no es delincuente. Luiselli lo deja claro al decir que “una persona puede hacer cosas ilegales, pero no ser ilegal en sí misma. Ese término utilizado en los migrantes que cruzan la frontera sin papeles forma parte de un discurso de violencia”.

Su impresión desde Nueva York es que México está en caos. Había una promesa de que el nuevo gobierno iba a tratar la migración como un asunto de Derechos Humanos y no como de seguridad nacional, pero falló. El tema se sigue tratando como un asunto de seguridad, las personas no reciben un debido proceso y son deportados. Para la escritora, la postura mexicana debería ser totalmente opuesta a la de EEUU.

Incluso fue más allá al explicar que los problemas desprendidos de la migración son transfronterizos. No se pueden conceptualizar como una cuestión perteneciente a un solo Estado, sino que son compartidos entre el corredor Centroamérica-México-EEUU. De manera que las soluciones atañen a los países que integran esa región.

Hay organizaciones que se dedican a atender esas situaciones compartidas, es una tendencia que comienzan a adoptar en general las sociedad civiles para coordinarse en redes.

Actualmente, Luiselli imparte un taller de escritura a jóvenes que están detenidos en un Centro de Detención de Migrantes, por haber cruzado de manera ilegal la frontera. Sus aprendices no pueden escribir sus historias ni nada de lo que escribe sale de ahí, pero la mexicana lo hace con la esperanza de que algún día ellos mismos sean capaces de contar sus propias historias.



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