La foto, en su perfil de Facebook, es del día anterior. Brenda tiene un ambo celeste y la alegría en las manos: acababa de aprobar Dermatología, y el gesto con los dedos era por las 10 materias que le faltaban rendir para recibirse de médica en la Universidad de Buenos Aires.

Hacía dos semanas que Brenda Bigiatti había cumplido 27 años. Estaba en quinto año de Medicina y tenía tantas ganas de recibirse que cursaba algunas materias de mañana, en el Hospital de Clínicas, y adelantaba otra de tarde, en un hospital de Pablo Nogués, una zona desconocida para una chica de Quilmes. Era noviembre de 2017: su plan era recibirse en mayo.

“No me acuerdo de nada de lo que hice ese día. Sólo que volvía en el tren con dos compañeras. No sé bien qué vieron, no quise volver a preguntarles. Debe ser duro para ellas que me vieron tirada ahí, en las vías”, cuenta Brenda a Infobae. No hay testigos de lo que pasó dentro del vagón del Belgrano norte, y sus compañeras se dieron cuenta cuando avisaron que el tren había frenado porque alguien había caído a las vías.

Brenda en los estudios de Infobae TV (Santiago Saferstein)
Brenda en los estudios de Infobae TV (Santiago Saferstein)

Lo que saben es que Brenda sacó el celular y le envió un mensaje a Jazmín, su hermana. Era viernes y las dos iban a ir a pasar el fin de semana a Quilmes, con su mamá. Lo que creen es que a Brenda le robaron el teléfono de la mano y que su reacción fue pararse y salir a buscar al guarda. El video de una cámara de seguridad muestra al ladrón huyendo por el andén y a Brenda cayendo por una puerta abierta. 

No me acuerdo de nada de lo que hice ese día. Sólo que volvía en el tren con dos compañeras. No sé bien qué vieron, no quise volver a preguntarles. Debe ser duro para ellas que me vieron tirada ahí, en las vías

Quien habla ahora con Infobae es Elizabeth Buitron, su mamá. Dice que su celular sonó, que vio en la pantalla un número desconocido y que estuvo a punto de no atender. Era una oficial de Policía que le dijo: “No te asustes pero tu hija tuvo un accidente”. Elizabeth se subió a un remís desesperada. Eran casi las 6 de la tarde de un viernes y ella estaba en Quilmes. Su hija estaba en el Hospital de Pacheco.

“Primero me dijeron que me quedara tranquila, que Brenda estaba hablando. En el siguiente llamado me dijeron que tenía una fractura de cráneo y una hemorragia cerebral“. Como Elizabeth es médica ginecóloga y obstetra empezó a llamar a colegas desde el remís para que la ayudaran a gestionar un traslado urgente a un hospital de alta complejidad. De madrugada, Brenda llegó al Hospital “El Cruce”, en Florencio Varela.

El panorama era peor de lo que habían creído. Se había golpeado contra las vallas del paso peatonal. Tenía una fractura del parietal izquierdo con hemorragia cerebral, fractura de columna (en la primera y segunda lumbar), fractura expuesta del peroné izquierdo, de omóplato y clavícula, y nueve costillas rotas que le habían perforado un pulmón y provocado un hemotórax.

“El pronóstico era gravísimo, tuvieron que intubarla apenas llegó. A medida que fueron pasando las horas perdió la conciencia. Pasó a terapia intensiva, donde le colocaron un drenaje para quitar la sangre del pulmón. Nos dijeron que si la hemorragia cerebral no avanzaba tal vez no era tan grave. Pero avanzó“, recuerda su mamá.

La primera operación fue una craneotomía. “El jefe de sala me explicó que se llama ‘operación de rescate’, y que tenían que hacerla sí o sí o se moría, porque tenía mucha presión intracraneana. Le sacaron dos pedazos de hueso del cráneo para que descomprima y no lesione el cerebro. Yo no caía en lo que estaba pasanado. Mirá que soy médica y pregunté: ‘¿Esos huesos los guardan para ponérselos después?'”.

Algunas de las cicatrices que son “huellas de vida” en su cabeza (Santiago Saferstein)
Algunas de las cicatrices que son “huellas de vida” en su cabeza (Santiago Saferstein)

Brenda se levanta el ambo celeste en los estudios de Infobae. Las cicatrices del costado de su cuerpo corresponden a la cirugía que le hicieron a la semana siguiente para reconstruir las costillas con prótesis. Había tenido una neumonía intrahospitalaria y el objetivo era que el pulmón pudiera volver a expandirse para sacarle el tubo de la garganta y evitar una nueva infección.

Si seguía sin poder respirar por sus propios medios, iban a hacerle una traqueotomía. No hizo falta porque Brenda reaccionó, se arrancó el tubo y empezó a respirar sola. “Mi hermana dice que yo respondía -sigue Brenda-. Ella me hablaba de mi perrito y yo le decía ‘si Jack, mi bebé’. No me acuerdo de nada pero me gusta pensar que yo escuchaba y entendía, que es lo que la gente se pregunta cuando le habla a un familiar que está mal”.

La enyesaron para que sanara la fractura de peroné y planificaron la operación de la columna: “Eso fue un suplicio”, recuerda su mamá. “Hacía unos años mi cuñado había ido a operarse de una hernia lumbar y había muerto en el quirófano. Yo pensaba: ‘Él murió estando bien, ¿qué va a pasar con Brenda, que está tan delicada?”.

Los médicos no lo podían creer: la fractura lumbar había quedado a pocos milímetros de la médula, pero no se había desplazado. La médula estaba intacta. Un mes después del accidente, le dieron el alta.

El después
Pasaron un año y dos meses y Elizabeth, la mamá de Brenda, se ríe y se emociona al mismo tiempo. Es un recuerdo de aquellos días lo que provoca la mezcla:

“A veces Brenda no se acordaba de la abuela, de la tía, pero sí se acordaba de que estaba estudiando Medicina. Confundía a los médicos con sus compañeros de facultad, no entendía por qué estábamos ahí cuando ella tenía que estar cursando. Creo que podría haberse olvidado hasta de nosotros pero en ningún momento se olvidó de que quería ser médica”.

Le dieron el alta un 5 de diciembre y, aunque el dolor de espalda era estremecedor, quiso ponerse a estudiar. “Ella hace psicoterapia con una psicóloga especialista en accidentes. Ella me dijo que lo que mantuvo viva a mi hija fue el afán de estudiar y de cumplir su sueño”, sigue su mamá.

Como no podía viajar para cursar, un mes después del alta empezó a estudiar para rendir libre Cirugía. “Me ayudó una de las chicas del tren, que venía a casa a explicarme lo que habían aprendido en clase”.

Brenda y su mamá, cuando le faltaban cuatro materias
Brenda y su mamá, cuando le faltaban cuatro materias

Su mamá la vio llorar mientras estudiaba: el traumatismo de cráneo le había afectado la memoria y “decía que no se acordaba de lo que ya había cursado los años anteriores. Lloraba y decía: ‘Pero mamá, yo esto lo sabía'”. La pérdida de memoria fue transitoria. Habían pasado 40 días del alta cuando rindió libre y aprobó. Quedaban nueve materias.

Le dieron el alta un 5 de diciembre y, aunque el dolor de espalda era estremecedor, quiso ponerse a estudiar

Brenda estudiaba mientras reclamaba en IOMA la prótesis que necesitaba para hacerse una reconstrucción 3D en la zona del cráneo en la que todavía le faltan los huesos. “Siempre me contestaban: ‘Está en etapa de compra’. Yo tenía que hacerme la última neurocirugía para cerrar este ciclo y poder seguir con mi vida. Pero siempre contestaban lo mismo”.

Cursó las nueve materias que siguieron. “La llevamos de vacaciones y le dolía hasta cuando las olas del mar le tocaban la espalda”, sigue su mamá. “Volvimos y fue a cursar aunque lloviera, aunque llegara empapada. Iba en colectivo, no faltó nunca”.

Rindió bien una, otra, desaprobó Pediatría, volvió a rendirla: aprobó. El 20 de diciembre Brenda se recibió de médica. Fue ese día, en una entrevista televisiva, que contó lo de la prótesis que esperaba hacía siete meses. Fue ese día, casualmente, que la llamaron de la obra social para decirle que había habido una “falla de comunicación” y que fuera a tomarse las medidas.

Si bien el ladrón que le robó el celular sigue detenido, madre e hija coinciden: no les importa tanto lo que él haya hecho, sino que nadie repare en “que ese tren sigue funcionando con las puertas abiertas. Hasta que no pase algo como lo que pasó con el tren de Once no lo van a solucionar”. “Si las puertas se hubiesen cerrado cuando el tren arrancó, por seguridad básica, esto no hubiese pasado”, cree Elizabeth.

¿Qué cambió en tu vida, Brenda? “Yo antes me conformaba con poco -contesta-. Capaz me decías ‘¿vamos a comer?’, y yo elegía un lugar de comidas rápidas en vez de ir a uno que me encantara. Creo que el accidente me hizo más segura, y va a terminar por definir mi especialidad“.

Brenda en Infobae: cree que el accidente terminará definiendo su especialidad (Santiago Saferstein)
Brenda en Infobae: cree que el accidente terminará definiendo su especialidad (Santiago Saferstein)

Le falta la última operación, cursar el internado anual rotatorio (IAR) y hacer la residencia pero entre las especialidades posibles hay una que ahora lidera la lista de deseos: Brenda quiere ser neurocirujana. Quiere, además, ejercer en el Hospital “El Cruce”, en Florencia Varela: “Me encantaría, es el lugar en el que me salvaron la vida”, sonríe.

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