Richard adoptó la criollísima costumbre cuando vio a alguien tomarlo en el hotel. “Quiero mate”, dijo. Y se le convidó.
Richard adoptó la criollísima costumbre cuando vio a alguien tomarlo en el hotel. “Quiero mate”, dijo. Y se le convidó.

Mientras le pide un café a su asistente en el señorial Salón Doré del hotel Hermitage, Pierre-Richard Maurice Charles Léopold Defays (84 años, 1,80 metro de estatura, pelo blanco, largo y desprolijo, camisa negra, saco de lana del mismo color y pantalones símil cuero) dice apenas suelta las manos en el saludo: “De mis películas, la preferida es El juguete. Tengo más de setenta rodadas; éste en particular tiene la cualidad de tratar con comicidad temas como el poder del dinero y la paternidad. Eso se debe al talento del director, Francis Weber. Así que, ¡mire qué casualidad que sea la que usted vio más veces en su vida!”
–Treinta y cuatro, para ser exactos.

UNA FAMILIA MUY NORMAL. Richard nació un 16 de agosto de 1934 en Valenciennes, Nord France. Se educó en la escuela Henri-Wallon y se casó en dos oportunidades. Tiene dos hijos, músicos ambos: Olivier y Christophe. Su nieto, Arthur, es modelo y actor joven.

Cuando no está a cargo de su negocio de vinos reside en París. Entre algunas excentricidades, vivió durante muchos años en un barco en el Sena, en el centro de la Ciudad Luz. Ahora está en Mar del Plata, donde fue homenajeado en el 33º Festival de Cine que se lleva a cabo en la ciudad balnearia.

En el Festival hubo un repaso de su obra. La sala Astor Piazzolla del teatro Auditorium lo ovacionó.
En el Festival hubo un repaso de su obra. La sala Astor Piazzolla del teatro Auditorium lo ovacionó.

“Es mi segunda vez en Argentina. Estuve hace 40 años cuando se estrenó Alto, rubio y con un zapato negro, y no podía caminar por la calle. La gente me paraba y me decía ‘¿Quiere que lo llevemos con el auto a algún lugar?’. Recuerdo haber ido a escuchar al Cuarteto Cedrón. Nos hicimos muy amigos; tal es así que cuando fueron a París nos volvimos a encontrar. Lo más insólito que recuerdo es que el chofer que tenía en ese momento hizo detener un desfile militar para poder pasar. Le puedo asegurar que eso en Francia no ocurriría”, dice sonriendo mientras toma un sorbo de café.

Aunque, como dijimos, su otra pasión es el vino: “Desde que estoy acá he probado dos cepas muy buenas y que, creo, son propias de este suelo: el Malbec y el Pinot Noir. Me encantan. Igualmente, ya conozco mucho de los vinos argentinos: en las cartas de los restaurantes franceses hay mucha variedad de ellos”.

Hacer un repaso de su filmografía abarcaría un libro entero. Un brevísimo resumen debería contar con Alto, rubio y con un zapato negro (1972), Se me subió la mostaza (’74), Yo soy tímido, pero me defiendo (’78) y La maldición de los paraguas (’80), entre otras. En la década del ’80 lanzó tres tanques mundiales: Mala pata (’81), Los compadres (’83) y Los locos fugitivos (’86), todas con Gérard Depardieu. Meses atrás se estrenó en nuestro país Amor.com y tiene cuatro películas hechas este año. Una de ellas es Mi familia del norte, protagonizada y dirigida por el comediante francés del momento, Dany Boon.

Estuvo junto al presidente del evento marplatense, José Martínez Suárez.
Estuvo junto al presidente del evento marplatense, José Martínez Suárez.

Curiosamente, llegó al mundo del celuloide casi de casualidad. “Nunca en mi vida se me ocurrió ser actor… y menos humorista –explica–. Mi familia jamás me apoyó. Todos tienen estudios universitarios y son de la alta sociedad. Un año antes de entrar a la Universidad, mientras terminaba el secundario, me metí en un cine a ver una película de Danny Kaye, una leyenda de la comedia. Antes de ingresar a la sala no sabía qué quería hacer con mi vida. Cuando lo vi bailar y cantar, fue la misma sensación de cuando estás frente a la mujer de tu vida. Terminó el filme y me dije: ‘Entendí. Yo quiero hacer esto'”.

–Hizo y hace reír al mundo entero. ¿Qué lo hace reír a usted?

–(Pausa larga) Mucha gente y muchas cosas… Los imbéciles y los políticos, por su hipocresía y su mala fe. La gente común tiene esa risa más inocente. Para mí es una defensa. Sin ella no soportaría un mundo tan horrible. Todo sería muy complicado.

–Siempre se dijo que el cómico, cuando deja su trabajo, en la privacidad se convierte en un hombre nostálgico. ¿Es su caso, Pierre?
–Hmmm… Yo soy un pesimista alegre.

Su otra pasión, además de actuar, es el vino. En Francia tiene un negocio de esa bebida. En el Festival hubo un repaso de su obra.
Su otra pasión, además de actuar, es el vino. En Francia tiene un negocio de esa bebida. En el Festival hubo un repaso de su obra.

–¿Hay algún humorista que pueda sucederlo?

–(Termina su café) En estos momentos, no. Es verdad que en Francia hay buenos cómicos y buenas comedias. Pero yo hacía otro tipo de comedias. Mis personajes eran inadaptados, contestatarios y poéticos. Así podría definirlos. Ahora se hacen otro tipo de comedias. Todo va cambiando.

–¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

–(Sonríe tímidamente) Como lo hace la gente de tu país. Brindándome su cariño a cada paso que doy por esta hermosa ciudad. Hace 40 años yo era muy famoso. Hoy, ustedes se encargan de seguir mostrando afecto y cariño hacia mí.

Por Carlos Alberto Boghossian.
Fotos: Prensa Festival MDQ
y archivo Atlántida.

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