(Foto: Nicolas Stulberg)
(Foto: Nicolas Stulberg)

Luego de muchos años de trabajo en la materia, la Ciudad de Buenos Aires consolidó su compromiso con los derechos humanos y la diversidad sexual. Sin nada que envidiarle a otras ciudades del mundo como Madrid, San Francisco o Barcelona, días atrás la Semana #OrgulloBA convocó a miles de personas con una oferta cultural y social que no pasó inadvertida para los vecinos, y mucho menos para integrantes del colectivo LGBT.

El PRO, en sus inicios cuestionado por ser “anti derechos”, coronó el reconocimiento de miles de personas a años y años de políticas públicas destinadas a garantizar derechos a sectores históricamente vulnerados en nuestro país. El colectivo LGBT le dijo “sí” a la propuesta institucional de celebración del orgullo, pero por sobre todo lo hizo como agradecimiento a lo hecho en todos estos años: no apelación del matrimonio igualitario cuando no era legal, eliminación de preguntas discriminatorias en el cuestionario para donar sangre, inauguración de la Casa Trans, políticas de prevención, Plan Integral de Acceso al Trabajo para Personas Trans, Red Diversa, etcétera.

Las organizaciones sociales que históricamente han organizado las Marchas del Orgullo se ven hoy enfrentadas por intereses estrictamente electorales.

Hay una necesidad de determinadas organizaciones de “devolverle” al kirchnerismo esa financiación que muchas de ellas han recibido durante tanto tiempo, olvidándose de los motivos esenciales de su existencia, buscando con sus acciones que sus organizaciones sean la posibilidad de integrar alguna lista el año que viene en ese espacio.

Olvidar o relegar la importancia del cupo laboral trans a una subconsigna demuestra ese interés de no perder protagonismo frente al colectivo más vulnerado que tiene la comunidad LGBTIQ+. El intento de forzar el cambio de sentido histórico de la Marcha del Orgullo para desencadenar o habilitar la posibilidad de vandalizar el espacio público por las diferencias de opiniones que uno pueda tener también es una demostración del caos que se buscó instalar. Se intenta garantizar una foto de la policía reprimiendo ilícitos para con la foto transformarlo en una represión a la marcha del orgullo.

Por suerte, la madurez y el no desconocimiento de los objetivos que transversalmente nos cruzan a quienes trabajamos en políticas de derechos humanos forzó que organizaciones sociales maduras y responsables como la CHA o 100% Diversidad rompieran por primera vez en 27 años con la COMO (Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo). Esto obligó a quienes querían utilizar el 17 de noviembre para escrachar a un gobierno que ha demostrado con políticas públicas un notable apoyo de la sociedad por su trabajo, a conciliar posiciones y volver a la normalidad de la organización, aunque con reparos de dudas nunca antes vistas, una desconfianza sobre quien debiera marchar al lado y sus verdaderas intenciones.

Este sábado 17 de noviembre tendremos nuevamente una Marcha del Orgullo, que como corresponde titularizarán las organizaciones sociales, pero que considero que podría tener un respaldo mucho más fuerte si valoráramos la madurez social y dejáramos de una vez por todas los intereses políticos partidarios de lado para juntos, como lo hizo la Ciudad durante estos 12 años, transformarse en la Ciudad que celebra y respeta la diversidad.

No hay hoy ninguna duda de que el trabajo se ha consolidado de manera permanente en una Ciudad donde la diversidad ya no se cuestiona, sino que se valora, con políticas públicas para siempre.

El autor es presidente de PRO Diversidad.



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