La tecnología del siglo XIX se ha vuelto obsoleta frente a la del siglo XXI. Las comunicaciones, su velocidad, el acceso a la información y al conocimiento, todo ha cambiado. Nadie se animaría hoy a proponer continuar con el teléfono de Meucci o el de Graham Bell que funcionaba dos siglos atrás. Es que en la actualidad los datos están al acceso inmediato de todos y circulan a una velocidad estremecedora. No queremos renunciar al avance que esto supone. Las computadoras, los teléfonos inteligentes, las tabletas han llegado para quedarse y quienes mejor las entienden, las usan y las disfrutan son los jóvenes.

Si esto es así, ¿por qué la educación no cambia? Estos temas fueron parte de las conclusiones del Hackaton 2050 realizado la semana pasada entre alumnos de escuelas de gestión pública y privada tanto de CABA como de provincia de Buenos Aires. Un hackatón es una reunión de personas que, tomando el modelo de los hackers que se reunían para el desarrollo colaborativo de un software, se reúnen ahora para pensar juntos soluciones a un problema determinado. En este caso el tema convocante fue la educación del secundario.

La gran pregunta que los alumnos hicieron es: “¿Cómo es posible que nos eduquen hoy en el 2018 con un modelo pedagógico del 1800?”. Un aula dispuesta prácticamente igual, un pizarrón adelante que algunos casos será electrónico y los alumnos escuchando a decenas de maestros distintos que poco utilizan la tecnología de la cual ellos disponen. Estas conclusiones interpelan a los adultos. ¿Alcanza hoy con mejorar el sistema educativo que tenemos o es necesario dar un salto más grande que permita una respuesta diferente? ¿Ponemos un parche o cambiamos la cubierta? ¿Seguimos usando el teléfono de mediados de 1800?

El nuevo conocimiento es el punto crítico de una sociedad donde la economía de los países ya no depende de su base industrial. La base productiva deja de estar centrada en la producción de bienes materiales y lo que determina la riqueza es el conocimiento (la innovación) incluido en bienes y servicios. Ese es el valor agregado.

Frente a esto los jóvenes gritaron su verdad: el actual sistema los aburre, hay que cambiar los contenidos, no puede seguir enseñándose igual, el acceso al conocimiento es distinto, ya no es solo el profesor quien se para adelante para distribuir conocimiento, adelante también están sus compus y sus celulares. Y esto exige un cambio copernicano en lo pedagógico, proporcional al cambio tecnológico descrito. Los alumnos reclaman aprender participando, piden agregar su valor, sus emociones para lucirse en distintos talleres, su capacidad de investigación y también de distribución de conocimiento entre sus pares. Necesitan de sus profesores pero les piden un rol distinto. Están hartos de no ser escuchados y lo grafican con una frase elocuente: “Se nos pide que elijamos y votemos por un Presidente de la República, pero no se nos permite votar ni elegir nuestra mejor forma de aprender”.

En definitiva, hay un reclamo de los alumnos y es por ello que de sus propuestas se seleccionaron cuatro que serán presentadas en el X Foro de Calidad Educativa de Educar2050 a realizarse en la mañana del viernes 9 de noviembre en el C3 de calle Godoy Cruz. Lo interesante es que esta mirada fresca se entrecruzará con un informe sobre el estado de situación de la educación argentina, con la mirada de experiencias valiosas nacionales e internacionales (Brasil, Chile y Finlandia) y con el análisis final de una ex senadora y pensadora de la innovación y muy activa en educación: María Eugenia Estenssoro. La educación argentina está en deuda y todos debiéramos comprometernos a trabajar por su mejora. Escuchar este tipo de experiencias enriquece el debate y despabila a nuestra sociedad. Ojalá lo haga con los responsables de la política pública.

El autor es presidente Educar 2050.



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