Entre los muchos impactos del G20 uno, menor, fue que alteró por unos días el plan de María Eugenia Vidal para coronar su último y trabajoso acuerdo político del año. Temas centrales: presupuesto y endeudamiento de la provincia en 2019. El trato con el peronismo, en sus distintas vertientes, estaba virtualmente sellado hace una semana, pero todos prefirieron esperar a que concluyera la cumbre para votar en el recinto, como finalmente lo hicieron de corrido las dos cámaras de la Legislatura. Fue rápido. Cualquier definición electoral, en cambio, debería esperar el final del verano.

Aquella postergación del tratamiento legislativo habría sido dictada básicamente por razones de sentido común. En el envión final de las negociaciones, la agenda anotaba el viernes pasado como día para las sesiones encadenadas de senadores y diputados. Era previsible una fuerte protesta del sector de estatales más enfrentado con la gobernadora y de algunos grupos alineados con el kirchnerismo. No parecía recomendable correr riesgos en el inicio formal de la cumbre y cuando la marcha contra el G20 era precedida por tensiones y temores de episodios violentos. Operadores de Vidal y del peronismo decidieron que era mejor esperar.

Por supuesto, las horas no corrieron sin novedades y ajustes de los proyectos. También, como se verá, de escenografía para hacer llevadero el juego del PJ de los intendentes, del massismo y también, por acción o ausencias, del kirchnerismo. Lo sustancial, se ha dicho, había sido resuelto a mitad de la semana que pasó. Requirió trabajo en la Legislatura, contactos con al menos dos integrantes destacados del gabinete de Vidal y hasta una nueva conversación directa entre la gobernadora y Sergio Massa.

Parte de esas últimas charlas derivó en el compromiso de crear una comisión bicameral dedicada a estudiar la propuesta massista de permitir elecciones de intendentes desenganchadas del comicio por cargos provinciales. La iniciativa de Massa no es menor. Apuntaría a restar la influencia o arrastre de la disputa provincial y nacional en las competencias locales, algo que podría ser inconveniente para la gobernadora y sobre todo para Cristina Fernández de Kirchner.

(Matias Baglietto)
(Matias Baglietto)

Es sabido que varios intendentes peronistas del GBA se inclinan por confluir con la ex presidente teniendo en cuenta el caudal de votos que mantiene en sus distritos. Aquella iniciativa massista podría poner en crisis alineamientos de conveniencia, aunque hay opiniones en sentido contrario.

Todos esos cálculos, claro, son hechos en la mesa de arena. Pero hay un elemento previo y determinante. La comisión referida, que podría expedirse en dos meses –sin que su recomendación tenga efecto vinculante-, debe analizar si el proyecto supera la prueba de la Constitución provincial. No parece fácil.

De todos modos, las negociaciones y su expresión en la Legislatura dieron señales concretas de los diferentes intereses y necesidades que permitieron negociar un acuerdo legislativo y al mismo tiempo anticipan la disputa electoral que viene. No parece muy diferente a lo que ocurre en el plano nacional, aunque con el agregado conocido: en la provincia se juega buena parte de la elección presidencial. Y otro añadido de peso: apuesta sus fichas Vidal, pieza vital para el oficialismo, y busca consolidar sus chances la ex presidente.

Es ilustrativo lo que ocurrió en la Legislatura. La gobernadora planteó un Presupuesto de máxima en términos de ajuste y transferencia de costos –por servicios, en primer lugar- a las intendencias. Había tela para cortar. El PJ de los intendentes considerados más dialoguistas discutió cómo equilibrar las cargas, o cómo “perder lo menos posible”, según la definición descarnada de uno de los negociadores. Los jefes comunales más kirchneristas también estuvieron en las tratativas, dejando margen para ausencias “tácticas” en las bancas, que al final no fueron muy necesarias. Y el massismo buscó recortarse con la iniciativa referida, entre otros puntos.

No fue todo. La oposición buscó dejarse espacio para cuestionar el Presupuesto. Y el acuerdo con el gobierno provincial incluyó separar ese tema del aval al endeudamiento. El Presupuesto requiere mayoría simple: el oficialismo se las arregló sólo en el Senado y con algunos apoyos en Diputados. Casi todo el peronismo votó en contra. El endeudamiento demanda mayoría de dos tercios, y allí hubo votos del PJ y del massismo. No habrían faltado conversaciones sobre algunos puestos institucionales que ocupa la oposición.

Los interrogantes, en cambio, quedan planteados para finales del verano. Asoma difícil el futuro del desdoblamiento que planteó Massa. En cambio, no está claro si Buenos Aires quedará al margen de la ola de adelantamientos de elecciones provinciales que están generando los gobernadores del PJ. Córdoba, San Juan, Chubut, Catamarca ya se encaminan en esa dirección. Y otras podrían hacerlo, entre ellas Tucumán, Chaco y Entre Ríos.

Esa movida es mal vista por la ex presidenta, porque desvincularía a los gobernadores, en especial a los que considera más o menos cercanos, del compromiso por la batalla nacional. Los jefes provinciales, en rigor, piensan antes que nada en mantener sus territorios y algunos de ellos, por edad y por estar en su primera etapa de gestión, evaluarían que 2019 no es su turno para la pelea nacional.

La sucesión de adelantos electorales que se viene perfilando tampoco sería inocua para el Gobierno. Y no lo sería por dos razones: primero, porque se la achicarían los márgenes para disputar con chances de éxito algunos distritos, y segundo, porque la suma de posibles derrotas podría impactar negativamente en la campaña nacional.

Mauricio Macri junto a María Eugenia Vidal y su vicegobernador, Daniel Salvador
Mauricio Macri junto a María Eugenia Vidal y su vicegobernador, Daniel Salvador

Frente a ese desafío, ¿qué haría Vidal? Cerca de la gobernadora, y también en algunos despachos nacionales, hay quienes sostienen que no hay que descartar ninguna hipótesis, por ahora en la instancia del análisis en el laboratorio electoral.

Una hipótesis dice que anticipar la elección bonaerense podría debilitar a Mauricio Macri, por imagen y por aporte de votos. Otra especulación sostiene que, al revés, un triunfo de Vidal un mes antes del comicio nacional, por ejemplo, le podría dar un fuerte impulso a la reelección presidencial. ¿Por qué no provincia y Nación juntas en las PASO, y luego por separado en la elección general: la gobernadora en septiembre y el Presidente, en octubre?

Nada está cerrado, pero en La Plata aclaran dos cosas. Dicen que las decisiones serán tomadas recién hacia fines de marzo. Y aseguran que “la mejor opción será la que sirva a la reelección del Presidente”. La idea de un triunfo de Vidal y una derrota de Macri produce rechazo político y personal en su gabinete. Sería algo así como una pesadilla.

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